La migración guatemalteca hacia Estados Unidos enfrenta uno de sus momentos más complejos. Las redadas, las detenciones por perfil racial y el endurecimiento de las políticas migratorias han extendido el miedo incluso entre quienes cuentan con documentos, advierte Marcos Antil, líder comunitario y migrante guatemalteco radicado en ese país.
De cara a 2026, Antil prevé un escenario más restrictivo, marcado por presiones políticas y electorales, mayores deportaciones y una creciente vulnerabilidad de la diáspora. No obstante, señala que la organización comunitaria y la atención a las causas estructurales de la migración en Guatemala serán claves para enfrentar el desafío.
"Siempre ha sido difícil para quienes migramos sin documentos, pero lo que estamos viviendo ahora es distinto. Hoy la dificultad se ha extendido incluso a quienes sí tienen documentos. Hay un ambiente de inseguridad generalizada. En ciertas ciudades, y cada vez en más lugares, nadie se siente tranquilo, tenga o no documentos", explica Antil.
Las redadas y los operativos migratorios se han ampliado, y ya no se enfocan solo en personas con antecedentes criminales. "Ahora basta un error administrativo o una falta menor, como una infracción de tránsito, para enfrentar una detención. Incluso ciudadanos han sido retenidos temporalmente. El criterio se ha vuelto mucho más amplio y discrecional", agrega el líder comunitario.
Según Antil, existe una fuerte presión sobre los agentes migratorios para cumplir metas de deportación, lo que ha convertido a Guatemala en uno de los países con más deportados en América Latina. "Eso tiene consecuencias directas en las comunidades migrantes, que viven con miedo constante", señala.
Además, Antil advierte que en muchas detenciones hay un claro perfil racial. "Personas son retenidas simplemente por su apariencia, por verse latinas o guatemaltecas. Ya no es solo 'muestre sus documentos', sino 'usted se parece al perfil que estamos buscando', y eso genera una enorme inseguridad jurídica".
A pesar del miedo, la necesidad de trabajar y enviar remesas a sus familias en Guatemala sigue siendo más fuerte. "La gente sigue saliendo a trabajar porque tiene que sostener a sus familias, aquí y en Guatemala. Muchos migrantes trabajan dos o tres empleos. No es una elección, es supervivencia. El riesgo se asume todos los días porque el amor por la familia pesa más que el temor", explica Antil.
En este contexto, el líder comunitario destaca la importancia de la organización y la solidaridad entre las comunidades migrantes. "Algo positivo que está surgiendo es la unión entre comunidades migrantes. Antes, muchos grupos estaban fragmentados: guatemaltecos por un lado, cubanos por otro, haitianos, venezolanos. Hoy se está entendiendo que, si no estamos unidos, somos más vulnerables", señala.
Sin embargo, Antil es pesimista sobre las posibilidades de una reforma migratoria integral en Estados Unidos a corto plazo. "Desde los años 80 no ha habido una reforma. Una reforma no solo beneficia a los migrantes, también al país receptor, porque permite mayor contribución económica y social. Pero no se ve voluntad política a corto plazo", afirma.
Ante este panorama, Antil hace un llamado a las autoridades estadounidenses a acercarse más a las comunidades migrantes, facilitar trámites y documentos, y brindar un mayor acompañamiento. "Muchos migrantes no se acercan a los consulados por miedo. El Estado debe ir a las comunidades, no esperar que la gente llegue", concluye.








