El 3 de enero, Venezuela vivió una madrugada que quedará marcada en la historia. Un ataque sin precedentes sumergió a varias ciudades en la oscuridad y el terror, dejando devastadores testimonios de niños que enfrentaron la agresión.
Valentina Ríos, una joven venezolana, relató el impactante momento que vivió su hermano de 10 años: "Empezó a temblar y me decía que se quedó como en 'shock', y lo que hacía era temblar, temblar, temblar. Estaba pálido, no podía hablar, no podía caminar". Ante esta situación, Valentina se preguntó: "¿Cómo le explicas a un niño de 10 años lo que está pasando, cuando ni siquiera nosotros sabíamos qué estábamos viviendo?".
Las explosiones y bombardeos se escuchaban como si ocurrieran justo en la calle, sumiendo a los más pequeños en un profundo trauma. Según la psicóloga Carmen Liliana Cubillos, muchos niños escucharon "un zumbido como si se tratase de una 'alarma muy fuerte' antes del impacto de los proyectiles", lo cual "afecta la atención y la concentración" de los menores.
Ante esta grave situación, los expertos en derecho internacional señalan que existen instrumentos legales que protegen a los niños en tiempos de conflicto armado. La abogada Litbell Díaz Aché menciona los Convenios de Ginebra y la Convención de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes, que establecen la obligación de brindar cuidados especiales a los menores. Sin embargo, lamenta que Estados Unidos, el presunto responsable del ataque, no haya ratificado esta última convención.
La verdadera historia de este lamentable suceso se escribe en el silencio de las noches de los niños venezolanos, quienes enfrentan un trauma que marcará sus vidas. Desde la mirada internacional, este no es un incidente más, sino un llamado urgente a priorizar el bienestar y los derechos de la infancia, pues proteger a los niños es proteger el futuro de una nación.












