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Sebastia: La batalla por la tierra y la historia en la Ribera Occidental

Durante el último año, Israel ha tomado medidas para expropiar aproximadamente 202 hectáreas de tierras palestinas de propiedad privada en los alrededores de Sebastia, una pequeña aldea palestina con un rico yacimiento arqueológico.

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Sebastia: La batalla por la tierra y la historia en la Ribera Occidental
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Sebastia, un yacimiento milenario en la Ribera Occidental, se ha convertido en el epicentro de una disputa geopolítica entre Israel y Palestina. Mientras la Autoridad Palestina busca el reconocimiento de la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, el gobierno israelí ha expropiado 202 hectáreas de tierras privadas y destinado millones de dólares para transformar el sitio en un polo turístico. Esta acción se enmarca en una estrategia más amplia del gobierno de Benjamin Netanyahu para invertir en sitios de herencia judía y consolidar su control territorial. Expertos y residentes locales denuncian que la arqueología está siendo utilizada como una herramienta de anexión, poniendo en riesgo la economía local y la narrativa histórica de la región.

Desde una remota colina al norte de Nablus, la vista ofrece un panorama detallado de la Ribera Occidental ocupada. El paisaje está marcado por asentamientos israelíes, aldeas palestinas y una red de carreteras sinuosas y puestos de control que actúan simultáneamente como conectores y barreras divisorias. Entre los olivares de la zona, yacen los restos de un pasado milenario que incluye un teatro romano, columnas erosionadas y los vestigios de un antiguo palacio, estructuras que han logrado sobrevivir al paso de diversos imperios.

Este lugar es Sebastia, uno de los yacimientos arqueológicos más complejos de Medio Oriente. En la actualidad, el sitio se ha convertido en un punto crítico de fricción entre las autoridades israelíes y palestinas, quienes disputan no solo la propiedad de la tierra, sino también la gestión del patrimonio y la narrativa histórica que define la región.

En el último año, el Gobierno de Israel ha implementado medidas para expropiar aproximadamente 202 hectáreas de tierras palestinas de propiedad privada situadas en los alrededores de Sebastia, una pequeña aldea palestina que alberga el yacimiento. Para complementar esta acción, el Gobierno israelí ha destinado una inversión de 10 millones de dólares con el objetivo de transformar el sitio en una atracción turística.

En contraposición, la Autoridad Palestina busca urgentemente que Sebastia sea reconocida como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Esta candidatura es objeto de debate este mes por parte de la organización en Corea del Sur. Ambas partes sostienen que la tierra y la historia del lugar les pertenecen.

La profundidad histórica de Sebastia se remonta a al menos 3.000 años. Los arqueólogos identifican el sitio como la antigua Samaria, que fue la capital del reino bíblico de Israel. Posteriormente, Herodes el Grande reconstruyó la ciudad, rebautizándola como Sebastia y añadiendo estructuras monumentales que perduraron a través de los periodos romano, bizantino, árabe y de las Cruzadas. Además, la tradición local en la localidad vecina señala este lugar como el sitio de sepultura de Juan el Bautista.

En la actualidad, estas capas históricas están entrelazadas con el conflicto palestino-israelí. El yacimiento arqueológico se encuentra ubicado en la zona C de la Ribera Occidental, la cual está bajo control civil y de seguridad total de Israel según los Acuerdos de Oslo. Por otro lado, la ciudad adyacente y su infraestructura turística se sitúan en la zona B, que se encuentra bajo una jurisdicción mixta palestino-israelí.

Esta división administrativa genera una creciente preocupación entre los habitantes locales, cuya economía depende estrechamente de la agricultura y el turismo. Los residentes denuncian que ya se les ha impedido realizar labores básicas de conservación en las ruinas ubicadas en la zona controlada por Israel, y temen que la reciente expropiación de tierras elimine por completo su acceso a estas áreas.

Zaid Azhari, promotor turístico local y líder de la campaña “Salvemos Sebastia”, ha expresado que el lugar representa tanto el corazón como la memoria de su comunidad. Azhari advirtió que la orden de confiscación podría paralizar el ciclo económico del pueblo, afectando desde el turismo hasta la cosecha de aceitunas, señalando que la fricción con colonos y soldados ha dificultado la vida cotidiana durante años.

Sebastia forma parte de una estrategia más amplia. Desde 2023, el Gobierno del primer ministro Benjamin Netanyahu ha invertido más de 82 millones de dólares en yacimientos arqueológicos de la Ribera Occidental a través del programa “Camino, Tierra, Patrimonio”. Este proyecto es supervisado por el ministro de Patrimonio, Amichai Eliyahu, del partido de extrema derecha Otzma Yehudit, y se enfoca en sitios con importancia histórica judía, como el Herodium y la Cueva de los Patriarcas de Hebrón, excluyendo mayormente los yacimientos de patrimonio cristiano e islámico.

Netanyahu ha defendido estas inversiones afirmando que busca preservar el pasado judío para asegurar el futuro, llegando incluso a proponer la creación de una “Autoridad del Patrimonio de la Ribera Occidental”. No obstante, funcionarios israelíes indicaron a CNN que dicha legislación fue archivada debido a la posible reacción internacional.

Por su parte, el ministro Eliyahu sostiene que su labor es rescatar sitios abandonados que han sufrido daños y saqueos por parte de los palestinos, afirmando que el territorio pertenece al pueblo judío y que no permitirá que se borre su herencia. Sin embargo, Alon Arad, director de la organización israelí Emek Shaveh, sostiene que el interés del Gobierno no es la preservación, sino el control territorial. Arad afirma que la arqueología está siendo utilizada como una herramienta para la anexión, creando una correlación entre el patrimonio y la soberanía.

Con miles de yacimientos arqueológicos distribuidos por la Ribera Occidental —con estimaciones que varían entre 2.600 y 6.000—, Sebastia ejemplifica una lucha que trasciende el pasado, centrándose en el presente y el futuro del territorio y de quienes viven entre sus piedras.

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