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Argentina cuadruplica exportaciones de carne a EE. UU. mientras el consumo interno cae al mínimo en 20 años

La combinación de precios elevados, menor poder adquisitivo y cambios en los hábitos alimenticios modificó el mapa del mercado cárnico argentino

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Argentina cuadruplica exportaciones de carne a EE. UU. mientras el consumo interno cae al mínimo en 20 años
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Argentina vive una paradoja carnicera: mientras las exportaciones a Estados Unidos se cuadruplicaron, el consumo interno cayó un 6,1 por ciento en mayo, alcanzando su nivel más bajo en dos décadas. Esta crisis doméstica responde a la pérdida del poder adquisitivo y a un encarecimiento del producto que ha desplazado la carne vacuna por opciones más económicas como el pollo y el cerdo. El sector advierte que el problema es estructural, debido a una caída drástica del stock ganadero y a una carga impositiva que representa el 30 por ciento del valor final. Aunque el auge exportador genera divisas esenciales, la recuperación del mercado local dependerá de un incremento en la oferta de ganado y de una mejora real en el salario de los consumidores.

El mercado de la carne vacuna en Argentina presenta actualmente un escenario de contrastes profundos. Mientras que las ventas externas hacia Estados Unidos han experimentado un crecimiento extraordinario, cuadruplicando su volumen, el consumo dentro del territorio nacional ha sufrido un retroceso significativo. Según datos recientes, la demanda interna registró una baja del 6,1% durante el mes de mayo, situándose en el nivel más bajo de las últimas dos décadas.

Este fenómeno pone de manifiesto un cambio estructural en los hábitos alimenticios de la población y una transformación en la dinámica del mercado, impulsada principalmente por el encarecimiento del producto en los mostradores y la agresiva expansión del sector en el ámbito internacional. Ariel Morales Antón, presidente de la Cámara de Matarifes y Abastecedores de la República Argentina, señaló que este incremento en las exportaciones hacia el mercado estadounidense ha sido notable en los últimos meses.

A pesar de la fuerte retracción de la demanda local, que ha impactado directamente en la estructura de consumo de proteínas animales, el sector sostiene que el auge exportador no es la causa de la escasez interna. Morales Antón explicó que los mercados operan con categorías de hacienda diferentes, lo que evita que la exportación "consuma el stock" destinado al consumo doméstico. Para los mercados internacionales se utilizan novillos más pesados, mientras que el consumidor argentino mantiene su preferencia por los cortes provenientes de hacienda liviana.

Desde la perspectiva económica, la apertura de los mercados internacionales es vista como una oportunidad estratégica para el país. La exportación no solo fortalece la posición de Argentina en el comercio global de carnes, sino que genera un flujo esencial de divisas. Un ejemplo claro de esta rentabilidad es la cuota Hilton, que cotiza a USD 25.000 por tonelada, un valor muy superior a los precios históricos internos. En el mercado local, el precio de la carne se ubica entre los USD 12 y 15 por kilo, observándose una tendencia hacia la dolarización de los valores.

Sin embargo, la situación del consumidor interno es crítica. La caída del consumo al nivel más bajo en veinte años se explica, según Morales Antón, por una combinación de pérdida del poder adquisitivo y una falta de oferta ganadera. Esta situación ha consolidado la sustitución de la carne roja por opciones más accesibles, como el pollo y el cerdo. El representante de la Cámara afirmó que, debido al valor actual de la carne, resulta muy difícil para la población mantener los volúmenes de rotación de consumo que se veían en años anteriores.

La falta de oferta ganadera es un problema estructural. Actualmente, Argentina cuenta con un stock de 51 millones de cabezas, cifra que se encuentra muy por debajo del récord de 60 millones alcanzado en el año 2006. Para que el sistema funcione de manera óptima y se eviten las crisis de abastecimiento y precio, el país debería contar con un rodeo de entre 70 y 75 millones de cabezas. Esta reducción del stock general afecta a todas las categorías, incluyendo terneros, vacas con cría, toros y vacas de descarte, lo que limita la disponibilidad de hacienda gorda.

Otro factor determinante en el precio final es la carga impositiva. El sector estima que aproximadamente el 30% del valor del kilo de carne corresponde a impuestos, lo que encarece el producto para el consumidor final. A esto se suman la informalidad y otros costos estructurales. Morales Antón advirtió que si el productor no obtiene la rentabilidad necesaria, no se produce la reinversión, lo que impide que la oferta se recupere a corto plazo.

El análisis del sector también apunta a las consecuencias de políticas previas. Las limitaciones a las exportaciones implementadas en años anteriores habrían provocado la salida de 80.000 productores y la pérdida de 12 millones de cabezas de ganado. Según Morales Antón, la intervención estatal destinada a incrementar la oferta local terminó generando el efecto contrario.

Como señal positiva, el sector observa un récord de más de dos millones de cabezas en feedlots, lo que podría anticipar una mayor oferta en el futuro. No obstante, la baja significativa de los precios y la recuperación del consumo dependerán de un aumento sostenido del stock ganadero y, fundamentalmente, de una mejora en el poder de compra de los ciudadanos. La sostenibilidad del sistema requerirá un equilibrio entre la rentabilidad de la cadena productiva, el consumo interno y la presencia en los mercados internacionales.

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