En los Estados Unidos se ha consolidado un modelo de gestión del talento humano que rompe con la idea tradicional del retiro laboral. Existen diversas organizaciones dedicadas a la asesoría empresarial voluntaria que cuentan con redes masivas de apoyo, algunas de las cuales superan los 10,000 mentores. Este cuerpo de expertos está compuesto principalmente por expresidentes de empresas, gerentes, banqueros experimentados, ingenieros, contadores, abogados y otros profesionales retirados que deciden poner su trayectoria al servicio del crecimiento económico.
El recurso humano retirado es actualmente uno de los activos más valorados en sectores estratégicos de servicios profesionales. Su impacto es notable en áreas como las consultorías, la educación, la gestión de recursos humanos y los emprendimientos minoristas especializados. La oferta de servicios de estos profesionales es amplia y abarca desde la asesoría gratuita para la elaboración de planes de negocio y consultoría financiera, hasta el apoyo en mercadeo, exportaciones, capacitación, seminarios y la planificación de la sucesión empresarial.
Las empresas estadounidenses aprovechan el conocimiento experto, la ética laboral y la capacidad de resolución de problemas de estos veteranos para integrarlos en roles estratégicos, de mentoría o en la atención al cliente de alta calidad. Entre los sectores que más demandan estas asesorías se encuentran la banca, las finanzas y los seguros, donde grandes corporaciones contratan a exdirectivos especializados en cumplimiento, consultoría de procesos o manejo de temas fiscales.
Asimismo, el sector de la salud recurre a profesionales con trayectoria para la gestión de casos, el cumplimiento normativo y la asesoría médica a distancia. Por otro lado, las cadenas de ferreterías y artículos para el hogar valoran el asesoramiento práctico que los jubilados pueden brindar a los clientes finales. Incluso las corporaciones tecnológicas contratan a jubilados debido a sus sólidas habilidades de comunicación y solución de problemas, cualidades ideales para la gestión de relaciones con los clientes.
En el ámbito educativo, el valor de los exprofesores es invaluable. El sector los busca para tutorías privadas en línea, seminarios o como maestros sustitutos, aprovechando su destreza docente para el manejo de grupos y la enseñanza de conceptos avanzados o idiomas. De igual forma, los jubilados actúan como guías esenciales para nuevos emprendedores, ofreciendo sus conocimientos en finanzas, marketing, recursos humanos o gestión de proyectos a través de sus propios negocios de asesoría.
La historia corporativa ofrece ejemplos claros de cómo la experiencia puede salvar organizaciones. Lee Iacocca, tras una exitosa carrera en Ford Motor Company y un despido debido a conflictos internos, fue llamado para dirigir Chrysler cuando la empresa estaba al borde de la quiebra. Iacocca utilizó su pericia para obtener garantías federales, reestructurar la organización, reducir costos y lanzar nuevos modelos que devolvieron la rentabilidad a la compañía, convirtiéndose en uno de los rescates corporativos más estudiados del siglo XX.
Otro caso emblemático es el de Howard Schultz en Starbucks. Tras haberse retirado de la dirección ejecutiva, Schultz regresó al liderazgo cuando la empresa enfrentaba una caída en las ventas, pérdida de identidad y crisis financieras. A pesar de estar en una etapa de vida donde muchos ya están retirados, tomó decisiones drásticas: cerró tiendas no rentables, modernizó la operación y recuperó la cultura empresarial, impulsando la innovación tecnológica y aumentando el valor de la compañía.
Estos casos demuestran que las corporaciones entienden que la experiencia no tiene fecha de vencimiento. En momentos de crisis, las empresas multimillonarias suelen buscar al ejecutivo más experimentado en lugar del más joven, ya que las décadas de trayectoria permiten tomar decisiones acertadas bajo presión y evitar errores ya conocidos.
Sin embargo, esta realidad contrasta con la situación en Panamá. Mientras las economías desarrolladas convierten la experiencia de sus jubilados en un activo, en Panamá se tiende a descartar a los profesionales por su edad. El país suele reemplazar a expertos con décadas de conocimiento por personas que carecen de la preparación y experiencia necesaria para asumir responsabilidades complejas.
Esta práctica conlleva consecuencias graves: la pérdida de la memoria institucional, retrasos en los trámites y una improvisación constante en la gestión pública, lo cual genera un alto costo para el desarrollo nacional. Un enfoque inteligente requeriría integrar la innovación y energía de la juventud con el criterio y la visión estratégica de los profesionales de mayor trayectoria. Despreciar este capital humano es desperdiciar una inversión de toda una vida. Para lograr un Estado más eficiente y universidades de mayor calidad, es imperativo dejar de medir el valor de una persona por su edad y empezar a valorarlo por su conocimiento y aportes demostrados.


