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Los hilos de Washington en el fracaso de la confederación bolivariana

Los objetivos de dominación política, económica y cultural de nuestros pueblos por el gobierno de los Estados Unidos han sobrevivido hasta nuestros días, refinándose los mecanismos por los cuales estos se ejecutan. Mas si no conocemos cómo históricamente los Estados Unidos se comportaron ante los procesos independentistas de nuestros pueblos, así como frente a sus más elaborados proyectos de unidad, no podemos visualizar en profundidad cuáles son hoy los objetivos del imperio del Norte y cuán importante continúan siendo los sueños que defendieron Bolívar, Martí y otros próceres de Nuestra América. The post Actividad diplomática de los Estados Unidos contra la anfictionía first appeared on Cubadebate .

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Los hilos de Washington en el fracaso de la confederación bolivariana
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Simón Bolívar proyectó la creación de una gran confederación de estados hispanoamericanos para blindar la independencia de la región frente a las ambiciones imperiales. A través del Congreso de Panamá, el Libertador buscó consolidar una alianza defensiva y abolir la esclavitud, aspirando a formar la nación más grande del mundo basada en la libertad y la gloria. Sin embargo, este ideal fue sistemáticamente saboteado por Estados Unidos, que veía en una América Latina unida un obstáculo para su propio dominio regional. Mediante el espionaje, la manipulación diplomática y el apoyo a revueltas internas, Washington coordinó esfuerzos con oligarquías locales y figuras separatistas para fracturar la Gran Colombia y anular el proyecto unitario. El sueño anfictiónico colapsó debido a estas intrigas extranjeras y a las traiciones internas, dejando el camino libre para que, décadas más tarde, los gobiernos latinoamericanos cayeran bajo la influencia directa de Estados Unidos.

Simón Bolívar concibió uno de sus proyectos más ambiciosos: la creación de una gran confederación de estados hispanoamericanos independizados. Para el Libertador, esta unión era la única estrategia viable para garantizar que la independencia alcanzada fuera invulnerable frente a los apetitos imperiales de la época, especialmente aquellos que se vislumbraban provenientes del Norte.

En su Carta de Jamaica de 1815, Bolívar demostró un análisis detallado de la realidad americana, identificando los elementos de unión como el origen, la lengua, las costumbres y la religión. Aunque reconoció que los climas remotos y los intereses opuestos dividían a la región, manifestó su deseo de formar la nación más grande del mundo, no por su extensión, sino por su libertad y gloria, sugiriendo que el Istmo de Panamá fuera el lugar para un congreso augusto.

Para materializar esta visión, Bolívar inició gestiones poco después de fundar la Gran Colombia en 1819. A través de emisarios, negoció tratados de unión, liga y confederación perpetua con Perú en 1822, Chile en 1823, México en diciembre de 1823 y Centroamérica en 1825. Culminando estos esfuerzos, el 7 de diciembre de 1824 convocó oficialmente al Congreso de Panamá, buscando establecer una base fundamental que eternizara la duración de los gobiernos republicanos.

Sin embargo, este proyecto enfrentó un fuerte antagonismo por parte de Estados Unidos. Si bien Washington apoyaba la exclusión de la intervención europea en el hemisferio, se negaba a aceptar una confederación liderada por la Gran Colombia. Joel Roberts Poinsett, diplomático estadounidense en México, calificó como absurdo que el presidente de los Estados Unidos firmara un tratado que lo excluyera de una federación donde él debería ser el jefe.

Las instrucciones entregadas por Henry Clay a los enviados estadounidenses al Congreso de Panamá revelaron una clara animadversión hacia los objetivos de Bolívar. Washington rechazó la idea de un consejo anfictiónico con poderes para decidir controversias entre Estados americanos. Especialmente preocupaba a Estados Unidos la propuesta de una alianza ofensiva y defensiva, ya que esto entorpecería sus ambiciones de dominio sobre América Latina y el Caribe. Clay instruyó a sus representantes para argumentar que tal alianza era innecesaria, dado que el peligro de la Santa Alianza había desaparecido.

Otro punto de conflicto fue la propuesta bolivariana de abolir la esclavitud en todo el territorio confederado. Aunque el Congreso de Panamá aceptó una coordinación tácita y firmó el tratado de Unión, Liga y Confederación Perpetua, este no fue ratificado por la mayoría de los gobiernos, con excepción de Colombia. El tratado especificaba el sostenimiento común de la soberanía e independencia contra cualquier dominación extranjera.

Paralelamente, el proyecto unitario enfrentó fracturas internas en la Gran Colombia. Intereses de oligarquías locales y ambiciones de poder de figuras como José Antonio Páez en Venezuela y Francisco de Paula Santander en Nueva Granada debilitaron la obra de Bolívar. En 1826, Páez encabezó una sublevación separatista, mientras que Santander mantuvo tensiones constantes con el Libertador.

La intervención extranjera se manifestó también a través de William Tudor, encargado de negocios de Estados Unidos en Lima. Tudor estuvo vinculado a la rebelión del sargento Bustamante en 1827, la cual fue apoyada por la aristocracia limeña y celebrada por los santanderistas en Bogotá. Tudor informó que el gobierno de Estados Unidos veía en Santander al hombre clave para enfrentar los planes de Bolívar, a quien consideraba un enemigo peligroso en el futuro debido a su postura abolicionista.

Tudor continuó coordinando conspiraciones, apoyando el movimiento federalista en Guayaquil y la posterior elección de José de La Mar como presidente del Perú. Bajo la influencia de estas intrigas, se produjeron invasiones peruanas al territorio boliviano y al distrito sur de la Gran Colombia entre 1828 y 1829. Aunque Bolívar y el general José María de Córdova vencieron en Popayán, y Sucre derrotó a La Mar en Portete de Tarqui, la estabilidad seguía amenazada.

Incluso el general Córdova fue influenciado para rebelarse contra Bolívar, contando con la participación del cónsul británico Henderson y el ministro estadounidense William Henry Harrison. Documentos de Harrison revelan una red de espionaje articulada que informaba sobre los movimientos de Bolívar y coordinaba revueltas internas.

Finalmente, el ideal anfictiónico de Bolívar terminó en Tacubaya, México, en 1828, sin que los gobiernos ratificaran los acuerdos. El intelectual cubano Francisco Pividal señaló que Estados Unidos demoró 63 años en desvirtuar el ideal del Libertador, conduciendo a los gobiernos latinoamericanos hacia el redil de Washington hasta la Primera Conferencia Americana de 1889.

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