En el marco de las celebraciones por el aniversario de la Revolución del 25 de mayo, el tradicional Te Deum se convirtió en el escenario de una nueva y evidente tensión entre la Iglesia católica y el Gobierno nacional. El arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge Ignacio García Cuerva, aprovechó la ceremonia para dirigir un discurso cargado de críticas y reflexiones hacia el presidente Javier Milei, quien estuvo presente en la Catedral.
La relación entre el Poder Ejecutivo y la máxima autoridad eclesiástica de la capital continúa profundizando su distanciamiento. Este clima de tensión se ve alimentado no solo por las diferencias ideológicas, sino también por la percepción de inacción ante las internas políticas dentro de la Casa Rosada, situaciones que, según el análisis del contexto, detienen la toma de decisiones fundamentales para la ciudadanía en un momento de aguda crisis económica.
En este escenario, la Iglesia católica ha mantenido una postura crítica y reiterada contra diversas acciones del Gobierno nacional. El núcleo de los reclamos reside en la necesidad imperiosa de atender las problemáticas que afectan a los sectores más vulnerables de la sociedad argentina. Mientras el arzobispo ha pedido repetidamente que se deje de lado la mezquindad política, el entorno gubernamental ha estado marcado por conflictos internos, destacándose el hecho de que Javier Milei haya dejado sin lugar a su vicepresidenta tras acusaciones de traición que no han sido concretadas ni explicadas detalladamente.
Un punto central y simbólico de la jornada fue la elección de la lectura bíblica. Antes de iniciar su sermón, García Cuerva decidió apartarse de la lectura del día, que relataba un momento de la Pasión según San Juan, para optar por un pasaje del Evangelio según San Marcos. En este texto, se narra la historia de Jesús sanando a un paralítico en Cafarnaúm, quien fue llevado ante él por cuatro hombres que, ante la multitud, levantaron el techo de la casa para descolgar la camilla del enfermo.
Esta decisión textual no fue casual. Para la Iglesia, la figura del paralítico y la acción de quienes lo ayudan representan una analogía directa con la situación actual del país. Específicamente, el texto señala que los recortes en el área de discapacidad son uno de los temas prioritarios de preocupación para la institución religiosa, sumándose a la crítica situación que atraviesan los jubilados y otros sectores castigados por las políticas gubernamentales. A pesar de que algunos referentes eclesiásticos podrían mostrar preferencias personales hacia Milei frente a otros signos políticos, la postura oficial del arzobispado se mantiene firme en la defensa de los derechos sociales.
El sermón de García Cuerva fue descrito como "quirúrgico", centrándose en una denuncia contra la denominada "cultura del descarte". El arzobispo subrayó que esta problemática no es exclusiva de un gobierno, sino que atraviesa todas las ideologías actuales, aunque dedicó una parte sustancial de su mensaje a interpelar la gestión nacional.
"No es cuestión de buscar rápidamente responsables, que, con sinceridad, y cada uno desde su lugar, un poco somos todos, sino en tomar conciencia que tenemos la enorme responsabilidad de ayudar a curar tantas parálisis personales, familiares, y también sociales", señaló el arzobispo, haciendo referencia a la actitud solidaria de los cuatro hombres que ayudaron al paralítico en el Evangelio.
García Cuerva enfatizó que aquellos que tienen la capacidad de caminar deben ser solidarios con el dolor ajeno. "La vida seguramente les dio más oportunidades, y por eso fueron más sensibles frente al paralítico. No lo dejaron tirado, porque nadie es descartable, nadie es desechable, todos somos importantes, comenzando por los abuelos, los niños, los enfermos, los discapacitados, los adolescentes y jóvenes atravesados por la droga, los trabajadores informales y precarizados, y tantos más", sentenció el prelado.
Hacia el final de su intervención, el arzobispo planteó la necesidad de adoptar cuatro roles fundamentales para superar la crisis actual: el actor del diálogo, que busca consensos en la diversidad; el actor de la amistad social, que rechaza la polarización y la división bajo la premisa de que "nadie se salva solo"; el actor de la esperanza, que motiva a los argentinos que realizan esfuerzos diarios; y el compromiso con el bien común. Para García Cuerva, estos cuatro pilares —bien común, diálogo, amistad social y esperanza— son los acuerdos fundamentales capaces de cargar lo que hoy mantiene paralizado tanto al pueblo como a la clase dirigente argentina.


