El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) publicó la semana pasada los datos correspondientes al Producto Bruto Interno (PBI) del primer trimestre de 2026, revelando un dato que, a primera vista, resulta sorprendente: el consumo privado en Argentina ha alcanzado un nivel récord. Según el organismo oficial, este indicador registró un crecimiento del 2,7% en términos anuales y un incremento del 0,8% respecto al trimestre anterior.
Este resultado es particularmente significativo ya que supera el pico máximo previo, el cual había sido alcanzado en el año 2017 durante la gestión presidencial de Mauricio Macri. En el marco de la administración de Javier Milei, el indicador de consumo privado acumula una suba del 7%. Dado que el gasto de los hogares representa aproximadamente el 70% del PBI argentino, el consumo se consolida actualmente, junto con las exportaciones, como uno de los dos motores principales de la demanda agregada del país.
Sin embargo, detrás de este récord estadístico se esconde una realidad compleja que los analistas describen como una economía de dos velocidades. El crecimiento del indicador no refleja necesariamente un aumento en la calidad de vida o en el volumen de bienes adquiridos por la población, sino que responde a tres fenómenos específicos.
En primer lugar, se observa un cambio en los precios relativos. Desde el inicio de la gestión de Milei, se ha producido un encarecimiento significativo en rubros como las tarifas de servicios públicos, el transporte, las prepagas y los servicios de comunicación, incluyendo telefonía e internet. Este fenómeno infla el valor nominal del consumo, ya que los hogares deben destinar más dinero para acceder a los mismos servicios, sin que ello implique que haya más bienes o servicios reales en sus manos.
El segundo factor es la desregulación del comercio exterior. La facilitación de la llegada de productos importados bajo la modalidad "puerta a puerta" ha ocurrido en un contexto de tipo de cambio apreciado. Mientras que la inflación rondó el 15%, el dólar registró una subida de casi el 2% en lo que va del año, incentivando el gasto en productos extranjeros.
En tercer lugar, la mayor liberalización cambiaria ha impactado en el flujo de pesos dentro de la economía local. Entre enero y mayo de 2025, la demanda de dólares para atesoramiento alcanzó los US$ 10.893 millones, cifra que representa más del doble de lo registrado en el mismo período del año anterior. Este desplazamiento de capitales implica que una cantidad considerable de pesos que anteriormente circulaban en el mercado interno ahora se destinan a la compra de divisas, reduciendo así la demanda interna.
La contradicción entre la macroeconomía y la economía real se vuelve evidente al analizar los datos sectoriales. Según relevamientos del economista Miguel Ángel Broda, el consumo en rubros clave es notablemente inferior al de 2017, el año de comparación del récord actual. Los argentinos están comprando hoy un 45,6% menos de autos, un 19,5% menos en supermercados y un 8,1% menos de electrodomésticos. A esto se suma que la masa salarial es un 24,5% menor que en aquel periodo de referencia.
En sintonía con esto, el economista Emmanuel Alvarez Agis señaló que en 2025 se registraron 350.000 ventas menos de autos 0 km en comparación con el año 2013. Si bien es cierto que se patentaron 198.606 unidades más que en 2024, la brecha histórica sigue siendo profunda.
El análisis de Alvarez Agis sobre el componente importado del consumo revela que, si se descuentan los bienes y servicios del exterior, el consumo local subió apenas un 1% en 2026, contrastando fuertemente con el 8% que registra el indicador cuando se incluyen las importaciones. Los rubros que lideran este crecimiento son el consumo de bienes importados, que trepó casi un 80% respecto a 2017, el consumo de energía eléctrica, que es un 18,7% mayor, y el gasto en turismo y tarjetas en el exterior.
Para el economista Miguel Ángel Broda, este mecanismo es claro: el aumento del gasto en importaciones y servicios externos reduce la porción del consumo destinada a la producción nacional. Esta dinámica, reforzada por la apreciación del tipo de cambio real, estimula el gasto externo mientras debilita el entramado productivo local, lo que se traduce en cierres de empresas y una fragilidad en el empleo privado formal.
En conclusión, Argentina presenta un indicador macroeconómico en niveles históricos que coexiste con una realidad comercial y fabril contraída. El récord del consumo privado es, en gran medida, el resultado de un gasto que no pasa por el mercado interno, desplazando el consumo discrecional hacia servicios básicos y productos extranjeros.


