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Cuba abre la puerta a negociar "todo" con EE. UU. en medio de crisis y presiones judiciales

El embajador cubano ante la ONU declaró al NYT que La Habana negociará «todo» con Washington sin tabúes, contradiciendo la postura de Díaz-Canel de un mes atrás.

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Cuba abre la puerta a negociar "todo" con EE. UU. en medio de crisis y presiones judiciales
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Cuba rompe su narrativa oficial y se muestra dispuesta a negociar todo con Estados Unidos, según afirmó el embajador Ernesto Soberón Guzmán al New York Times. Este giro contradice la postura previa del presidente Díaz-Canel y ocurre en un momento de máxima tensión, marcada por una crisis energética crítica y la caída drástica del suministro de petróleo venezolano. Washington condiciona el diálogo a reformas políticas, la liberación de presos y el cese de la influencia de Rusia y China en la isla. Mientras tanto, el régimen cubano rechaza las lecciones de democracia y califica de insultantes las condiciones para recibir ayuda humanitaria, aunque ve posibles acuerdos en migración, turismo y salud. El escenario se agrava con cargos judiciales de Estados Unidos contra Raúl Castro y duras críticas de Marco Rubio hacia el control económico de GAESA. Entre el colapso interno y la presión exterior, La Habana busca alivio urgente sin ceder el control político del sistema.

En una declaración que marca un giro en la narrativa oficial de La Habana, el embajador cubano ante las Naciones Unidas, Ernesto Soberón Guzmán, afirmó en una entrevista concedida al New York Times que Cuba está dispuesta a negociar «todo» con el gobierno de Estados Unidos, asegurando que no existen temas tabú para entablar conversaciones. El diplomático subrayó que este acercamiento debe basarse en los principios de reciprocidad e igualdad.

Este anuncio resulta particularmente llamativo debido a la contradicción directa con la postura expresada por el presidente Miguel Díaz-Canel hace apenas un mes. En aquella ocasión, el mandatario cubano había descartado tajantemente cualquier negociación relacionada con cambios políticos en la isla, enfatizando en repetidas ocasiones que «no hay negociación». A pesar de la apertura mostrada por Soberón Guzmán, el embajador no proporcionó detalles específicos sobre qué reformas económicas o modificaciones al sistema político —caracterizado por un partido único y la ausencia de prensa libre— estaría dispuesto a aceptar el régimen.

La entrevista, la primera concedida por un funcionario cubano en ejercicio al New York Times en varios años, ocurre en un contexto de alta tensión. Soberón Guzmán utilizó el espacio para criticar la retórica de la administración Trump, señalando que declaraciones sobre «tomar Cuba» no contribuyen a generar un clima de confianza ni de diálogo. El diplomático calificó estas expresiones como «retórica belicista» y sostuvo que Washington está construyendo pretextos para justificar una posible agresión militar contra la isla. Según el embajador, el objetivo de conceder la entrevista es transmitir al público estadounidense que Cuba busca la paz y la cooperación, pese a la intensificación de la campaña de presión de Washington.

Esta presión se ha manifestado recientemente en el ámbito judicial y político. Este mismo miércoles, fiscales de Estados Unidos presentaron cargos formales contra Raúl Castro, vinculándolo a la orden de derribar dos avionetas de la organización Hermanos al Rescate el 24 de febrero de 1996, acción que resultó en la muerte de cuatro personas, incluyendo a tres ciudadanos estadounidenses. Simultáneamente, el secretario de Estado, Marco Rubio, publicó un video dirigido al pueblo cubano en el que responsabiliza al conglomerado militar GAESA, que controla hasta el 70% de la economía isleña, de la crisis actual. Rubio afirmó que el saqueo de miles de millones de dólares por parte de quienes controlan el país es la verdadera razón de la falta de electricidad, combustible y alimentos.

Ante estas acusaciones, Soberón Guzmán calificó las palabras de Rubio como un «insulto a la inteligencia humana». El diplomático atribuyó la grave crisis energética a las consecuencias del embargo y el bloqueo de petróleo impuesto por Estados Unidos. Esta situación ha provocado apagones que alcanzan hasta las 22 horas diarias, una escasez crítica de alimentos y un mercado negro donde el galón de gasolina supera los 40 dólares.

En el ámbito de la ayuda humanitaria, la administración Trump ha ofrecido 100 millones de dólares en medicinas y alimentos. Sin embargo, esta oferta está condicionada a que la distribución sea gestionada por la Iglesia Católica u organizaciones de confianza, excluyendo al gobierno cubano. Aunque el embajador indicó que Cuba planea aceptar la ayuda, también calificó la condición impuesta como un «insulto».

El panorama diplomático se ha vuelto más complejo tras la visita de la semana pasada del director de la CIA, John Ratcliffe, a La Habana. Durante su encuentro, Ratcliffe exigió reformas económicas fundamentales y demandó que Cuba bloquee las operaciones de inteligencia de Rusia y China en el territorio nacional. Por su parte, Soberón Guzmán identificó áreas donde sí ve posible la cooperación, tales como la migración, el turismo, la agricultura, la producción de medicamentos y el combate al narcotráfico.

No obstante, el embajador rechazó tajantemente que Estados Unidos pueda dar lecciones de democracia a Cuba. En su respuesta, criticó el sistema electoral estadounidense, la redistribución de distritos y la influencia de los grandes donantes en la política de Washington, sentenciando que ese modelo de democracia no interesa a Cuba.

Finalmente, el contexto interno de la isla se ha visto agravado por la captura de Nicolás Maduro, lo que interrumpió el suministro de petróleo venezolano. Esto ha provocado que las importaciones energéticas de Cuba se reduzcan entre un 80% y un 90%, intensificando la desesperación del régimen por encontrar alivio externo. Mientras tanto, Washington mantiene un ultimátum basado en la liberación de presos políticos de alto perfil como condición indispensable para avanzar en las negociaciones, una demanda que el régimen cubano rechaza al considerar que se trata de asuntos internos.

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