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La ultraderecha de AfD se radicaliza en Turingia y busca el poder en Alemania

Más de 80 años después del fin del nacionalsocialismo, la ultraderecha nunca estuvo más cerca que hoy de volver a gobernar en Alemania. Perfil - Björn Höcke, el líder más radical de AfD que mueve los hilos de la ultraderecha en Alemania Alternativa para Alemania (AfD) se encuentra en su mejor momento histórico. Las encuestas otorgan a la formación ultra el primer lugar no solo en varias regiones del este del país, donde supera el 40%, sino a nivel federal. La ultraderecha nunca estuvo más cerca que hoy de volver a gobernar, más de 80 años después del fin del nacionalsocialismo . En ese contexto, su decisión estratégica es radicalizarse. De hecho, la elección de celebrar el congreso del partido el pasado fin de semana en Turingia es prueba de eso, ya que la fecha coincide justamente con el centenario del cónclave del partido nazi, cuando Adolf Hitler diera la primera señal pública de su camino a la toma del poder. “Fuera de este salón están los perdedores de la historia. Aquí dentro están reunidos los vencedores”. La frase pertenece al anfitrión de este fin de semana, el líder de AfD en Turingia y el referente más importante del ala radical del partido, Björn Höcke . Los delegados recibieron con aplausos su mensaje. Representaba fielmente el clima de euforia que vive un partido que ya no oculta su conexión ideológica con el pasado antidemocrático de Alemania. El escenario es el mensaje El 4 de julio de 1926, el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP) celebraba el primer congreso tras su refundación después de haber sido prohibido por el golpe fallido de Múnich tres años antes. Hitler había optado por Turingia debido a las restricciones que todavía estaban vigentes en Baviera y otras regiones del país. Aquel día surgieron ciertos elementos fundamentales para la liturgia del nazismo: se oficializaron las juventudes hitlerianas, se entregó la bandera manchada de sangre ( blutfahne ), reliquia nazi que se utilizaba para consagrar las banderas de las SA y las SS; y se mostró por primera vez de forma masiva y espectacularizada el saludo hitleriano con el brazo derecho levantado. Cuatro años más tarde, el partido de Hitler llegó al poder en esa misma región y la transformó en una suerte de laboratorio político para los nazis. Utilizando vías institucionales y legales, el representante del NSDAP purgó la policía, quitando a todo simpatizante de la República, creó la cátedra de “investigación racial” en la Universidad de Jena y hasta introdujo mensajes doctrinarios en las escuelas sobre la ideología nacionalsocialista. Fue el primer paso de la normalización de un partido extremista que poco tiempo después tomaría el poder a nivel federal. Björn Höcke es profesor de Historia. Sabe perfectamente que la elección de la fecha será leída como una provocación. De hecho, esa es su intención. El líder de AfD en Turingia nunca abandonó su objetivo de reivindicar el pasado del país. Detesta lo que él define como “el culto de la culpa”, un concepto que considera vergonzante y antinacionalista. Alemania no tendría por qué avergonzarse: al contrario, debería estar orgullosa de su identidad. Esa vergüenza histórica es atribuida a la “gigantesca catástrofe educativa” que vivió el país, según evalúa Höcke. Tanto es así que en el congreso expresó: “No les permitieron desarrollar una identidad saludable. Son los heridos del alma [...] y esa es nuestra tarea en AfD: restablecer la normalidad, sanarlos. En el fondo, somos los psicólogos”. La cohesión social no existe en el diccionario de AfD. Lo que sí es importante, en cambio, es fomentar el miedo al diferente. En consonancia con su ideología de derecha radical, este partido sostiene que una sociedad sana es una sociedad homogénea La retórica de Höcke siempre se caracterizó por sus aires refundacionales y revisionistas. Ese es el andamiaje ideológico que sostiene sus intervenciones públicas. En su discurso de apertura del congreso expresó varias de sus propuestas para “curar” a la nación. Acusó a los partidos tradicionales de financiar con millones de euros iniciativas y proyectos que promueven una sociedad “colorida”, pero cuyo resultado ha sido la erosión de la identidad alemana. Desde su punto de vista, el Estado debería ser neutral en términos ideológicos, ni de izquierda ni de derecha, lo que deriva en su promesa más importante: “Desconectar el enchufe fiscal”. Alice Weidel , reelegida como jefa del partido, anunció lo mismo, pero incorporando la narrativa trumpista: “Secaremos el pantano de las ONG y eliminaremos todos los gastos para proyectos absurdos”. Ambos se refieren a los mismos actores: organizaciones de protección de la Constitución, fundaciones democráticas, proyectos interculturales, iniciativas ambientales, cualquier espacio que trabaje con sectores vulnerables o defienda el Estado de derecho. Su estrategia es demonizarlos y convertirlos en enemigos de la patria, en nombre de un país que, en su propia definición, es solo para los “nativos”. Sin embargo, la cohesión social no existe en el diccionario de AfD. Lo que sí es importante, en cambio, es fomentar el miedo al diferente. En consonancia con su ideología de derecha radical, este partido sostiene que una sociedad sana es una sociedad homogénea. De allí derivan las ideas xenófobas que circulan a gran velocidad y con un enorme poder de penetración. Narrativas como la teoría conspirativa del 'gran reemplazo' jugaron un rol fundamental. El propio Höcke, en el congreso del fin de semana, subrayó: “Un aspecto central de la dignidad humana inalienable es el derecho a la patria, y la patria se pierde no solo por la huida y la expulsión, sino también al convertirse en una minoría en el propio país”. El proceso radicalizante El devenir del congreso fue acorde con el tono y el contenido de los discursos de sus principales oradores. En el orden del día aparecía un punto que llamó la atención: retirar la lista de incompatibilidades para ser miembro del partido. Se trata de un límite que AfD introdujo para evitar que afiliados a ciertas organizaciones puedan ser admitidos. En un principio fue una frontera formal de exclusión para evitar la llegada de simpatizantes de la extrema derecha