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Trump declara el fin del acuerdo con Irán tras nuevas oleadas de ataques recíprocos

Ahora que Estados Unidos e Irán afirman haber alcanzado decenas de objetivos con ataques aéreos, con drones y con misiles en las últimas 48 horas, resulta todavía más difícil prever el desenlace.

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Trump declara el fin del acuerdo con Irán tras nuevas oleadas de ataques recíprocos
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El frágil alto el fuego entre Estados Unidos e Irán se ha derrumbado, desatando una violenta escalada de ataques aéreos y misiles. Tras la agresión iraní contra buques mercantes en el estrecho de Ormuz, el presidente Donald Trump declaró el fin de los acuerdos diplomáticos y lanzó una ofensiva masiva contra objetivos militares iraníes, reimponiendo además las sanciones al petróleo. Este conflicto, originado por la muerte del líder supremo Alí Jamenei, ha provocado una crisis energética global con un aumento vertiginoso de los precios del crudo. Mientras Washington intenta neutralizar la capacidad de amenaza de Teherán, analistas advierten que la autonomía de la Guardia Revolucionaria Islámica dificulta cualquier solución pacífica. En el plano político, Trump enfrenta una presión creciente ante las próximas elecciones de mitad de periodo, mientras el mundo aguarda con incertidumbre si la situación derivará en una guerra total o si habrá espacio para nuevas negociaciones.

El frágil equilibrio que mantenía el alto el fuego entre Estados Unidos e Irán se ha derrumbado, transformándose en una serie de agresiones recíprocas que han intensificado la inestabilidad en una de las regiones más críticas del mundo. En las últimas 48 horas, ambas potencias han ejecutado ataques aéreos, lanzamientos de misiles y despliegues de drones, dejando el desenlace del conflicto en un terreno de total incertidumbre.

La tensión actual es la culminación de un proceso de desconfianza mutua. A pesar de un alto el fuego acordado en abril y la firma de un memorando de entendimiento en junio —que pretendía establecer las bases para un cese definitivo de los combates—, Washington y Teherán se han acusado recíprocamente de incumplir los términos pactados. Esta fragilidad alcanzó su punto crítico esta semana, coincidiendo con la cumbre de la OTAN en Turquía, donde el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, expresó su irritación ante los ataques iraníes. El mandatario estadounidense declaró este miércoles que el memorando de entendimiento con Irán “se acabó”, calificando a los líderes de la República Islámica como “locos” y describiendo las negociaciones como una “pérdida de tiempo”.

El detonante de la más reciente escalada ocurrió el martes, cuando Irán abrió fuego contra tres buques mercantes en aguas territoriales de Omán, cerca del estrecho de Ormuz. Teherán sostiene que el control de esta vía marítima es su principal arma de negociación y exige que los buques utilicen rutas designadas con su autorización. Para Irán, el hecho de que un número creciente de embarcaciones utilice una ruta cercana a la costa omaní representa una violación del memorando de entendimiento, el cual incluía disposiciones sobre la reapertura del estrecho, el alivio de presiones financieras y expectativas sobre el programa nuclear.

La respuesta de Estados Unidos fue inmediata y contundente. Washington lanzó una oleada de bombardeos que alcanzó 80 objetivos en todo el territorio iraní y reimpuso las sanciones al petróleo iraní, revirtiendo un acuerdo previo de levantamiento por 60 días. Irán respondió el miércoles por la mañana atacando 85 objetivos militares estadounidenses situados en Bahrein y Kuwait. Estos ataques coincidieron con el funeral del fallecido líder supremo iraní, el ayatola Alí Jamenei, cuya muerte en una operación conjunta entre Estados Unidos e Israel fue el detonante original de la guerra.

La ofensiva estadounidense no se detuvo, iniciando una nueva fase de ataques la noche del miércoles que se prolongó hasta la madrugada del jueves, impactando otros 90 objetivos. Según el Comando Central de Estados Unidos, los bombardeos se han concentrado principalmente en la costa sur, afectando sistemas de defensa aérea, radares, misiles antibuque y decenas de embarcaciones pequeñas, con el fin de mermar la capacidad de Irán para amenazar el comercio internacional en el estrecho de Ormuz.

Analistas militares advierten que estas acciones podrían tener un impacto limitado. Carl Schuster, exdirector del Centro Conjunto de Inteligencia del Comando del Pacífico de EE. UU., señala que el alto el fuego tenía pocas probabilidades de sobrevivir debido a que el Gobierno iraní no posee autoridad real sobre el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI). Esta unidad de élite, independiente de las fuerzas regulares y leal únicamente al líder supremo, controla el arsenal de misiles y busca preservar el régimen teocrático, mostrando escaso interés en acuerdos que no garanticen su supervivencia como entidad independiente.

Desde la perspectiva económica, la situación es alarmante. El estrecho de Ormuz es el corredor por donde transita el 20 % del petróleo mundial en tiempos de paz, y su inestabilidad ha provocado un aumento vertiginoso de los precios globales. Mientras Trump presiona para que la vía permanezca abierta y libre, expertos como el almirante retirado James Stavridis sugieren que, aunque se reduzca la capacidad militar de Irán, en la era de los drones es imposible eliminar totalmente su capacidad de amenaza.

En el ámbito interno, Donald Trump enfrenta una presión creciente. El conflicto ha generado descontento incluso entre sus aliados republicanos y el movimiento MAGA, evidenciado en una resolución del Senado el mes pasado para retirar las fuerzas estadounidenses, aunque fue retractada posteriormente. Con las elecciones de mitad de periodo en noviembre, la sombra de una guerra que ha causado la mayor crisis de suministro de petróleo de la historia pesa sobre el escenario político estadounidense.

Por su parte, el régimen iraní, aunque debilitado económicamente y superado en poderío militar, mantiene una base social movilizada, como se vio en los multitudinarios funerales de Jamenei. La cuestión ahora reside en si las tensiones podrán reducirse mediante nuevas negociaciones o si el mundo se encamina hacia el retorno de una guerra total.

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