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Terremotos en Venezuela dejan al menos 590 muertos y devastación masiva en La Guaira y Caracas

Dos sismos de 7 grados golpearon a Venezuela, en general poco habituada a los movimientos telúricos. Con más de 500 muertos y cientos de edificios derrumbados, el país enfrenta una situación crítica.

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Terremotos en Venezuela dejan al menos 590 muertos y devastación masiva en La Guaira y Caracas
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Venezuela atraviesa una tragedia humanitaria tras dos fuertes terremotos que han dejado al menos 590 fallecidos y miles de heridos, aunque estimaciones internacionales sugieren que la cifra de víctimas podría escalar hasta los 10 mil muertos. La zona de La Guaira se encuentra devastada, con edificios colapsados e incendios, mientras que en Caracas miles de personas huyen de sus hogares por temor a nuevos derrumbes. La respuesta institucional ha sido duramente criticada por su lentitud y falta de preparación, obligando a los propios ciudadanos a realizar labores de rescate con sus manos ante la ausencia de maquinaria pesada. En medio de la escasez de agua y servicios básicos, la desesperación crece entre los sobrevivientes que aguardan la llegada de auxilio. La ONU y 16 países han movilizado aviones con asistencia urgente para enfrentar la emergencia. Sin embargo, transcurridas 48 horas del sismo, las probabilidades de rescatar a las cientos de personas que permanecen atrapadas bajo los escombros disminuyen drásticamente.

Venezuela enfrenta una crisis humanitaria tras el impacto de dos terremotos ocurridos el pasado miércoles, los cuales han dejado un saldo preliminar de al menos 590 personas fallecidas y más de 3 mil heridos. A pesar de las cifras oficiales, se estima que el número final de víctimas podría ser considerablemente superior. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) ha proporcionado estimaciones basadas en la intensidad del sismo y la densidad poblacional, sugiriendo una probabilidad del 92% de que los fallecidos superen los 1.000 y una probabilidad del 59% de que la cifra alcance los 10.000 muertos.

El primer evento sísmico registró una magnitud de 7,2, con su epicentro ubicado entre las ciudades de Yumare y Montalbán. El impacto fue sentido con especial fuerza en Caracas y en el estado de La Guaira, localidad situada a 40 minutos de la capital y muy cercana a la zona de máxima intensidad.

En La Guaira, las imágenes captadas en redes sociales y satelitales revelan una destrucción generalizada: edificios desplomados, casas aplanadas, locales comerciales destruidos e incendios provocados por la explosión de bombonas de gas. Antonio Bermúdez, un ciudadano de 45 años, relató a la agencia France Presse el momento en que el sismo comenzó mientras estaba en el living de su casa. Bermúdez intentó refugiarse en una columna y aferrarse a las paredes mientras sentía que el edificio descendía. Tras intentar salir de entre los escombros, una placa cayó sobre él, dejándole una pierna inmóvil.

La desesperación es la norma en las calles de La Guaira, donde la falta de servicios básicos agrava la tragedia. Larry Rojas, de 49 años, describió la situación de sed y temor que viven los sobrevivientes. "No tenemos tampoco ni agua, estamos muertos de sed, nos metemos a la estructura y estamos temerosos de que se caiga también", afirmó Rojas, quien vivía en un sector con cerca de 200 torres residenciales, muchas de las cuales han sido declaradas inhabitables.

Desde el ámbito oficial, el presidente de la Asamblea venezolana, Jorge Rodríguez, informó el jueves que se han localizado a más de 200 personas atrapadas. El balance oficial indica que 2.227 familias han resultado damnificadas y 250 estructuras han sido afectadas o perdidas totalmente. Transcurridas más de 48 horas desde los sismos, las probabilidades de rescatar personas con vida disminuyen drásticamente. Ante este escenario, la ONU y 16 países han enviado aviones con ayuda humanitaria que aterrizarán en los próximos días.

La respuesta institucional ha sido blanco de fuertes críticas. Roison Figuera, vecino de La Guaira, señaló que la coordinación de los primeros auxilios ha recaído principalmente en la propia ciudadanía, ante la ausencia de brigadistas en las calles. Esta percepción es compartida por Luis Carlos, de 58 años, quien calificó los servicios de emergencia como lentos y poco preparados, atribuyendo esta deficiencia a la gestión política de los últimos 27 años.

En Caracas, la experiencia fue distinta pero igualmente angustiante. Christian, un profesor de física de 32 años, relató haber recibido una alarma de Google en su celular mientras se bañaba, la cual ignoró inicialmente hasta que notó el movimiento de una lámpara y de un tanque de agua de 200 litros en su baño. Por su parte, Heillyn, una publicista de 29 años, describió un estado de bloqueo emocional durante el temblor mientras se encontraba en La Trinidad. Tras el primer evento, se refugió en un polideportivo, donde experimentó una réplica inmediata justo al bajar de su vehículo.

La capital venezolana también muestra signos de inestabilidad estructural. José Simón, un político de 60 años, reportó que en los primeros cuatro pisos de los edificios grandes se observan paredes caídas o con fracturas profundas. Como resultado, miles de personas han optado por dormir en plazas, canchas deportivas o dentro de sus propios autos por temor a nuevos colapsos.

Mientras que en Caracas algunos sectores reportan una relativa estabilidad, la situación en La Guaira sigue siendo crítica. Los sobrevivientes denuncian la falta de maquinaria pesada para labores de rescate, lo que ha obligado a los vecinos a intentar salvar a las víctimas con sus propias manos. Los hospitales y clínicas de Caracas han comenzado a recibir a niños y adultos politraumatizados procedentes de La Guaira, subrayando la urgencia de mayor asistencia médica y logística en la zona costera.

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