o incluso neonazis. En la actualidad, esa lista se convirtió en un mecanismo incómodo para los más radicales, ya que sus aliados naturales pertenecen a ese sector. Pese a todo, Weidel logró evitar que el tema se discutiese al prometer que el partido se ocupará de elaborar una nueva lista actualizada que no obedezca los cánones de la Oficina Federal de Protección de la Ley Fundamental. Este organismo se ocupa de identificar, investigar, vigilar y advertir sobre cualquier amenaza contra el orden democrático en Alemania. En efecto, AfD es objeto de observación a causa de las mencionadas conexiones y algunas de sus reivindicaciones que ponen en cuestión artículos de la Carta Magna como por ejemplo el primero: “La dignidad humana es intocable”. Höcke es el nuevo jefe en las sombras y con ello perece el sector burgués y neoliberal de los miembros del oeste del país. El centro de gravedad del partido se ha desplazado definitivamente a los territorios de la vieja RDA Las deportaciones masivas de “no nativos” (incluso de forma retroactiva, como llegó a plantear Höcke recientemente en un pódcast) representan uno de los ejes fundamentales de la agenda ultraderechista. De hecho, uno de los oradores lo expresó sin rodeos: “La remigración no es negociable”. Otro la presentó como una política pública que supuestamente aliviaría la escasez de vivienda, una maniobra discursiva recurrente de la derecha radical: blanquear una consigna xenófoba y radical apelando a un problema doméstico sin evidencia alguna. A lo anterior se le suma una resolución llamada “quedarse en lugar de irse”, que apunta a incentivar el regreso de alemanes que emigraron, según interpretaron los delegados de AfD. Resulta interesante que para evitar cualquier connotación positiva de la palabra inmigración se votó un cambio en el nombre de la propuesta que pasó de hablar de “Alemania como país de inmigración para emigrados alemanes” a “Alemania, un país para el retorno”. Los aliados de Höcke, en puestos clave Los congresos de AfD estuvieron históricamente marcados por haberse convertido en una arena de disputa por el poder interno. Sus facciones no dudaron en enfrentarse, exponiendo al contrincante e iniciando procesos sancionadores y hasta de expulsión. Varios exjefes del partido pueden dar fe de haber vivido la inescrupulosa ira de sus correligionarios. En julio de 2026, por el contrario, las peleas brillaron por su ausencia. Todo funcionó de forma más armónica y los cambios, que no fueron menores, fluyeron sin desorden. Si bien el dúo que lidera el partido, formado por Alice Weidel y Tino Chrupalla, fue reelegido sin contracandidaturas, el resto de la cúpula del partido vio modificada su fisonomía. Los aliados más cercanos y fieles a la línea radical de Björn Höcke ocupan ahora puestos clave, como el de vicepresidente o el de tesorero, además de otras sillas de la mesa directiva. Höcke es el nuevo jefe en las sombras y con ello perece el sector burgués y neoliberal de los miembros del oeste del país. El centro de gravedad del partido se desplazó definitivamente a los territorios de la vieja RDA. Allí donde AfD es el partido más fuerte con distancia. Un grupo de manifestantes protestan ante la celebración del congreso de AfD en Erfurt (Alemania) el 4 de julio. Es posible que el clima pacífico se haya visto reforzado por la narrativa que fue un denominador común durante las jornadas: el victimismo. Las protestas fuera del salón en el que se celebró el congreso fueron multitudinarias. Estuvieron marcadas por la presencia de dos corrientes: Zusammenstehen (permanecer unidos) y Widersetzen (resistir). Mientras que la primera promovía la movilización ciudadana masiva, incluyendo a los partidos, las iglesias y los sindicatos, enfocada en festivales democráticos; la segunda giraba en torno al bloqueo activo para impedir la realización del congreso en sí. Esta última se compone del sector de acción antifascista propiamente dicho. La motivación de los manifestantes era única: hay que hacer algo antes de que AfD llegue al poder. Sin embargo, los sondeos son contundentes: es una cuestión de tiempo. ¿O acaso es una tendencia reversible? ¿AfD al poder? Si mañana hubiese elecciones en Sajonia-Anhalt, AfD estaría a tres escaños de la mayoría absoluta. En otras regiones del este necesitaría entre cinco y ocho para conseguirlo. La intención de voto supera ampliamente el tercio del electorado y en algunos casos rompió la barrera del 40%. En otras palabras, la posibilidad de un gobierno ultraderechista en Alemania no es imposible en absoluto. Sus oportunidades de llegar al poder no se agotan allí. Por el contrario, en los últimos meses crecieron, incluso más que la intención de voto: otro partido decidió aflojar el cordón sanitario, o como se lo conoce en Alemania, brandmauer . La intención de voto supera ampliamente el tercio del electorado y en algunos casos ha roto la barrera del 40%. En otras palabras, la posibilidad de un gobierno ultraderechista en Alemania no es imposible en absoluto En junio de 2026, Sahra Wagenknecht , líder del partido BSW, declaró que se abstendría en las votaciones sobre candidatos de la AfD y la CDU. De hecho, su partido comunicó que en votaciones puntuales podría darse una cooperación, según el tema de la agenda, con la ultraderecha. Este partido es una escisión de Die Linke, la izquierda poscomunista, que incorporó un discurso ultraconservador y antiinmigración muy cercano al de la derecha radical, mientras que mantiene su visión de izquierda más clásica en temas como el rol intervencionista del Estado y la defensa de la clase trabajadora. Cuál de las dos lecturas terminará por imponerse, la abstención como rampa hacia el poder o como trampa para vaciarlo de votos, es todavía una incógnita, incluso de puertas adentro de AfD. Lo que no admite ambigüedad es la aritmética: en Sajonia-Anhalt le faltan apenas tres escaños para la mayoría absoluta y las encuestas siguen subiendo. Con BSW como aliado o como obstáculo, en septiembre Alemania puede tener, por primera vez desde 1945, un gobierno regional liderado por la ultraderecha. Cuando eso ocurra, alguien va a recordar la frase de Höcke en Erfurt: los vencedores, dentro del salón; los perdedores, en la calle. Cien años después de aquel congreso en Turingia, el laboratorio vuelve a estar abierto.

