LA HABANA, 18 de mayo de 2026. En el complejo escenario de las relaciones internacionales contemporáneas, ha cobrado especial relevancia un concepto teórico conocido como la «trampa de Tucídides». Este término se utiliza para describir una dinámica de conflicto que surge cuando una potencia en ascenso comienza a amenazar el desplazamiento de una potencia ya establecida en el sistema global.
El origen de esta premisa se encuentra en la obra Historia de la Guerra del Peloponeso, redactada por el general e historiador ateniense Tucídides en el siglo V a.C. En su análisis sobre el enfrentamiento entre Atenas y Esparta, Tucídides sostuvo que la guerra no fue el resultado de causas superficiales, sino que fue inevitable debido al crecimiento del poder ateniense y el temor que dicho ascenso generó en Esparta.
Desde una perspectiva analítica, este dilema se manifiesta a medida que una potencia emergente incrementa su capacidad económica, militar y política. Este crecimiento es percibido por la potencia dominante no como un proceso natural de desarrollo, sino como una amenaza existencial a su hegemonía. Esta percepción desencadena una espiral de desconfianza mutua entre ambas naciones.
El proceso de escalada suele seguir un patrón determinado: la potencia dominante puede optar por un rearmamento acelerado o la implementación de medidas preventivas para frenar el ascenso del otro. Por su parte, la potencia emergente se prepara para defender su crecimiento o para desafiar directamente el poder establecido. Según la teoría, el resultado de esta interacción suele ser la guerra, incluso en escenarios donde ninguna de las partes deseaba inicialmente un enfrentamiento armado.
El politólogo Graham Allison fue quien popularizó este término en su obra Destined for War, publicada en 2017. En dicho libro, Allison analiza la relación actual entre Estados Unidos y China, apoyándose en un estudio documental de 16 casos históricos de pares dominante-ascendente ocurridos en los últimos 500 años. De estos casos analizados, el autor documentó que 12 terminaron en guerra, lo que subraya la peligrosidad de esta dinámica.
No obstante, el análisis de Allison también indica que este dilema no representa una sentencia ineludible. La posibilidad de evitar la guerra reside en la implementación de un liderazgo sabio, la creación de instituciones adecuadas y el establecimiento de mecanismos efectivos de cooperación entre las potencias involucradas.
Esta advertencia teórica fue llevada al plano diplomático recientemente por el presidente de la República Popular China, Xi Jinping. Durante una cumbre celebrada con Donald Trump, el mandatario chino advirtió expresamente sobre la importancia de no caer en la «trampa de Tucídides». Esta referencia refleja una preocupación estratégica profunda sobre las dinámicas de poder en el sistema internacional, especialmente en el contexto de las tensiones crecientes entre ambas naciones. Xi Jinping utilizó este marco histórico para enfatizar que el conflicto no es un destino inevitable y que China y Estados Unidos deben trabajar conjuntamente para evitar una confrontación que resultaría perjudicial para ambos países.
En contraste con la relación simétrica entre potencias, el caso de Cuba presenta una dinámica distinta. En la relación entre Washington y La Habana, no existe una lucha entre pares, sino una asimetría abrumadora. Desde esta perspectiva, la amenaza que el gobierno de los Estados Unidos alega respecto a Cuba es, en realidad, una construcción narrativa utilizada para justificar la agresión histórica ejercida contra la Isla.
Para evitar que se caiga en este tipo de trampas políticas y estratégicas, resulta crucial que cesen las amenazas provenientes de Estados Unidos contra Cuba, así como los intentos de intimidación. La estabilidad, tanto en la región como en el sistema internacional, depende de que todas las partes involucradas busquen soluciones basadas en el diálogo y la cooperación, priorizando la razón sobre la coacción.


