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Tragedia en Venezuela: Casi 1.500 muertos y creciente indignación por la respuesta gubernamental tras terremotos

La esperanza de encontrar gente con vida disminuía este domingo a más de 90 horas horas de los dos terremotos

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Tragedia en Venezuela: Casi 1.500 muertos y creciente indignación por la respuesta gubernamental tras terremotos
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Venezuela enfrenta una catástrofe humanitaria tras dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que han dejado casi 1.500 muertos y más de 50.000 desaparecidos. La zona de La Guaira ha quedado devastada, con millones de damnificados y pérdidas materiales estimadas en 6.700 millones de dólares, mientras los rescatistas luchan contra el tiempo en un escenario comparable a una zona de guerra. Pese al despliegue de ayuda de 24 países y un millonario paquete de asistencia de Estados Unidos, la población denuncia una respuesta gubernamental lenta e insuficiente. La militarización del área y la exigencia de permisos administrativos para los socorristas han generado indignación, agravando una emergencia ya debilitada por el colapso económico y social del país.

Venezuela enfrenta una crisis humanitaria devastadora tras haber sido sacudida el pasado miércoles por dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que ocurrieron con apenas segundos de diferencia. El saldo provisional de la tragedia asciende a casi 1.500 personas fallecidas y decenas de miles de desaparecidos, mientras miles de rescatistas, voluntarios y familiares mantienen una lucha contra el tiempo, excavando día y noche entre montañas de concreto en busca de sobrevivientes.

A más de 90 horas de los sismos, la esperanza de hallar personas con vida ha comenzado a disminuir drásticamente. En la zona de La Guaira, uno de los puntos más castigados por el desastre, los rescatistas advierten que, una vez superadas las 72 horas críticas, la probabilidad de encontrar personas con signos vitales es mínima, aunque los esfuerzos persisten. A pesar del panorama desolador, el sábado se reportó el rescate de 33 personas vivas entre los escombros. Entre ellas destaca el caso de un niño de 11 años rescatado en Caraballeda, hecho que la presidenta interina, Delcy Rodríguez, compartió a través de la red social X, calificando cada vida recuperada como una esperanza para el país.

El impacto material y humano es masivo. El balneario de La Guaira, ubicado a 40 kilómetros de Caracas, presenta actualmente un aspecto similar al de una zona de guerra. Decenas de edificios colapsaron totalmente, transformándose en acumulaciones de arena y escombros. Según estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), los sismos podrían dejar cerca de siete millones de damnificados y daños materiales evaluados en 6.700 millones de dólares, cifra que representa el 6% del Producto Interno Bruto (PIB) de la nación petrolera. Tom Fletcher, jefe de ayuda humanitaria de la ONU, ha advertido que la cifra de fallecidos podría incrementarse, señalando que existen más de 50.000 personas desaparecidas.

En medio de la tragedia, ha surgido una ola de indignación entre la población civil debido a lo que perciben como una ayuda lenta y escasa por parte del gobierno. Sobrevivientes como Marlon Ochoa, quien busca desesperadamente a su madre, esposa e hijo entre las ruinas de su edificio, han expresado su furia ante la falta de maquinaria pesada, plantas eléctricas y herramientas básicas. Ochoa denunció que, mientras las autoridades parecen estar deliberando sobre las acciones a tomar, la gente sigue atrapada bajo los escombros. Esta frustración ha llevado a grupos de familiares a bloquear vías en La Guaira para exigir asistencia urgente.

Por otro lado, Héctor Aguilera, de 60 años, relató la resignación de quienes ya no esperan encontrar a sus seres queridos con vida, pero exigen el apoyo necesario para recuperar los cuerpos y darles sepultura, lamentando la falta de respuesta oficial.

La respuesta internacional ha sido significativa. Hasta el momento, 24 países han enviado más de 2.700 rescatistas y 521 toneladas de ayuda humanitaria, incluyendo 86 unidades caninas especializadas en localización. Estados Unidos ha ofrecido un paquete de 150 millones de dólares y el despliegue de aviones de transporte, helicópteros y dos buques de guerra. Uno de ellos, el USS Fort Lauderdale, un barco militar anfibio, se encuentra ya frente a las costas venezolanas para facilitar vuelos de rescate en La Guaira. Asimismo, el aeropuerto internacional de Caracas ha reabierto parcialmente para recibir vuelos de carga con suministros estadounidenses.

El contexto político añade una capa de complejidad a la emergencia. Delcy Rodríguez ejerce la presidencia interina tras la captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos en enero. Rodríguez ha anunciado la militarización de La Guaira con el objetivo de garantizar la seguridad, una medida que ha venido acompañada de restricciones de acceso. Ahora, los rescatistas, médicos y voluntarios deben tramitar un salvoconducto emitido por el gobierno para ingresar a la zona, una exigencia que ha sido duramente criticada por los socorristas, quienes denuncian que se requiere un permiso administrativo para poder salvar vidas.

La situación se ve agravada por una crisis económica prolongada que ha debilitado los hospitales y los servicios públicos, sumado al éxodo masivo de millones de ciudadanos en los últimos años. Craig Demeillon, un bombero australiano que llegó desde Miami para colaborar, describió la escena como caótica y desorganizada, exacerbada por las altas temperaturas y la falta de estructura en las labores de auxilio. La Guaira, que ya sufrió una tragedia similar en 1999 con deslaves que dejaron más de 10.000 muertos, vuelve a ser el epicentro de un dolor profundo y una crisis de gestión gubernamental.

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