Venezuela se enfrenta a una tragedia de dimensiones críticas tras ser azotada por un doble evento sísmico de gran magnitud. Un primer terremoto de 7,2 grados, seguido apenas 39 segundos después por un segundo sismo de intensidad 7,5, ha dejado a su paso cientos de muertos y miles de heridos de diversa gravedad. Mientras numerosas personas permanecen atrapadas bajo los escombros, la emergencia sanitaria ha puesto en evidencia la fragilidad extrema de una infraestructura médica que ya se encontraba debilitada.
El contexto en el que ocurre este desastre natural es el de una "emergencia humanitaria compleja", según explicó el doctor Pedro Javier Fernández, integrante del equipo Médicos Unidos por Venezuela. De acuerdo con Fernández, los hospitales del país carecen de suministros y medicamentos básicos, una situación que ya impedía proporcionar atención médica adecuada en días normales, pero que ahora, ante la magnitud de la tragedia, se vuelve casi imposible de afrontar.
Aunque el Ministerio de Salud de Venezuela informó sobre la activación de una red de ocho hospitales públicos en la Gran Caracas, y se sumó la colaboración de al menos una decena de clínicas privadas, los centros se encuentran colapsados. En La Guaira, una de las regiones más afectadas, el doctor Franklin Rodríguez reportó que los hospitales principales están "completamente desbordados" y enfrentan una escasez crítica de insumos para atender el enorme volumen de lesionados.
La precariedad llega a niveles extremos en diversas localidades. En Tucacas, el Hospital Dr. Lino Arévalo ha sido señalado por la falta total de materiales básicos, incluyendo vendajes simples. En Caracas, la situación es similar; los medios nacionales reportan que los pacientes que acuden a los centros sanitarios deben suministrar sus propios insumos. Casos como el de Jennifer Hidalgo, quien acudió al Hospital Domingo Luciani con su sobrina herida, reflejan esta realidad: se le solicitó traer antibióticos, desinfectantes para suturas, gasas y analgésicos, insumos que la familia no podía costear.
En el Hospital Domingo Luciani, personal médico ha alertado sobre la necesidad urgente de guantes, mascarillas, bisturís, batas quirúrgicas y llaves de tres vías. Esta crisis no es un fenómeno nuevo, sino la exacerbación de un deterioro prolongado. En abril, la Federación Médica Venezolana (FMV) afirmó que el 90% de los hospitales del país estaban desabastecidos y abandonados.
Datos de la última Encuesta Nacional de Hospitales de 2024 respaldan esta crisis, indicando que el índice de desabastecimiento de insumos de quirófano alcanzó el 74%, y que solo 4 de cada 10 quirófanos estaban operativos. Además, el estudio reveló que en el 46% de los hospitales se solicitan pagos extraoficiales a los pacientes para recibir atención, vulnerando el principio de gratuidad de la salud pública. Para el año 2025, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos advirtió que el 91% de los hospitales encuestados exigieron a los pacientes llevar sus propios suministros para cirugías.
A la falta de insumos se suma la crisis de personal. El éxodo migratorio, que ha afectado a más de 8 millones de venezolanos, ha golpeado severamente al sector salud. Según la FMV, más de 42.000 trabajadores sanitarios emigraron para 2023, impulsados por sueldos miserables, la falta de contratación colectiva y la persecución gubernamental. A esto se añaden fallas constantes en los servicios de agua y electricidad, así como el mal estado de camillas y ascensores en los centros hospitalarios.
La ONG Provea registró en 2025 un total de 94.056 denuncias de usuarios del sistema de salud. El 51,5% de estas quejas se centraron en la falta de personal calificado, ausencia de insumos básicos y equipos médicos inoperativos.
En respuesta a la catástrofe, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos anunció la suspensión de algunas sanciones para facilitar las transferencias bancarias y las operaciones de ayuda humanitaria. Mientras tanto, la ayuda externa comienza a llegar desde países como México, Chile, Suiza y Turquía.
No obstante, las labores de rescate siguen siendo deficientes. Debido a la falta de maquinaria especializada para intervenir estructuras colapsadas, muchos voluntarios están intentando liberar a las personas atrapadas utilizando únicamente sus manos. Testimonios desde La Guaira indican que aún se escuchan voces de familias bajo los escombros que esperan desesperadamente ser rescatadas.


