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Emprender para sobrevivir: La joven cubana en Tapachula que encuentra apoyo en las redes sociales

Una joven cubana en Tapachula que vende chicharritas de plátano y otros snacks recibió la visita de una compatriota que la sigue en redes sociales.

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Emprender para sobrevivir: La joven cubana en Tapachula que encuentra apoyo en las redes sociales
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Yenisey Moreno, una joven cubana en Tapachula, ha transformado la venta de snacks caseros en un símbolo de resistencia y solidaridad. A través de Facebook, la emprendedora no solo promociona sus chicharritas de plátano, sino que ha logrado conectar con personas que viajan específicamente para apoyarla, convirtiendo su pequeño puesto callejero en un punto de encuentro humano y emocional. Este caso refleja la cruda realidad de miles de migrantes que, ante la saturación del sistema de asilo en México y la falta de empleos formales, recurren al comercio informal para sobrevivir. Para Yenisey, las redes sociales son la herramienta clave para visibilizar su lucha y motivar a otros compatriotas a emprender con recursos limitados, demostrando que una decisión sencilla puede ser la base de un nuevo comienzo.

En las calles de Tapachula, México, el emprendimiento se ha convertido en una herramienta fundamental de supervivencia para cientos de migrantes. Un ejemplo reciente y conmovedor es el de Yenisey Moreno, una joven cubana que ha logrado transformar la venta de snacks caseros en un punto de encuentro y solidaridad, gracias al impulso de las plataformas digitales.

Yenisey se dedica a la venta de chicharritas de plátano, hojuelas y palomitas de maíz en un pequeño puesto callejero. Recientemente, la joven vivió una experiencia que describió como un momento donde sintió el «corazón llenito». Su negocio recibió la visita de una pareja compuesta por una mujer cubana y un hombre mexicano, quienes viajaron hasta su puesto motivados por el contenido que Yenisey comparte en sus redes sociales.

A través de su perfil de Facebook, Moreno documenta su día a día como emprendedora migrante, compartiendo los retos y logros de su actividad económica. Tras el encuentro, la joven expresó su sorpresa y gratitud, manifestando que nunca imaginó que las personas llegarían hasta su «puestecito» únicamente por seguirla y brindarle su apoyo. Para Yenisey, conocer a quienes la siguen en el entorno digital y convertir esa conexión en un vínculo real ha sido una experiencia profundamente emocionante.

El producto estrella de su emprendimiento son las chicharritas de plátano, las cuales consisten en rebanadas finas de plátano verde que son fritas hasta alcanzar un tono dorado y una textura crujiente. Yenisey prepara estos productos en su hogar antes de llevarlos a la calle para su venta. Para ella, este proyecto ha sido una de las mayores satisfacciones personales que ha obtenido desde su llegada a Tapachula.

Más allá de la generación de ingresos, la joven ha asumido un rol motivador para otros compatriotas que se encuentran en situaciones similares. Yenisey utiliza su plataforma para animar a otros migrantes a apostar por ideas de negocio sencillas y accesibles, subrayando que no siempre es necesario contar con grandes capitales para empezar. Según su reflexión, muchas personas creen que requieren proyectos enormes para generar ingresos, cuando en realidad es posible iniciar desde casa con recursos limitados.

Este caso no es un hecho aislado, sino que refleja la realidad de una numerosa comunidad cubana asentada en Tapachula. Muchos de estos migrantes se encuentran en un estado de incertidumbre jurídica mientras tramitan su situación migratoria ante la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR). Debido a la saturación del sistema y la demora en los trámites, muchos se ven imposibilitados de acceder a empleos formales, lo que los empuja hacia el autoempleo informal como única estrategia de supervivencia.

La situación en Tapachula es crítica en términos administrativos. Según datos citados de La Jornada, esta ciudad concentra más del 60% de las peticiones de refugio de todo México, lo que ha provocado una saturación crónica del sistema de asilo y esperas prolongadas para los solicitantes. En este contexto de limbo migratorio, el comercio informal de alimentos y productos básicos se vuelve la vía principal para sostenerse.

Existen otros precedentes de este fenómeno. En febrero de 2024, se dio a conocer el caso de Tania Anaya, una cubana de 53 años que instaló un puesto de pan con pollo y café cubano frente a las instalaciones de la COMAR, vendiendo sus productos mientras aguardaba una respuesta a su solicitud de asilo.

En este escenario, las redes sociales han dejado de ser meros espacios de ocio para convertirse en herramientas clave de visibilidad y soporte. Para emprendedoras como Yenisey, estas plataformas permiten construir una audiencia y conectar con personas, tanto locales como compatriotas, que respaldan sus iniciativas. La joven reflexiona que el alcance de las redes puede ser inesperado y que la conexión real con otros seres humanos es algo que «no tiene precio».

Finalmente, el fenómeno evidencia la fuerte cohesión de la comunidad cubana en México, que tiende a agruparse según sus provincias de origen y a construir redes de solidaridad cotidiana. El gesto de la pareja que visitó a Yenisey es un ejemplo de cómo los compatriotas buscan activamente apoyar los negocios de otros cubanos. Para Yenisey Moreno, todo este proceso se resume en una filosofía de vida: «Todo gran comienzo inicia con una decisión».

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