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Fallece Martha Ann Lillard, la última persona en Estados Unidos que utilizaba un pulmón de acero

Martha Ann Lillard, la última persona sobreviviente de polio en Estados Unidos que vivía dentro de un "pulmón de acero", falleció a los 78 años.

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Fallece Martha Ann Lillard, la última persona en Estados Unidos que utilizaba un pulmón de acero

Martha Ann Lillard, quien era la última persona sobreviviente de polio en los Estados Unidos que dependía de un "pulmón de acero" para respirar, falleció a la edad de 78 años. La noticia fue difundida este viernes por la revista People, aunque se precisó que el deceso de Lillard ocurrió realmente a finales del mes de junio. Su partida marca el cierre de un ciclo vinculado a una de las épocas más difíciles de la salud pública en Norteamérica.

La historia de Lillard con la poliomielitis comenzó en 1953, cuando tenía apenas 5 años. El contagio ocurrió en un momento crítico, exactamente dos años antes de que se hiciera disponible la vacuna que cambiaría el curso de la enfermedad a nivel global. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la polio es descrita como una enfermedad muy infecciosa, provocada por un virus que invade el sistema nervioso y posee la capacidad de causar una parálisis total en un lapso de pocas horas.

Para Martha Ann, los primeros síntomas de esta condición se manifestaron el día de su quinto cumpleaños. Tras el inicio de la enfermedad, tuvo que enfrentar un periodo inicial de hospitalización que se extendió durante seis meses. Durante ese tiempo, Lillard pasó 23 horas al día dentro de un pulmón de acero, un dispositivo diseñado para "reeducar" sus pulmones y permitirle recuperar la capacidad de respirar.

El pulmón de acero es una máquina desarrollada originalmente en la década de 1920. Su función principal es actuar como un pulmón artificial, proporcionando el soporte respiratorio necesario para aquellas personas que habían perdido el control de sus nervios, sus músculos o, específicamente, de su sistema respiratorio. Aunque este dispositivo fue fundamental durante décadas, cayó en desuso hace muchos años debido a la aparición de terapias modernas. Sin embargo, en el caso particular de Lillard, dichas alternativas terapéuticas contemporáneas no resultaron efectivas, lo que la mantuvo ligada a la máquina durante la mayor parte de su vida.

A pesar de la severidad de su condición, Lillard experimentó una recuperación notable con el paso del tiempo. Sus sesiones dentro del pulmón de acero se fueron reduciendo gradualmente, lo que le permitió recuperar la capacidad de caminar y fortalecer sus pulmones. No obstante, la enfermedad dejó secuelas permanentes, siendo la más visible la parálisis de su brazo derecho.

La resiliencia de Lillard fue destacada en una campaña de GoFundMe creada en su memoria. En dicho espacio se mencionó que, a pesar de vivir con una capacidad pulmonar de tan solo el 25 %, padecer escoliosis y mantener la parálisis en el brazo derecho, Martha Ann se esforzó por llevar una vida con la mayor normalidad posible. Se destacó su faceta creativa, ya que se dedicaba a pintar, escribir poemas y componer música para piano, utilizando exclusivamente su mano izquierda.

Con el avance de los años, su recuperación fue tal que llegó un punto en el que solo requería el uso de la máquina para poder dormir. Sin embargo, el proceso natural de envejecimiento comenzó a deteriorar su estado de salud. Lillard desarrolló el síndrome postpolio, una afección incapacitante caracterizada por provocar debilidad y fatiga extrema. A este cuadro se sumaron complicaciones recientes, ya que contrajo COVID-19 en dos ocasiones, lo que derivó en el desarrollo de COVID persistente.

Sumado a sus complicaciones médicas, el dispositivo que la mantenía con vida comenzó a fallar debido a su antigüedad. Su hermana, Cindy, relató a KFOR que algunas de las piezas del pulmón de acero databan de la década de 1940, lo que hacía que fueran extremadamente difíciles de conseguir en la actualidad. Según el testimonio de su hermana, aunque contaban con un motor de repuesto, no disponían de personal técnico capacitado para realizar la instalación en caso de ser necesario.

Finalmente, según se indica en su obituario, la causa oficial de la muerte de Martha Ann Lillard fue el COVID persistente, poniendo fin a una lucha constante contra las secuelas de una enfermedad que marcó su infancia y definió su existencia.

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