En el marco de un conflicto que ya supera los cuatro años desde el inicio de la invasión rusa, una unidad especializada del ejército ucraniano opera bajo un régimen de secretismo absoluto. Los militares encargados de ejecutar los ataques con drones de largo alcance contra territorio ruso, específicamente contra Moscú y San Petersburgo, mantienen una existencia oculta que se extiende incluso a sus círculos familiares más íntimos.
Denys, nombre ficticio de un exmarine que participa en estas operaciones a distancia desde 2025, es un ejemplo de esta realidad. Ni sus padres ni sus amistades conocen su verdadera función dentro del conflicto, debido a que las normas de seguridad en su unidad son extremadamente estrictas. Según explica el militar, de unos treinta años, la premisa fundamental es no llamar la atención ni jactarse de las acciones realizadas. La prohibición de hablar sobre sus méritos es total y permanente, extendiéndose incluso para el periodo posterior al fin de la guerra.
Este operador forma parte del Centro N.º 1 de las fuerzas de drones ucranianas, una unidad responsable de algunos de los ataques más impactantes contra Rusia, como los ocurridos en junio sobre Moscú y San Petersburgo. En los últimos meses, Kiev ha intensificado sus incursiones de largo alcance, convirtiendo estos ataques en una actividad casi rutinaria. El objetivo estratégico es claro: golpear semanalmente refinerías, depósitos de petróleo y oleoductos rusos para mermar los ingresos económicos que Moscú utiliza para financiar el esfuerzo bélico iniciado en 2022.
A pesar de que estas operaciones suelen generar incendios masivos visibles a kilómetros de distancia, la evaluación del impacto real en la producción rusa sigue siendo compleja. No obstante, para los operadores, el riesgo personal es evidente. Denys afirma que son considerados objetivos prioritarios y muy codiciados por el enemigo, lo que justifica el anonimato extremo. Los nombres, las edades exactas y las imágenes de estos militares se mantienen bajo llave; cualquier registro visual debe contar con el rostro oculto.
La seguridad es tan rigurosa que incluso el acceso periodístico es excepcional. Reporteros de la AFP tuvieron que someterse a estrictos protocolos de seguridad en mayo para ingresar a una base de lanzamiento de drones de largo alcance. Esta cultura del secreto es compartida por otros miembros, como el militar conocido por el nombre de guerra de Voron ("Cuervo"). Voron, quien es padre, esposo y anteriormente se desempeñaba como pintor y entrenador de artes marciales, describe su situación como una "decisión deliberada de permanecer en la sombra". Para evitar sospechas, Voron mantiene una historia falsa ante sus seres queridos, quienes creen que sigue prestando servicio en las fuerzas especiales, desligándolo así de los "ataques profundos" que suelen recibir elogios en las redes sociales.
El control sobre las comunicaciones es el pilar de su supervivencia. Los teléfonos personales se mantienen permanentemente en modo avión, utilizando únicamente routers portátiles para su funcionamiento. Esta medida ha sido confirmada por operadores de drones y un miembro de los servicios de inteligencia militar ucranianos (GUR), identificado como Wolf. Wolf destaca que, en su vida cotidiana, pasan desapercibidos como gente corriente, vistiendo camisas y vaqueros en lugar de los uniformes de camuflaje que el público suele imaginar.
El protocolo de seguridad se extiende al ámbito financiero. Los miembros de la unidad tienen prohibido el uso de tarjetas bancarias y de tarjetas de fidelidad, estas últimas muy comunes en Ucrania para ahorrar en combustible. Todas las comunicaciones oficiales se realizan a través de teléfonos cifrados y existe una prohibición absoluta de utilizar dispositivos con geolocalización. Para garantizar que no haya filtraciones, el personal implicado en cualquier incidente es sometido a pruebas con detectores de mentiras.
En cuanto a la táctica, Denys explica que la actual frecuencia de ataques de largo alcance fue precedida por campañas de medio alcance diseñadas para neutralizar las defensas aéreas rusas. Actualmente, el recurso disponible es la cantidad de drones, ya que el límite se encuentra en las "horas del día" disponibles para los lanzamientos. Denys concluye que estos ataques son como el "hielo que se agrieta bajo los pies" de los rusos, manteniendo la esperanza de atacar algún día el Kremlin y lograr la derrota total de Rusia.


