La violencia en Ecuador ya no distingue clases: el crimen llegó a urbanizaciones exclusivas y expone corrupción, lavado de activos y la inacción del Estado
El arranque violento del año en Ecuador deja al descubierto una realidad que las autoridades prefieren ignorar: el crimen no se limita a los barrios pobres, sino que también se ha infiltrado en las urbanizaciones más exclusivas y blindadas del país. Esta situación rompe con el mito de las "zonas seguras" y expone algo aún más grave: en esas fortalezas, lejos del control estatal y de los filtros contra el lavado de activos, también se esconde la podredumbre de un sistema corrupto.
En estas áreas de élite, delincuentes "perfumados" han prosperado, expertos en mover dinero sucio, comprar silencios y evadir a la justicia. El país atraviesa uno de los momentos más oscuros de su historia, donde los valores han sido reemplazados por la corrupción, el robo y la falta de ética normalizada. Ningún estrato social está a salvo, pues los tentáculos del crimen lo han alcanzado todo.
Pero el problema no radica solo en dónde se ubica el delito, sino en cuánto tiempo el Estado ha mirado hacia otro lado. Mientras siga haciéndose el ciego, la violencia seguirá tocando puertas que antes se creían intocables.
Esta realidad expone la gravedad de la situación en Ecuador, donde la impunidad y la corrupción han permitido que el crimen organizado se infiltre incluso en las zonas más exclusivas del país. Las autoridades deben actuar con urgencia para recuperar el control y restablecer la seguridad en todos los rincones de la nación, sin distinción de clases sociales.
Es imperativo que el Estado ecuatoriano enfrente de manera frontal esta problemática, implementando medidas efectivas contra el lavado de activos, la corrupción y la impunidad. Solo así podrá recuperar la confianza de la ciudadanía y garantizar la seguridad de todos los ecuatorianos, sin importar su estatus socioeconómico.












