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Ejecutivos de Élite: ¿Cuánto Cuesta un CEO en Uruguay y Qué Habilidades Exigen?

Cuáles son los perfiles gerenciales más demandados en Uruguay y qué no le puede faltar a un ejecutivo de alta gama.

Ejecutivos de Élite: ¿Cuánto Cuesta un CEO en Uruguay y Qué Habilidades Exigen?

Montevideo, Uruguay – El mercado de alta gerencia en Uruguay está experimentando una transformación significativa, dejando atrás la competencia basada en costos para abrazar una estrategia centrada en el valor y la confianza, según revela un análisis exhaustivo realizado por Glue Executive Search, una agencia especializada en la búsqueda de líderes corporativos. Romina Remy, Principal & Business Development de la firma, ofrece una visión privilegiada de las tendencias actuales y los desafíos que enfrentan las empresas uruguayas a la hora de reclutar y retener talento de alto nivel.

Remy advierte sobre errores comunes en los procesos de contratación. “Muchas empresas buscan un gerente general para solucionar problemas inmediatos, una visión miope en un mundo cada vez más volátil. La pandemia demostró que necesitamos líderes capaces de anticipar y adaptarse a los cambios constantes, no solo apagar incendios”, explica la experta. La falta de transparencia sobre los desafíos internos, la cultura organizacional y las oportunidades de crecimiento también son obstáculos importantes. “La confianza se construye con información clara y honesta”, enfatiza Remy. Además, critica la tendencia a idealizar la posición, buscando “superhéroes” que puedan resolver todos los problemas de la noche a la mañana.

En cuanto a los puestos más demandados, la experta señala un claro enfoque en roles estratégicos que impulsen la transformación del país. “Uruguay está dejando de competir por costos para empezar a competir por valor y por confianza. Necesitamos ejecutivos que sean arquitectos de transformación, capaces de adaptarse a esta nueva propuesta de valor”, afirma. Las industrias más dinámicas en este momento son la tecnología, la farmacéutica, la agroindustria y, en un despertar prometedor, la biotecnología y la agroindustria avanzada. Dentro de este contexto, las búsquedas se concentran en profesionales de finanzas y operaciones, con una creciente demanda de gerentes generales y especialistas en recursos humanos para impulsar la transformación y posicionar a Uruguay como un hub de talento regional.

El salario de un gerente general en Uruguay oscila entre US$ 11.000 y US$ 15.000, aunque Remy reconoce la dificultad de establecer cifras precisas debido a la escasez de profesionales de alto nivel en el mercado. Sin embargo, el aspecto económico es solo una parte de la ecuación. Las capacidades que se exigen al alto management van más allá de la experiencia técnica. “Agilidad cognitiva, capacidad de identificar retos futuros, adaptación a la tecnología y enfoque en las personas son fundamentales”, detalla Remy. La Inteligencia Artificial (IA) no reemplazará a los ejecutivos de alto nivel, pero sí se convertirá en una herramienta clave para la toma de decisiones más rápidas y eficientes. “La clave está en identificar ejecutivos que puedan absorber estas tecnologías y adaptarlas a las necesidades específicas del negocio, no adoptarlas por moda”, advierte.

La IA, según Remy, no presenta desafíos sino oportunidades. “El desafío es saber cómo usarla. La IA brinda velocidad, y las empresas buscan cada vez más rapidez en la acción. Si no se adoptan estas tecnologías, la competencia lo hará”, explica. La búsqueda de ejecutivos con experiencia en otras industrias o países también está dando resultados positivos. “Un ejecutivo externo aporta una perspectiva fresca y cuestiona los paradigmas existentes, lo que puede desbloquear soluciones innovadoras”, señala Remy.

La rotación en los puestos de alta gerencia ha aumentado en los últimos años, tanto en Uruguay como en la región. Remy considera que esta tendencia es beneficiosa tanto para las empresas como para los ejecutivos. “Tres años es poco, pero diez años es demasiado en un puesto de gerente general. La rotación permite a los ejecutivos adquirir nuevas experiencias y a las empresas incorporar nuevas perspectivas”, explica. Para que esta rotación sea efectiva, es necesario que los directorios estén dispuestos a realizar cambios incluso cuando todo parece funcionar bien. “Uruguay no es el mismo que en el año 2000, y las fórmulas antiguas ya no son suficientes”, afirma. El objetivo final es convertir a Uruguay en un hub de talento para Latinoamérica, aprovechando su dinamismo y capacidad de adaptación.

Un aspecto preocupante es la baja representación de mujeres en los altos cargos. “Uruguay tiene una alta proporción de mujeres en la población económicamente activa, pero pocas ascienden a puestos de gerencia general”, lamenta Remy. Para revertir esta situación, es necesario habilitar el pipeline de talento femenino, brindando oportunidades de crecimiento y desarrollo en los mandos medios. “La silla del gerente general debe ser de mérito, pero si no se le da la oportunidad a las mujeres de crecer y desafiarse, nunca la alcanzarán”, enfatiza.

El liderazgo uruguayo se caracteriza por la resiliencia, una cualidad muy valorada en la región. Sin embargo, Remy destaca la importancia de estar abierto a la diversidad y a la adopción de nuevas ideas. “He visto casos en Argentina, Chile y Perú donde la apertura a la diversidad ha generado resultados muy positivos”, señala.

Para un ejecutivo que aspira a liderar a alto nivel, Remy recomienda disciplina, valores claros, cuidado con las personas, comunicación transparente y, sobre todo, resultados. La retención del talento requiere una compensación competitiva, pero también un enfoque en el bienestar emocional y la flexibilidad laboral. “El gerente general de hoy en día tiene un rol importante en su familia, y la empresa debe ofrecer un entorno que le permita equilibrar su vida personal y profesional”, explica. Además, es fundamental que el ejecutivo cuente con las herramientas y la autonomía necesarias para tomar decisiones y ejecutar estrategias.

Finalmente, Remy subraya la importancia de prepararse para la etapa posterior al rol ejecutivo. “Pensar en el futuro, en la vida después del retiro, en la posibilidad de convertirse en director o de explorar nuevas áreas de interés, es fundamental”, concluye. La transición del rol operativo al rol de visión requiere una preparación específica, ya que implica un cambio de perspectiva y un enfoque diferente en la toma de decisiones. La silla del directorio exige visión estratégica y una responsabilidad social que va más allá de los intereses económicos de la empresa.

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