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Jóvenes Atrapados: La Independencia, un Sueño Imposible en Argentina

El acceso a la vivienda se convirtió en una barrera cada vez más difícil de superar: con alquileres que rondan los $500.000 y salarios promedio que no alcanzan para cubrir los gastos básicos, la falta de crédito y la informalidad laboral consolidan una tendencia que ya afecta a todo el país

Jóvenes Atrapados: La Independencia, un Sueño Imposible en Argentina

Buenos Aires, Argentina – Cuatro de cada diez jóvenes argentinos entre 25 y 35 años se encuentran imposibilitados de independizarse, una alarmante tendencia que se consolida como un problema nacional de gran envergadura. La dificultad para acceder a una vivienda digna, el constante aumento de los alquileres y la virtual inexistencia de créditos hipotecarios accesibles se erigen como los principales obstáculos que impiden a una generación alcanzar la autonomía económica y habitacional.

La politóloga especializada en políticas urbanas, María Migliore, advirtió en su reciente participación en “Infobae en Vivo A las Nueve” que esta situación trasciende las fronteras de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, extendiéndose a ciudades de todo el país y agravándose progresivamente en la última década. La imposibilidad de independizarse no es un fenómeno exclusivo de ciertos estratos sociales, sino que afecta a jóvenes de diversas clases sociales y regiones, evidenciando una crisis estructural en el acceso a la vivienda.

El análisis de Migliore, respaldado por datos de la Fundación Tejido Urbano, revela una compleja combinación de factores económicos y sociales que contribuyen a esta problemática. Los salarios de los jóvenes, en gran medida, no logran mantenerse al ritmo de la inflación y el aumento exponencial de los alquileres. La escasez de empleos formales y la alta informalidad laboral dificultan el cumplimiento de los requisitos exigidos para acceder a un contrato de alquiler o, en su defecto, a un crédito hipotecario.

La disparidad entre los ingresos y los costos de vivienda es particularmente preocupante. En la Ciudad de Buenos Aires, un monoambiente puede superar los $500.000 mensuales a principios de 2026, mientras que el salario promedio de un joven ronda los $900.000. Esta situación obliga a destinar más del 50% de los ingresos mensuales al pago del alquiler, dejando un margen limitado para el ahorro y la planificación de un futuro autónomo.

La falta de acceso a un contrato de alquiler también se ve agravada por la exigencia de garantías y la dificultad para encontrar garantes, requisitos que excluyen a una parte importante de la población joven. Además, el porcentaje de crédito hipotecario sobre el Producto Interno Bruto (PIB) en Argentina es prácticamente inexistente en comparación con países vecinos como Chile o Brasil, lo que limita aún más las posibilidades de adquirir una vivienda propia.

Migliore enfatizó que, a diferencia de otras generaciones, la independencia económica y habitacional se ha convertido en un privilegio en lugar de un derecho social. Esta transformación refleja una profunda crisis en las políticas públicas de vivienda y una falta de inversión estatal en la construcción de viviendas asequibles.

La politóloga comparó la situación argentina con modelos internacionales exitosos, como los de Viena, París y Nueva York, donde la intervención estatal juega un papel fundamental en la promoción del acceso a la vivienda para jóvenes. En Viena, por ejemplo, el Estado posee el 60% de la oferta de vivienda en alquiler o en edificios estatales, lo que garantiza precios regulados y facilita el acceso a una vivienda digna.

En contraste, en Argentina, la construcción reciente se ha enfocado principalmente en viviendas destinadas a segmentos de mayores ingresos, excluyendo a la clase media y a las nuevas generaciones. La escasa inversión estatal y la ausencia de estrategias integrales para ampliar la oferta habitacional accesible han contribuido a agravar la crisis.

Además de las dificultades económicas, Migliore destacó la importancia de considerar las transformaciones culturales y en los patrones de consumo. La sociedad de consumo actual exige un mayor nivel de ingresos para satisfacer las necesidades básicas, lo que dificulta aún más el ahorro y la independencia económica.

La disminución de los ingresos familiares disponibles también ha impactado en la capacidad de los jóvenes para independizarse. En el pasado, era común que dos ingresos familiares se sumaran para cubrir los gastos de vivienda, mientras que en la actualidad, muchos jóvenes deben afrontar solos el pago del alquiler.

La falta de educación financiera y la erosión del valor del dinero también contribuyen a la dificultad para ahorrar y adquirir una vivienda. La alta inflación ha hecho que el ahorro sea prácticamente insignificante, eliminando la posibilidad de planificar a largo plazo.

Frente a este escenario, Migliore propuso que el alquiler y el crédito hipotecario funcionen como opciones complementarias para adaptarse a los distintos momentos de la vida joven. Un mercado de vivienda flexible necesita de incentivos, subsidios y políticas activas que faciliten el acceso y reduzcan las barreras.

La problemática de la independencia juvenil varía en el interior del país y en las capitales provinciales, pero los obstáculos no desaparecen. Tanto quienes desean alquilar como los que buscan comprar o construir en zonas periurbanas enfrentan precios elevados y falta de infraestructura adecuada.

La situación exige una respuesta urgente y coordinada por parte de las autoridades, que incluya la implementación de políticas públicas efectivas para promover el acceso a la vivienda, la regulación de los alquileres, la ampliación de la oferta de créditos hipotecarios y la inversión en la construcción de viviendas asequibles. De lo contrario, la independencia económica y habitacional seguirá siendo un sueño inalcanzable para una parte importante de la juventud argentina.

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