Especialistas en salud han emitido un llamado urgente para visibilizar una condición médica que presenta un aumento sostenido en la población: la enfermedad hepática asociada a disfunción metabólica, conocida técnicamente como MASLD. Esta patología, que frecuentemente es subestimada como una simple "acumulación de grasa" en el órgano, representa en realidad un trastorno complejo que puede evolucionar de manera silenciosa hacia etapas críticas, tales como la cirrosis y el cáncer hepático, sin que el paciente presente síntomas evidentes durante sus fases iniciales.
En el contexto regional, Chile y el resto de América Latina enfrentan un reto creciente de salud pública debido a esta condición. Las estadísticas son alarmantes, ya que se estima que aproximadamente el 44.4% de la población en la región vive con MASLD. Esta cifra posiciona a América Latina como la zona con la prevalencia más alta a nivel global, un fenómeno impulsado principalmente por cambios drásticos en los estilos de vida, el aumento del sedentarismo, la prevalencia de la diabetes tipo 2, el sobrepeso y la obesidad.
A escala mundial, la enfermedad hepática asociada a disfunción metabólica afecta actualmente a cerca del 30% de la población. Esta situación la convierte en una de las causas primordiales de daño hepático crónico. Según los datos clínicos, entre un 20% y 30% de estos pacientes pueden desarrollar una inflamación del hígado, condición denominada MASH. Una proporción relevante de estos casos progresa hacia la fibrosis, una etapa determinante que define el riesgo de sufrir complicaciones graves en el futuro.
El desarrollo de la MASLD ocurre cuando el hígado comienza a acumular grasa, proceso generalmente vinculado a una alimentación inadecuada, la falta de actividad física o factores genéticos. Cuando esta condición progresa hacia la etapa inflamatoria (MASH) y la inflamación persiste en el tiempo, el organismo reacciona generando tejido cicatricial, proceso conocido como fibrosis. Con el transcurso del tiempo, este tejido puede comprometer seriamente la función hepática, derivando en complicaciones severas como la cirrosis, la hipertensión portal —que provoca la formación de varices en el esófago y el estómago— e incluso el desarrollo de cáncer de hígado.
Históricamente, la biopsia hepática fue el método principal y más utilizado para evaluar el grado de daño en el hígado. No obstante, la medicina ha evolucionado hacia alternativas no invasivas que permiten obtener información clínica relevante de manera más segura y accesible para el paciente.
Actualmente, es posible identificar biomarcadores asociados al proceso de fibrosis a través de análisis de sangre especializados, lo que permite a los médicos estratificar el riesgo de progresión de la enfermedad. Complementariamente, se han implementado tecnologías avanzadas de ultrasonido que permiten evaluar tanto el porcentaje de grasa presente en el hígado como la rigidez o dureza del tejido hepático. Estos estudios analizan cómo se comportan las ondas sonoras al atravesar la región estudiada, generando datos precisos y medibles, similares a los obtenidos mediante una Resonancia Magnética, lo que facilita la identificación de cambios estructurales desde etapas tempranas sin recurrir a procedimientos invasivos.
En relación con este avance tecnológico, Paulina Fortunato, Product Manager de Siemens Healthineers, señaló: “Nuestra misión es que la tecnología facilite el acceso a diagnósticos oportunos. Apostamos por soluciones que permitan identificar riesgos desde etapas tempranas y acompañar a los pacientes en la toma de decisiones informadas sobre su salud. La atención hepática está evolucionando hacia modelos más preventivos y no invasivos”.
Para combatir el avance de esta enfermedad, los expertos enfatizan que aumentar el conocimiento sobre los factores de riesgo es fundamental para que las personas tomen decisiones informadas. Se recomienda promover revisiones periódicas y adoptar un estilo de vida saludable, haciendo especial hincapié en la práctica de ejercicios de resistencia y sobrecarga, factores que pueden marcar una diferencia significativa en la salud hepática.
Finalmente, los especialistas recomiendan que aquellas personas que presenten factores de riesgo, como obesidad, sobrepeso, diabetes o síndrome metabólico, consideren realizarse evaluaciones periódicas. La combinación de pruebas de laboratorio y estudios de imagen se presenta como la herramienta clave para detectar la enfermedad a tiempo y prevenir que progrese hacia etapas irreversibles.