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La ultraderecha de AfD se radicaliza en Turingia y busca el poder en Alemania
Puntos clave

La Alternativa para Alemania (AfD) alcanza su máximo auge histórico y se posiciona como la fuerza dominante en diversas regiones, acercándose peligrosamente al poder federal. En un giro radical, el partido celebró un congreso en Turingia que emula simbólicamente el ascenso del nacionalsocialismo, donde sus líderes rechazaron el culto a la culpa y abrazaron una retórica de vencedores frente a los perdedores de la historia. Bajo el liderazgo en la sombra de Björn Höcke, la formación impulsa una agenda extremista que incluye deportaciones masivas de no nativos y el recorte total de fondos para ONGs y organismos democráticos. Con el desplazamiento del poder hacia el este del país y un discurso basado en la teoría del gran reemplazo, la AfD busca imponer una identidad nacional homogénea y excluyente. Las encuestas sugieren que el ascenso al poder podría ser inminente. Con un crecimiento imparable en estados como Sajonia-Anhalt y la posibilidad de pactos estratégicos, Alemania se enfrenta a la posibilidad real de tener su primer gobierno regional de ultraderecha desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

La Alternativa para Alemania (AfD) atraviesa su mejor momento histórico, posicionándose en las encuestas en el primer lugar no solo en diversas regiones del este del país, donde supera el 40%, sino también a nivel federal. En este escenario, la formación ultraderechista se encuentra más cerca que nunca de volver a gobernar, más de 80 años después del fin del nacionalsocialismo. Ante este auge, el partido ha tomado la decisión estratégica de radicalizarse, una postura que quedó evidenciada en la reciente celebración de su congreso en Turingia.

