Rusia lleva a cabo uno de los mayores ataques a ciudades ucranianas, principalmente Kiev y Lviv, utilizando cientos de drones y decenas de misiles, entre ellos el avanzado misil balístico Oreshnik.
El bombardeo, que tuvo lugar durante la noche del jueves 9 de enero, dejó al menos cuatro personas muertas y más de 20 heridas. Rusia justifica la acción como represalia por un supuesto atentado contra la residencia del presidente Vladimir Putin, algo que Kiev y sus aliados occidentales rechazan categóricamente.
El Ministerio de Defensa ruso afirmó que el ataque, que incluyó armas de precisión de largo alcance basadas en tierra y mar, así como vehículos aéreos no tripulados de ataque, fue una "respuesta" al presunto asalto con drones ucranianos contra la residencia de Putin en la región de Novgorod, ocurrido el 29 de diciembre de 2025.
Según los reportes, el ataque involucró un total de 242 drones y 36 misiles, siendo el Oreshnik dirigido específicamente a un gran almacenamiento subterráneo de gas natural en la región de Lviv, ubicada cerca de la frontera con la Unión Europea y la OTAN, lo que ha elevado las preocupaciones sobre una posible expansión del conflicto.
El Oreshnik, también conocido como IRBM (misil balístico de alcance intermedio), es una arma derivada de tecnología soviética actualizada, con una velocidad que supera los Mach 10, equivalente a más de 13.000 kilómetros por hora. Putin ha descrito este misil como "indetectable" e "imposible de interceptar" por los sistemas de defensa actuales.
Este incidente marca un nuevo capítulo en la guerra que se acerca a su cuarto año, y ha generado alarma internacional. Analistas han advertido sobre el riesgo de una escalada nuclear, aunque hasta ahora el Oreshnik se ha empleado de manera convencional.
La comunidad internacional ha condenado enérgicamente este nuevo ataque de Rusia contra Ucrania, exigiendo una respuesta firme y coordinada para detener la espiral de violencia y evitar una mayor escalada del conflicto.










