La película “La Voz de Hind Rajab”, dirigida por la cineasta tunecina Kaouther Ben Hania, ha desatado una tormenta de controversia y reflexión en el panorama cinematográfico internacional, exponiendo la brutalidad del conflicto israelí-palestino de una manera visceral y desgarradora. La dificultad para encontrar distribución en Estados Unidos, a pesar del reconocimiento en festivales y la participación de figuras prominentes de Hollywood como Brad Pitt y Joaquin Phoenix, subraya la sensibilidad política que rodea la narrativa palestina y la resistencia a mostrar al mundo la humanidad de aquellos que son demonizados en la guerra.
La película se centra en la historia real de Hind Rajab, una niña de seis años atrapada en un coche en Gaza, rodeada de los cuerpos de sus familiares asesinados por fuego israelí. A través de la recreación de las llamadas desesperadas de Hind y su prima Layan a los servicios de emergencia de la Media Luna Roja Palestina (MLRP), la película desmantela las capas de retórica y propaganda para exponer la lucha fundamental entre el ocupante israelí y los ocupados. No se trata simplemente de un conflicto territorial, sino de una antigua batalla entre las fuerzas de la vida y la muerte, donde la crueldad y la falta de humanidad del poder se enfrentan a la empatía y la compasión de los desposeídos.
El 29 de enero de 2024, el ejército israelí ordenó la evacuación del barrio de Tel al-Hawa en Gaza. Seis miembros de la familia Hamadeh, junto con Hind, intentaron huir en un vehículo Kia negro. No llegaron lejos. Un tanque israelí disparó contra el coche, matando a todos los ocupantes excepto a Hind y a su prima Layan, de 15 años. Layan logró contactar con la MLRP, transmitiendo un mensaje escalofriante: “Nos están disparando. El tanque está a mi lado”. Los disparos que siguieron, 62 en seis segundos, silenciaron su voz, dejando a Hind sola, atrapada en el vehículo con los cuerpos de sus seres queridos.
Durante las siguientes tres horas, los equipos de emergencia de la MLRP lucharon desesperadamente por obtener permiso de las autoridades israelíes para enviar una ambulancia a rescatar a la niña. La película se centra en la frustración, la desesperación y las esperanzas de los socorristas, que se enfrentan a la imponente burocracia de la ocupación israelí. En lugar de recrear el horror visual de la escena, la película utiliza el espectrograma de la voz de Hind, la grabación de sus llamadas telefónicas, para contar la historia.
La atención se centra en los trabajadores de la MLRP, que intentan tranquilizar y consolar a Hind, suplican a la Cruz Roja y al Ministerio de Salud palestino que intercedan ante la COGAT (Coordinación de Actividades Gubernamentales en los Territorios), una unidad del Ministerio de Defensa israelí, para permitir el paso de la ambulancia. La línea telefónica con Hind se corta repetidamente, aumentando la angustia de los socorristas, que temen lo peor.
La película expone la impotencia y el trauma de los equipos de rescate, que viven bajo la bota humillante y opresiva de la ocupación israelí. Publican en redes sociales audios de las llamadas y fotografías de Hind, con subtítulos en inglés, con la esperanza de provocar la indignación internacional. Sin embargo, como ocurre con otros genocidios, los gobiernos occidentales permanecen indiferentes ante la masacre de palestinos, incluidos los niños.
Mientras Hind está en la línea, se escuchan ráfagas de disparos. Rana al-Faqih, otra operadora de la MLRP, le asegura a Hind que la rescatarán y la ayuda a recitar versos del Corán para calmarla. “Tengo mucho miedo”, dice Hind. “Por favor, ven, sácame de aquí”. El coche donde Hind se refugia está cerca de la gasolinera Fares. La ciudad de Gaza se sume en la oscuridad. “Tengo miedo a la oscuridad”, le dice Hind a Rana. “¿Hay disparos a tu alrededor?”, pregunta Rana. “Sí”, responde Hind. “Ven a buscarme, por favor”.
Después de tres horas, el ejército israelí da permiso a los paramédicos para rescatar a Hind, proporcionándoles un mapa de la ruta que debe tomar la ambulancia. “¡Hind!”, grita Omar por teléfono. “En un minuto el coche te alcanzará. Se está acercando lentamente”. Los paramédicos de la ambulancia, Ahmed al-Madhoun y Yusuf Zeino, se acercan a la zona. Se sitúan a 50 metros del vehículo. “¿Puedes ver el auto?”, pregunta un operador. “No puedo ver nada desde aquí”, responde un paramédico. “¿Tienes la sirena y las luces intermitentes encendidas?”, pregunta el operador de radio. “Solo las luces, no la sirena… oh, ahí está…”
De repente se oyen disparos y explosiones. Ya no se puede contactar con los paramédicos. Omar le pregunta a Hind si oyó una explosión. Ella responde que sí. “Tengo mucho miedo, por favor ven”, suplica Hind una y otra vez. Hay un largo período de silencio. “¿Por qué no hablas?”, le pregunta Rana a Hind. “No hablo porque me sangra la boca”, dice Hind. “Límpiala con la mano y luego dime si todavía estás sangrando”, dice Rana. “No quiero ensuciarme la camisa para no enfadar a mi mamá”, responde Hind. “Está bien, límpiate la boca y yo te la lavaré, cariño”, le dice Rana. “Está bien”, dice Hind. Su voz se desvanece por última vez.
Wissam, la madre de Hind, espera ansiosa en el hospital, buscando desesperadamente a su hija en cada ambulancia que llega. Los israelíes acordonan Tel al-Hawa. Los palestinos no logran llegar al coche hasta 12 días después. Cuando finalmente entran en la zona, encuentran la carrocería calcinada de la ambulancia enviada para rescatar a Hind. Para entonces, Israel ya había destruido 80 ambulancias y asesinado a sus equipos. Encuentran el cuerpo descompuesto de Hind en la parte trasera del coche, junto a sus familiares. Hay 335 impactos de bala en el coche y las ventanas están destrozadas.
La película plantea preguntas inquietantes sobre los últimos pensamientos de Hind, si vio las luces de la ambulancia, si creyó que la rescatarían, si vio cómo los proyectiles del tanque destrozaban la ambulancia y mataban a los paramédicos. ¿Gritó de dolor? ¿Sobrevivió un tiempo, ensangrentada y herida, como su prima Layan? ¿Se dio cuenta de que no la salvarían? ¿Pronunció alguna última palabra, sola, en medio de la oscuridad y el horror?
“La Voz de Hind Rajab” nos recuerda que la indiferencia es complicidad. Se burla de la retórica utilizada para deshumanizar a los palestinos, desmonta la tiranía mezquina y letal de la ocupación militar, ilustra la impotencia, la indignidad y la violencia salvaje de la ocupación, y expone la naturaleza fundamental de la guerra y el genocidio. Es un testimonio de lo que es bueno y lo que es malo, y nos exige que hagamos una elección. La película no es solo un relato cinematográfico, sino un grito de auxilio, una acusación contra la inacción y una llamada a la humanidad.