La elección de la ubicación y la fecha del encuentro no fue casual. El congreso coincidió con el centenario del cónclave del partido nazi, momento en que Adolf Hitler dio la primera señal pública de su camino hacia la toma del poder. Björn Höcke, líder de AfD en Turingia y referente del ala más radical, marcó el tono del evento con una frase contundente: “Fuera de este salón están los perdedores de la historia. Aquí dentro están reunidos los vencedores”. El mensaje fue recibido con aplausos por los delegados, reflejando una euforia en un partido que ya no oculta su conexión ideológica con el pasado antidemocrático alemán.

Para comprender la carga simbólica de este evento, es necesario remitirse al 4 de julio de 1926, cuando el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP) celebró su primer congreso tras ser prohibido por el golpe fallido de Múnich. Hitler eligió Turingia debido a las restricciones vigentes en Baviera. En aquel entonces, se oficializaron las juventudes hitlerianas, se utilizó la "bandera manchada de sangre" y se popularizó el saludo hitleriano. Años después, el NSDAP convirtió Turingia en un laboratorio político, purgando la policía de simpatizantes de la República e introduciendo la ideología nacionalsocialista en escuelas y universidades.

Björn Höcke, quien es profesor de Historia, es consciente de que estas referencias son provocaciones deliberadas. Höcke rechaza lo que denomina el “culto de la culpa”, considerándolo vergonzante y antinacionalista. Según su visión, Alemania no debe sentir vergüenza, sino orgullo por su identidad. Atribuye la situación actual a una “gigantesca catástrofe educativa” y sostiene que la tarea de AfD es “restablecer la normalidad” y sanar a los ciudadanos, a quienes define como “heridos del alma”.

La ideología de AfD se basa en la búsqueda de una sociedad homogénea, fomentando el miedo al diferente y rechazando la cohesión social. Bajo esta premisa, Höcke ha promovido narrativas como la teoría conspirativa del “gran reemplazo”, afirmando que el derecho a la patria se pierde cuando los nativos se convierten en minoría en su propio país.

En cuanto a sus propuestas políticas, Höcke y la jefa del partido, Alice Weidel, han abogado por “desconectar el enchufe fiscal”. Weidel, utilizando una retórica similar a la de Donald Trump, propuso “secar el pantano de las ONG” y eliminar gastos en proyectos que consideran absurdos. Esto incluye el recorte de fondos para organizaciones de protección de la Constitución, fundaciones democráticas, iniciativas ambientales y proyectos interculturales, a quienes señalan como enemigos de la patria.

El congreso también mostró un giro interno significativo. Se discutió la retirada de la lista de incompatibilidades para ser miembro del partido, una medida que originalmente evitaba la entrada de neonazis y extremistas. Aunque Weidel evitó una discusión abierta, prometió una nueva lista que no siga los cánones de la Oficina Federal de Protección de la Ley Fundamental, organismo que vigila las amenazas al orden democrático.

Otro punto central de la agenda fue la "remigración" o deportaciones masivas de personas "no nativas", incluso de forma retroactiva. Algunos oradores afirmaron que esta medida “no es negociable” y pretendieron justificarla como una solución a la escasez de vivienda. Asimismo, se aprobó una resolución denominada “quedarse en lugar de irse”, renombrándola como “Alemania, un país para el retorno” para evitar el uso de la palabra inmigración.

Internamente, el partido ha experimentado un desplazamiento de poder. Mientras que anteriormente existía un sector burgués y neoliberal en el oeste, ahora el centro de gravedad se encuentra en los territorios de la antigua RDA. Björn Höcke se ha consolidado como el jefe en las sombras, con sus aliados ocupando puestos clave como la vicepresidencia y la tesorería.

A pesar de las multitudinarias protestas externas, lideradas por los colectivos Zusammenstehen y Widersetzen, los sondeos indican que la llegada de AfD al poder podría ser cuestión de tiempo. En Sajonia-Anhalt, el partido estaría a solo tres escaños de la mayoría absoluta. Además, la posible cooperación con el partido BSW de Sahra Wagenknecht, que comparte discursos antiinmigración, podría facilitar su ascenso. De concretarse, Alemania podría tener en septiembre su primer gobierno regional liderado por la ultraderecha desde 1945.

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