La mañana del 3 de enero, mientras apenas se disipaba el humo en Venezuela, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, afirmó en entrevistas que empezaba una nueva era para su país. La Secretaría de Estado lo resumiría poco después con un tuit que leía: "This is our hemisphere" ("Este es nuestro hemisferio").
Poco después, el secretario de Defensa (o de Guerra, como lo renombró Trump), Pete Hegseth, compartió un tuit con una caricatura de Trump sobre ambas mitades del continente, con una porra en la mano que lee: "Donroe Doctrine", en referencia a la Doctrina Monroe que, hace un siglo, afirmaba el presunto derecho de Estados Unidos de mantener a las potencias europeas fuera del continente.
Para el secretario de Estado, Marco Rubio, y para la cúpula trumpista en general, es asunto de seguridad nacional: Estados Unidos debe tener el control del hemisferio occidental. Así aparece en la Estrategia de Seguridad Nacional publicada a finales de 2025, donde explica que EE. UU. debe asegurarse que los líderes de los países americanos deben ser afines a Washington.
Rubio enfatiza la importancia de los recursos naturales a mano de su país: "Hemos visto cómo nuestros adversarios en todo el mundo están explotando y extrayendo recursos de África y de todos los demás países. No lo van a hacer en el hemisferio occidental. Eso no va a ocurrir bajo el presidente Trump", dijo en una entrevista. El sitio del Departamento de Estado dice que se erradicarán estas amenazas "en nuestro patio trasero"; es decir, América Latina.
Para otros, la democracia está primero: "Este es el comienzo del cambio en Venezuela; luego vamos a arreglar Cuba, Nicaragua será arreglada, el próximo año tendremos un nuevo presidente en Colombia. La democracia está regresando a este hemisferio", afirmó el senador republicano y exgobernador de Florida, Rick Scott.
Sin embargo, a una semana de la incursión en Venezuela, no hay mayor claridad de que, en efecto, la democracia esté en camino. Delcy Rodríguez, vicepresidenta del dictador depuesto, asumió como presidenta interina y, pese a su retórica desafiante, parece dispuesta a transar con Estados Unidos mientras siga el chavismo en el poder.
Tampoco se sabe cuándo habrá elecciones en Venezuela, ni en qué condiciones podría participar la oposición, apartada por Trump de la transición post-Maduro. El analista venezolano Ricardo Hausmann advierte que "La prosperidad no surge del petróleo, de los decretos ni siquiera de gobernantes benevolentes. Surge de los derechos".
Más allá de Venezuela, la incertidumbre se extiende a otros países de la región. Vagas amenazas de Trump a Colombia y México, así como la presión sobre Costa Rica para alinearse a los intereses estadounidenses, generan un panorama regional incierto.
Países más pequeños y dependientes de EE. UU. podrían sufrir más presión para alinearse a sus intereses, mientras que la relación con países como Cuba y Groenlandia también genera inquietud. La posible "adquisición" de Groenlandia por parte de Estados Unidos, sin el consentimiento de Dinamarca, podría ser un nuevo punto de tensión con Europa.
En este contexto, el "orden internacional" parece haber dado paso al "desorden global", con Estados Unidos dispuesto a desafiar las normas que han gobernado la geopolítica desde la Segunda Guerra Mundial. La inquietud de múltiples analistas es que los "valores fundamentales" que unieron a Washington y sus aliados europeos durante el último siglo ya no lo sean.










