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Venezuela sufre devastadores terremotos en plena crisis económica y transición política

El terremoto más fuerte que ha azotado Venezuela en más de un siglo no podría haber llegado en peor momento para el país.

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Venezuela sufre devastadores terremotos en plena crisis económica y transición política
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Venezuela sufre los sismos más potentes en un siglo, con magnitudes de 7,5 y 7,2 que han dejado al menos 32 muertos y 700 heridos. La tragedia golpea a una nación en extrema vulnerabilidad, donde la infraestructura colapsada y una crisis humanitaria previa amenazan con multiplicar las pérdidas humanas y materiales. El impacto económico es devastador, con estimaciones de daños que podrían alcanzar los 100.000 millones de dólares, cifra equivalente al tamaño actual de la economía venezolana. Este desastre ocurre en medio de una delicada transición política liderada por la presidenta encargada Delcy Rodríguez, tras el derrocamiento de Nicolás Maduro. Mientras el expresidente Maduro envía mensajes de solidaridad desde su prisión en Nueva York, el gobierno de Donald Trump ha prometido asistencia inmediata. El secretario de Estado, Marco Rubio, ya confirmó el despliegue de equipos de rescate y ayuda humanitaria para enfrentar la emergencia.

Venezuela ha sido azotada por los terremotos más fuertes que han impactado al país en más de un siglo, un desastre natural que llega en un momento de extrema vulnerabilidad para la nación. Los sismos, con magnitudes de 7,5 y 7,2, han dejado un saldo preliminar de al menos 32 personas fallecidas y 700 heridas, según informó la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, quien advirtió que se espera que el número de víctimas aumente.

La emergencia ocurre en un contexto de fragilidad extrema. La economía venezolana, que alguna vez fue pujante, se encuentra debilitada tras años de hiperinflación, corrupción gubernamental, una gestión deficiente del sector petrolero y sanciones lideradas por Estados Unidos. Desde el año 2013, el Producto Interno Bruto (PIB) de la nación se ha contraído aproximadamente un 80 %, a pesar de que el país posee las mayores reservas de petróleo del mundo.

En el ámbito político, Venezuela atraviesa un periodo de transición tras el derrocamiento del expresidente Nicolás Maduro en enero. La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, ha implementado una liberalización económica cautelosa, buscando atraer a compañías petroleras extranjeras y negociar de manera pragmática con Washington para obtener un alivio a las sanciones. No obstante, aunque la producción de petróleo ha mostrado un incremento gradual y las sanciones se han suavizado, la inflación persiste y los salarios siguen siendo insuficientes para la ciudadanía.

La crisis humanitaria previa al desastre era ya alarmante. Según datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), para el año 2025, casi 8 millones de personas —aproximadamente un tercio de la población— requerían asistencia humanitaria. La escasez crónica de artículos de primera necesidad, desde medicamentos genéricos hasta combustible, ya dificultaba el acceso a servicios básicos. En este escenario, los terremotos ejercen una presión adicional sobre una cadena de suministro que ya era precaria.

Desde el punto de vista técnico, la infraestructura del país no está preparada para una crisis de esta magnitud. Años de falta de inversión en servicios públicos han dejado los hospitales, los sistemas eléctricos y el suministro de agua en condiciones deficientes. La Dra. Lucy Jones, sismóloga del Instituto Tecnológico de California, advirtió que los fuertes temblores podrían provocar incendios debido a la rotura de tuberías de gas o daños en los sistemas eléctricos, efectos en cadena que podrían duplicar las pérdidas económicas.

Las estimaciones económicas son devastadoras. El Servicio Geológico de Estados Unidos prevé pérdidas que oscilan entre los 10.000 y los 100.000 millones de dólares. La cifra más alta equivale, aproximadamente, al tamaño total de la economía venezolana actual. Ante esto, el Gobierno enfrenta el desafío de apoyar un sistema de salud que podría verse desbordado y cubrir los costos de reconstrucción mientras aún negocia su regreso a la economía global.

En respuesta a la tragedia, la presidenta Rodríguez declaró el estado de emergencia y anunció la activación de toda la red de salud pública y privada, además de la creación de un grupo de trabajo de alto nivel para supervisar las labores de búsqueda y rescate.

Desde Nueva York, Nicolás Maduro, quien se encuentra encarcelado bajo custodia federal enfrentando cargos de narcotráfico y posesión de armas, expresó su solidaridad a través de Telegram, haciendo un llamado a la "máxima unidad, máxima solidaridad y máxima acción" en un mensaje firmado también por su esposa, Cilia Flores de Maduro. Por su parte, la líder de la oposición María Corina Machado, Premio Nobel de la Paz y residente en el exilio, manifestó su dolor y oraciones por los hogares afectados a través de la plataforma X.

El desastre pone a prueba la relación actual entre Venezuela y Estados Unidos. El presidente Donald Trump, quien ha ensalzado su intervención en el país y su alianza con Rodríguez, afirmó recientemente en un mitin en Pensilvania que Venezuela estaba "muy bien" y que Estados Unidos estaba obteniendo beneficios económicos a través de la extracción de petróleo. Tras los sismos, Trump publicó en Truth Social que su gobierno está "preparado, dispuesto y capacitado para ayudar", instruyendo a sus agencias a actuar con rapidez.

En sintonía con esto, el secretario de Estado, Marco Rubio, confirmó que Estados Unidos desplegará de inmediato recursos médicos, asistencia humanitaria y equipos de búsqueda y rescate. Ahora, la población venezolana aguarda a que estas promesas de ayuda se materialicen en acciones concretas.

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