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Washington D.C. – Altos funcionarios de la administración Trump se enfrentaron el miércoles a un intenso escrutinio en una audiencia ante la Comisión de Inteligencia del Senado, ofreciendo testimonios que, en repetidas ocasiones, contradijeron o no respaldaron las afirmaciones del presidente sobre la escalada de tensiones con Irán. La audiencia, la primera de su tipo desde el inicio de las hostilidades hace tres semanas, se produjo tras la sorprendente dimisión del director del Centro Nacional de Contraterrorismo, Joe Kent, quien sugirió que la administración había tergiversado la amenaza que representaba Irán.
La principal preocupación de los legisladores era la discrepancia entre las declaraciones públicas de la administración Trump y la evaluación de la inteligencia. Funcionarios clave como Tulsi Gabbard, Directora de Inteligencia Nacional; John Ratcliffe, Director de la CIA; y Kash Patel, Director del FBI, fueron presionados para que aclararan las afirmaciones a menudo confusas y contradictorias del gobierno. Bajo pena de perjurio, estos funcionarios se vieron obligados a responder preguntas directas sobre la justificación de la guerra y la inteligencia subyacente que la respaldaba.
El testimonio reveló profundas divisiones dentro de la administración y puso en duda la credibilidad de las afirmaciones del presidente Trump. En relación con el programa nuclear iraní, Trump ha insistido en que Irán estaba “intentando reconstruir su programa nuclear” después de los ataques de junio, incluso afirmando en su discurso del Estado de la Unión que estaban “empezando todo de nuevo”. El asesor de la Casa Blanca, Steve Witkoff, fue aún más lejos, sugiriendo que Irán estaba “probablemente a una semana de tener material de grado industrial para fabricar bombas”.
Sin embargo, la Directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard, presentó una narrativa radicalmente diferente. En su declaración inicial preparada, Gabbard afirmó que “como resultado de la Operación Midnight Hammer (en junio), el programa de enriquecimiento nuclear de Irán fue aniquilado” y que “no ha habido trabajos desde entonces para tratar de reconstruir su capacidad de enriquecimiento”. Aunque Gabbard no leyó esta parte de su declaración inicial, cuando se le preguntó si esa seguía siendo la evaluación de la comunidad de inteligencia, respondió afirmativamente.
La discrepancia se extendió a las afirmaciones de Trump sobre el desarrollo de misiles balísticos intercontinentales (ICBM) por parte de Irán. El presidente afirmó que Irán estaba construyendo ICBM que “pronto llegarían a Estados Unidos de América”. Sin embargo, la inteligencia estadounidense ha mantenido una postura más cautelosa. Gabbard reiteró una evaluación previa de que Irán “podría usar” tecnología existente “para comenzar a desarrollar un ICBM militarmente viable antes de 2035 si Teherán intentara perseguir esa capacidad”. Cuando el senador Tom Cotton, de Arkansas, citó estimaciones de otros analistas que sugerían que Irán podría tener un ICBM en tan solo seis meses, Ratcliffe se negó a confirmar ese plazo, afirmando que, si se les dejara sin impedimentos, “tendrían la capacidad de hacer que los misiles alcanzaran el territorio continental de EE.UU.”.
Además, Gabbard no respaldó la afirmación de Trump de que ningún experto había predicho que Irán respondería atacando a sus vecinos del Golfo. Irán había hablado públicamente sobre esa posibilidad, y no era un secreto. Cuando se le preguntó sobre la afirmación de Trump, Gabbard evitó responder directamente, alegando no estar “al tanto de esos comentarios”.
El tema central de la audiencia fue si Irán representaba una amenaza “inminente” que justificara una respuesta militar. La administración Trump ha ofrecido una serie de justificaciones, muchas de las cuales han sido cuestionadas. La dimisión de Joe Kent, quien afirmó que Irán no representaba una amenaza inminente, añadió peso a las dudas. Gabbard, aunque se mostró reacia a emitir un juicio definitivo, planteó la cuestión como una decisión que correspondía al presidente tomar.
La audiencia no aportó pruebas convincentes de que la inteligencia respaldara la afirmación de una amenaza inminente. Gabbard respondió a una pregunta del senador Jon Ossoff, de Georgia, sobre si la inteligencia mostraba una “amenaza nuclear inminente” con la afirmación de que “la única persona que puede determinar qué es y qué no es una amenaza es el presidente”. Ossoff rechazó esta postura, argumentando que la comunidad de inteligencia tiene la responsabilidad de hacer tales determinaciones de forma independiente.
El Director de la CIA, John Ratcliffe, reconoció los ataques respaldados por Irán contra estadounidenses en la región, describiéndolos como una amenaza “inmediata”. Sin embargo, también admitió que no estaba de acuerdo con la evaluación de Kent sobre las capacidades de Irán. Ratcliffe enfatizó que la amenaza se centraba en ataques contra estadounidenses en Medio Oriente, no en ataques contra el territorio continental de Estados Unidos.
Los demócratas de la comisión se mostraron cautelosos a la hora de apoyarse demasiado en el relato de Kent, debido a su historial de asociación con extremistas de derecha y sus acusaciones de que Israel estaba detrás de varias guerras en la región. En cambio, se centraron en las contradicciones entre las afirmaciones de la administración y la evaluación de la inteligencia.
Un asunto adicional que surgió durante la audiencia fue la presencia de Tulsi Gabbard en un registro del FBI en una oficina electoral del condado de Fulton, Georgia, hace dos meses. La razón de su presencia sigue siendo poco clara, y la Casa Blanca ha ofrecido explicaciones contradictorias. Gabbard afirmó que Trump la envió para “ayudar a supervisar” el registro, pero Trump y otros funcionarios se distanciaron de esa afirmación.
La audiencia del miércoles dejó más preguntas que respuestas. La falta de respaldo de los funcionarios de inteligencia a las afirmaciones del presidente Trump ha generado dudas sobre la justificación de la guerra con Irán y ha puesto de manifiesto las tensiones internas dentro de la administración. La situación sigue siendo fluida y es probable que se desarrollen más detalles en los próximos días y semanas. La credibilidad de la administración Trump, ya erosionada, ha sufrido un nuevo golpe, y el futuro de las relaciones entre Estados Unidos e Irán sigue siendo incierto.


