El Canal de Panamá alcanza este 26 de junio una década de operaciones de su proyecto de ampliación, posicionándose como una de las obras de infraestructura más relevantes del siglo XXI y un motor fundamental para el dinamismo del comercio marítimo a nivel internacional. Esta expansión, que representa la primera gran modificación de la vía interoceánica desde su apertura original en 1914, ha permitido adaptar la ruta a las demandas actuales del transporte global.
Desde el momento de su inauguración oficial en el año 2016, la operatividad de las nuevas esclusas de Agua Clara, ubicadas en el sector del Atlántico, y las de Cocolí, situadas en el Pacífico, ha transformado la capacidad de la vía. A través de estas infraestructuras, han transitado más de 31 mil buques de categoría neopanamax, una cifra que ha superado las proyecciones iniciales y que ha incrementado de manera significativa la capacidad de carga y el flujo de embarcaciones que cruzan el istmo.
El camino hacia esta expansión comenzó formalmente en el año 2006, cuando el proyecto fue sometido a la aprobación ciudadana mediante un referendo. Una vez obtenido el respaldo, las obras se iniciaron oficialmente el 3 de septiembre de 2007. El proceso constructivo se extendió durante nueve años, culminando el 26 de junio de 2016, fecha en la que el buque Cosco Shipping Panama realizó el primer tránsito oficial por las nuevas esclusas, marcando el inicio de una nueva era para la navegación interoceánica.
En términos financieros y técnicos, la magnitud del proyecto fue considerable. La inversión total para llevar a cabo esta expansión superó los 5,250 millones de dólares. El plan de obra incluyó la creación de un tercer carril de navegación, facilitado por la construcción de las mencionadas esclusas de Agua Clara y Cocolí. Además, el proyecto requirió la ejecución de extensas labores de excavación, el desarrollo de infraestructura complementaria y un proceso integral de modernización de los sistemas de la vía.
Desde la perspectiva del capital humano y la gestión, Jorge Quijano, exadministrador de la Autoridad del Canal de Panamá, destacó la complejidad organizativa de la obra. Según Quijano, la construcción involucró la gestión de más de 4,200 contratos distintos. Un aspecto relevante de este proceso fue la participación de la fuerza laboral local, ya que más del 90 % de la mano de obra, que ascendió a unas 30 mil personas, fue de origen panameño.
En cuanto a la capacidad técnica, el proyecto ha demostrado una versatilidad superior a la planeada originalmente. Quijano explicó que el diseño inicial de las nuevas esclusas estaba orientado a atender buques con una capacidad de hasta 12 mil TEU (unidades equivalentes a contenedores de 20 pies). No obstante, la realidad operativa ha superado estas previsiones, permitiendo actualmente el tránsito de embarcaciones con una capacidad de hasta 17,640 TEU. Esto representa un incremento de casi el 47 % por encima de la capacidad que se había previsto en la fase de diseño.
Este incremento en la capacidad operativa ha tenido un impacto directo en el desempeño financiero de la empresa autónoma del Estado. La ampliación ha multiplicado los ingresos y ha optimizado la movilización de carga. Datos suministrados por el Canal de Panamá indican que, en el periodo comprendido entre 2020 y 2025, los buques neopanamax fueron responsables de movilizar entre el 51 % y el 55 % de toda la carga que transitó por la ruta marítima.
El éxito de estas operaciones se refleja en los resultados económicos más recientes. Para el año fiscal 2025, el Canal de Panamá alcanzó ingresos históricos que sumaron 5,705 millones de dólares. Esta cifra representa un crecimiento del 14.4 % en comparación con el período anterior, un resultado impulsado directamente por el aumento en el volumen de tránsitos y la optimización constante de los servicios ofrecidos a las líneas navieras. Con estos resultados, la ampliación se consolida como el pilar del crecimiento económico de la vía interoceánica en la última década.


