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Descubren cómo remolinos oceánicos transportan el agua dulce del río Congo mar adentro

El caudal de un río aprovecha un remolino atlántico de 49 días para recorrer 200 kilómetros mar adentro.

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Descubren cómo remolinos oceánicos transportan el agua dulce del río Congo mar adentro
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El río Congo, el más profundo del planeta, ejerce un impacto sorprendente en el océano Atlántico al proyectar una pluma de agua dulce que alcanza los 800 kilómetros mar adentro. Un nuevo estudio revela que este desplazamiento no es uniforme, sino que depende de gigantescos remolinos oceánicos que capturan el agua dulce y la transportan a cientos de kilómetros de la costa. Este fenómeno, impulsado por eventos episódicos y no por un flujo constante, es crucial para entender la circulación oceánica regional. El hallazgo subraya cómo estos remolinos moldean la salinidad del mar, afectando directamente la salud de los ecosistemas marinos y la productividad de las pesquerías en el Atlántico.

El río Congo, reconocido como el más profundo del mundo y el segundo más caudaloso a nivel global, ejerce una influencia masiva sobre el océano Atlántico. Con un caudal promedio de 40.000 metros cúbicos de agua dulce vertidos por segundo, el río genera una descarga tan potente que crea una vasta columna de agua dulce sobre la superficie marina. Esta pluma de agua dulce es capaz de extenderse hasta 800 kilómetros mar adentro, alterando la composición del entorno oceánico costero.

Recientemente, un estudio publicado en la revista Journal of Geophysical Research: Oceans ha permitido seguir el recorrido de esta masa de agua, revelando que su desplazamiento desde la costa africana no ocurre de manera uniforme. La investigación destaca que el movimiento del agua dulce depende fundamentalmente de la presencia de grandes remolinos oceánicos, técnicamente denominados remolinos de mesoescala. Estos fenómenos son los responsables de transportar el agua dulce a cientos de kilómetros de distancia de la desembocadura del río.

Según los datos analizados, el comportamiento de esta pluma varía según la temporalidad. Durante la temporada de lluvias, el desplazamiento del agua dulce se orienta hacia el suroeste. En este contexto, la masa de agua puede quedar atrapada por los remolinos de mesoescala, que suelen tener un diámetro aproximado de 100 kilómetros. Para desentrañar este complejo fenómeno, un equipo de investigadores del Laboratorio de Estudios Geofísicos y Oceanográficos Espaciales (LEGOS), en colaboración con otras instituciones, llevó a cabo un análisis detallado mediante el uso de simulaciones y observaciones reales.

La metodología empleada por los científicos incluyó la utilización del modelo de circulación oceánica NEMO, el cual cuenta con una resolución de 3 kilómetros, permitiendo reproducir con precisión la descarga del río Congo. El estudio se centró específicamente en los datos del año 2016, periodo en el que se disponía de abundantes registros proporcionados por la red Prediction and Research Moored Array in the Tropical Atlantic (PIRATA), complementados con información satelital sobre las corrientes marinas y la salinidad del agua.

Para validar la precisión del modelo, los investigadores compararon los resultados obtenidos con mediciones reales de la altura del nivel del mar, la salinidad superficial y datos de corrientes. Para estas últimas, utilizaron el Sistema de Identificación Automática destinado al seguimiento de embarcaciones, cuyos datos fueron procesados a través de eOdyn. Gracias a este proceso de verificación, el modelo logró reproducir satisfactoriamente las variaciones estacionales, la posición y el tamaño de la pluma del río Congo.

El análisis del año 2016 permitió identificar diversos episodios de remolinos de mesoescala. Uno de los eventos más significativos ocurrió entre los meses de marzo y abril. En este periodo, un remolino anticiclónico —caracterizado por girar en sentido contrario a las agujas del reloj en el hemisferio sur— capturó una cantidad considerable de agua dulce proveniente de la pluma del Congo. Este remolino mantuvo su actividad durante 49 días y alcanzó un radio de 150 kilómetros, logrando trasladar el agua de baja salinidad aproximadamente 200 kilómetros mar adentro antes de disiparse.

Con el objetivo de confirmar el origen exacto del agua contenida en estos remolinos, el equipo de investigación realizó experimentos basados en el rastreo de más de 5.000 partículas virtuales hacia atrás en el tiempo. Los resultados de este análisis demostraron que las partículas que se encontraban en el núcleo del remolino durante el mes de abril provenían, en realidad, de la zona sur de la pluma del río Congo a principios de marzo.

Este hallazgo es fundamental para la oceanografía, ya que indica que el transporte de agua dulce hacia el océano abierto no se produce a través de una difusión continua y constante desde la desembocadura, sino que está dominado por eventos puntuales y episódicos, como la formación de estos remolinos. Los autores del estudio subrayan que este proceso tiene implicaciones directas y significativas en la circulación oceánica regional, así como en la salud de los ecosistemas marinos y las pesquerías que dependen del aporte constante de agua dulce en el Atlántico.

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