La tarde de este sábado marca un punto crítico en las labores de rescate en Venezuela. Se cumplen tres días completos desde que dos terremotos azotaron el país el pasado miércoles, lo que significa el cierre de la denominada ventana “dorada” de 72 horas. Históricamente, este lapso es el periodo predominante para localizar a personas vivas bajo los escombros, ya que, una vez superado, las probabilidades de supervivencia disminuyen rápidamente debido a la falta de fuentes de agua.
A pesar de que el tiempo se convierte en un factor vital, la esperanza persiste entre los equipos de emergencia. Diversos estudios sugieren que los rescates de sobrevivientes pueden ocurrir incluso durante los primeros cinco o seis días posteriores al siniestro. En el terreno, rescatistas de diversas nacionalidades trabajan sin descanso en lo que ha sido descrito como una “zona de desastre”, movilizados por la posibilidad de hallar a alguien con vida.
Hasta la tarde de este sábado, las autoridades venezolanas han reportado un saldo trágico de más de 1.400 personas muertas y más de 3.200 heridas. Para enfrentar esta emergencia, se ha desplegado un contingente de más de 30.000 personas, incluyendo efectivos militares, policías, médicos, paramédicos, psicólogos y equipos de rescate especializados.
En la capital, Caracas, el equipo mexicano de los Topos se enfrenta a un escenario complejo. David Emmanuel Villa Tejeda, miembro de este grupo, explicó que la dificultad radica en que los sismos no fueron profundos y ocurrieron con apenas un minuto de diferencia, lo que provocó la caída de numerosas estructuras altas. Aunque Villa Tejeda admitió que el panorama es negativo en algunos sectores debido a la forma en que colapsaron los edificios, subrayó que no pierden la fe, recordando casos en los que han rescatado personas vivas hasta diez días después de un desastre. Asimismo, destacó que la organización de las tareas entre los equipos internacionales ha mejorado, implementando el acceso a los edificios en grupos reducidos de cuatro o cinco personas junto a caninos para evitar nuevos derrumbes por exceso de peso.
Por su parte, el equipo de búsqueda y rescate urbano de Ecuador (USAR ECU), compuesto por 46 rescatistas, dos canes y seis toneladas de equipamiento tecnológico —incluyendo drones con monitoreo térmico—, ha centrado sus operaciones en el estado La Guaira. El comandante Esteban Cárdenas Varela, jefe de los Bomberos de Quito, calificó la zona, especialmente el sector de La Guaira, como una zona de desastre. El equipo ecuatoriano ha operado en La Guzmania y Caraballeda; en este último punto, se tuvo conocimiento de una posible persona con vida, pero el acceso resultó imposible debido al colapso de los puentes en la ruta.
El equipo de El Salvador ha logrado resultados positivos en La Guaira. Los rescatistas salvaron con vida a Nayarit Colmenares, de 39 años, atrapada en un sexto piso, y a Camila Sofía Medina Rivas, de 15 años, quien fue rescatada junto a su perro Chanel desde el noveno piso de un edificio en Catia La Mar. Además de las labores de búsqueda, El Salvador ha enviado nueve toneladas de medicamentos, así como médicos y enfermeras para reforzar los hospitales venezolanos, los cuales se encuentran desbordados debido a la magnitud de la tragedia y a una infraestructura previamente debilitada.
Colombia también ha desplegado al equipo USAR COL, conformado por 63 rescatistas y cuatro binomios caninos, asignados a La Guaira por ser la zona con mayor concentración de estructuras colapsadas. La Cancillería de Colombia informó que sus rescatistas lograron sacar con vida a un niño de 11 años tras seis horas de intensas labores. La misión colombiana tiene previsto permanecer en el país durante diez días.
Sin embargo, las labores de salvamento se ven entorpecidas por las frecuentes réplicas. Loyce Pace, directora de la Cruz Roja para las Américas, advirtió sobre el peligro constante que representan estos temblores para los equipos de evaluación y para la población civil. Pace señaló que existe una gran ansiedad en la comunidad y entre los voluntarios, ya que muchos edificios están al borde del derrumbe total. Esta situación ha obligado a que muchas personas continúen durmiendo a la intemperie, mientras se intenta habilitar refugios temporales para garantizar la seguridad de los damnificados.


