En una operación militar ejecutada en la zona rural de Buenaventura, Valle del Cauca, las Fuerzas Militares lograron dar de baja a alias Marlon, uno de los cabecillas más prominentes de las disidencias de las Farc. El operativo tuvo lugar específicamente en la vereda de San Isidro, en el Pacífico colombiano, poniendo fin a la trayectoria criminal de un hombre que, según el ministro de Defensa, Pedro Sánchez, estuvo vinculado a la organización guerrillera durante 23 años y fue responsable de al menos un centrar de hechos delictivos en el suroccidente del país.
La neutralización de alias Marlon no es considerada como un golpe común contra las estructuras lideradas por alias Iván Mordisco. De acuerdo con expertos en seguridad y análisis del conflicto, su caída representa el desmoronamiento del pilar fundamental que sostenía las operaciones ilegales de Mordisco. Iván Jacobo Idrobo, conocido como Marlon, desempeñaba un rol crítico como comandante del Bloque Occidental y responsable del Bloque Central, posiciones que le otorgaban un control operativo y financiero determinante dentro de la organización.
En términos de capacidad militar, la importancia de Marlon se refleja en las cifras de inteligencia. El Bloque Occidental, bajo su mando, contaba con 2.617 integrantes distribuidos en once grupos armados, destacándose el Frente Dagoberto Ramos con 616 personas y el frente Jaime Martínez con 556 integrantes. A esto se sumaban los 385 combatientes del Bloque Central. En total, alias Marlon coordinaba a aproximadamente 3.000 hombres, lo que representa casi dos terceras partes de la fuerza total de la facción de Mordisco, estimada en 4.200 combatientes.
Gerson Arias, investigador de la Fundación Ideas para la Paz (FIP), señaló que Marlon no era un simple subordinado, sino un socio autónomo de Iván Mordisco. Su autonomía radicaba en el control de las rentas provenientes de la minería ilegal y el narcotráfico en el suroccidente, manteniendo vínculos directos con carteles mexicanos. Gracias a este flujo de recursos, Marlon no dependía del financiamiento de Mordisco; por el contrario, era él quien enviaba hombres y dinero hacia regiones como Guaviare, Meta, Antioquia y el Catatumbo para sostener las guerras de la organización en otras partes del país.
El perfil operativo de Marlon se caracterizó por una combinación de frialdad y modernización tecnológica. Fue el arquitecto de la expansión hacia el norte del Valle y el responsable del “Plan de retoma del Macizo Colombiano” para conectar el eje Cauca-Huila-Putumayo. Uno de sus aportes más disruptivos fue la creación de una fábrica artesanal de drones en el Cauca. Mientras que un dron comercial de ataque puede costar hasta 40 millones de pesos, la estructura de Marlon lograba ensamblarlos por solo 6 millones, con capacidad para cargar hasta seis libras de explosivos. Esta innovación permitió que el 60% de la actividad con drones de la facción de Mordisco se concentrara en sus bloques.
El historial criminal de alias Marlon es extenso y violento. Se le atribuye la responsabilidad de atentados con bombas que aterrorizaron a la ciudad de Cali, incluyendo un camión bomba en 2025 en el barrio La Base que dejó seis muertos y decenas de heridos. Su lista de crímenes incluye la matanza de seis militares en la vereda Munchique el 6 de diciembre de 2022, y la destrucción de subestaciones policiales en Timba y Potrerito, Jamundí, en septiembre de 2023, donde murieron dos civiles. También se le señala por la destrucción de la estación policial de Morales en mayo de 2024 y el ataque al batallón Pichincha en el barrio Meléndez de Cali el 4 de abril del mismo año.
Desde la perspectiva humanitaria, Marlon es señalado como uno de los principales responsables del reclutamiento forzado de niños y niñas en el suroccidente, quienes eran “exportados” como refuerzos a otros frentes en disputa nacional. Además, ejerció una gobernanza criminal en zonas como El Naya, utilizando el dinero del crimen para comprar lealtades comunitarias.
Marlon pertenecía a una generación con menor formación ideológica pero alta capacidad operativa. Formado en el histórico Frente Sexto del Cauca, fue capturado en 2013 por rebelión, hurto y reclutamiento de menores. Aunque firmó el Acuerdo de Paz en 2016 y obtuvo libertad condicionada en 2017, regresó a la clandestinidad a finales de 2018, ascendiendo rápidamente en el mando tras la caída de alias Majin Boo en 2022.
Tras su muerte, el mando de estas estructuras recae ahora en alias Rayo, Jaime Aguilar Ramírez. Rayo es un veterano con casi cuatro décadas de trayectoria, especializado en explosivos y tecnologías aplicadas al conflicto. Anteriormente vinculado al Frente Primero, Rayo pasó por un periodo de distanciamiento de la organización y buscó acogerse a la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), de la cual fue expulsado este mes por incumplimientos. Actualmente es considerado uno de los hombres de confianza de Iván Mordisco y heredará el control de las estructuras Urías Rondón, Dagoberto Ramos, Jaime Martínez, Jhon Toro Arenas, Franco Benavides y Carlos Patiño, entre otras.


