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Entre la caída del riesgo país y la presión cambiaria: el complejo escenario financiero de Luis Caputo

La city celebra el derrumbe del indicador de Wall Street, pero en la plaza local asoman alarmas. La encrucijada oficial entre secar la plaza, la pared de vencimientos de 2027 y un clima político que amenaza la credibilidad del programa.

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Entre la caída del riesgo país y la presión cambiaria: el complejo escenario financiero de Luis Caputo

El ministro de Economía, Luis Caputo, ha iniciado la segunda mitad del año enfrentando un panorama financiero caracterizado por señales contradictorias y focos de inestabilidad. Mientras que el riesgo país ha logrado descender hasta los 418 puntos básicos, alcanzando su nivel más bajo en ocho años, el frente cambiario ha comenzado a manifestar signos iniciales de calentamiento, generando una tensión creciente en los mercados locales.

Durante el mes de junio, el dólar registró un salto del 7%, cotizando para los minoristas en $1.510. En paralelo, el tipo de cambio oficial mayorista experimentó una aceleración del 4,4%, ascendiendo desde los $1.421 hasta los $1.483. Este movimiento ha coincidido con una decisión del Banco Central (BCRA) de desacelerar el ritmo de sus compras diarias de divisas. Según un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), el volumen de compras periódicas, que hasta fines de mayo promediaba los USD 98,6 millones, cayó a USD 67,5 millones a partir de junio.

Ante un mercado que percibe un inminente "viento de frente", la autoridad monetaria ha comenzado a intervenir activamente para frenar las expectativas de devaluación. Una de las maniobras más evidentes ha sido el incremento de los contratos abiertos en el mercado de futuros, que pasaron de USD 2.852 millones a USD 3.363 millones. Asimismo, el BCRA se volcó a la venta de títulos dollar linked, operando más de USD 2.000 millones con el objetivo de "aspirar" pesos del mercado. Estas acciones se desarrollan en un contexto donde persiste el cepo a las empresas y el Tesoro emite bonos locales, como los AO27 y AO28, que han logrado capturar USD 3.955 millones de financiamiento mediante la retención de dólares atrapados por las restricciones vigentes.

La situación de liquidez también ha generado presiones sobre el financiamiento del Tesoro. La expectativa oficial de una remonetización de la economía no ha avanzado, evidenciado en una caída de la demanda de dinero. Este estrés impactó directamente en la última licitación del Tesoro, que alcanzó un rollover de apenas el 81,1% sobre vencimientos de $16,3 billones. Esta insuficiencia obligó a realizar un pago en efectivo y a efectuar una inyección de liquidez por $3,1 billones, lo que provocó que las tasas de interés de corto plazo se dispararan, llevando la tasa de caución del 20,4% al 24,5% durante la última semana de junio.

A pesar de estos ruidos, los activos argentinos mostraron una subida de hasta el 4% en Wall Street, respaldados por lo que se describe como un propicio "primer tiempo" económico. Entre enero y junio, las compras netas del BCRA superaron los USD 11.000 millones, consolidando el frente externo. A esto se sumó un superávit de USD 6.000 millones aportado por la cuenta corriente del sector privado y flujos financieros privados por USD 13.000 millones.

Sin embargo, el escenario para el "segundo tiempo" del año presenta desafíos significativos. Expertos de la consultora C-P advirtieron sobre la estacionalidad adversa en el mercado de cambios, la caída de los precios internacionales y el impacto de las decisiones de la Reserva Federal de Estados Unidos. En cuanto a la oferta de divisas, el CEPA subrayó que la liquidación agropecuaria acumulada se sitúa un 8,9% por debajo del promedio histórico, afectada por la caída del 40% del Brent y una soja estancada cerca de los USD 400, lo que ha llevado a los exportadores a postergar liquidaciones.

El cuello de botella más crítico se encuentra en el cronograma de deuda. Argentina deberá afrontar vencimientos por USD 31.000 millones en 2027, una cifra comparable a las colocaciones de deuda de 2016 y 2017. Para el mercado, regresar a los mercados internacionales para refinanciar es una condición indispensable; de lo contrario, podrían amplificarse los incentivos para una dolarización de portafolios.

Finalmente, el análisis de Citibank sugiere que existe un "piso inelástico" para la emisión de deuda, anclado en la inestabilidad política. El banco advirtió que la cercanía de las elecciones presidenciales convierte la confianza del mercado y los consumidores en la amenaza principal. Según la entidad, las reformas actuales presentan una distribución intertemporal dura, donde los costos se concentran en el presente y los beneficios en el futuro. En este sentido, se alertó que las fricciones internas y las discordancias políticas podrían erosionar la perspectiva externa, dificultando que el riesgo soberano rompa su piso actual si la gestión no logra cerrar sus vulnerabilidades políticas y financieras.

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