El psicólogo Alberto Ramírez explica cómo aprender a tratarnos con amabilidad y empatía, en lugar de dureza, puede tener un impacto positivo en nuestra salud mental y en nuestras relaciones.
La forma en que nos relacionamos con nosotros mismos tras cometer un error puede convertirse en un ciclo de exigencia desmedida, según observa Ramírez desde su práctica clínica. "¿Cuántas veces te hablas con dureza cuando te equivocas? ¿Cuántas veces te exiges más de lo que le exigirías a cualquier otra persona?", cuestiona el experto.
La diferencia entre la autocompasión y actitudes como la lástima o el victimismo reside en la calidad del trato propio. "La autocompasión no es lástima ni es victimismo. Es tratarse con la misma comprensión que tratarías a cualquier persona que quieres", explica Ramírez, desplazando los prejuicios sociales tradicionales.
En los últimos años, la autocompasión ha despertado un creciente interés en el ámbito de la salud mental. Diversos estudios han explorado su impacto en el bienestar psicológico y han identificado una relación entre la capacidad de tratarse con amabilidad y niveles más bajos de ansiedad, depresión y estrés.
Frente al dolor, la autocompasión permite reconocer el sufrimiento sin caer en la resignación. "Entender que el dolor no nos hace débiles, nos hace humanos", afirma Ramírez, destacando cómo esta actitud constituye un puente hacia la empatía y la humanidad compartida.
Adoptar una actitud compasiva hacia uno mismo no implica justificar errores ni evitar la responsabilidad. Investigaciones sugieren que quienes practican la autocompasión muestran una mayor disposición para reconocer sus fallos y buscar soluciones constructivas, promoviendo un ciclo de aprendizaje y crecimiento personal.
Las consecuencias de aprender a hablarnos con amabilidad van más allá del beneficio individual. "Cuando aprendemos a hablarnos con amabilidad, también disminuye el juicio hacia los demás. Dejamos de responder desde la herida y empezamos a responder desde la empatía. Y esto reduce el dolor propio y el ajeno", indica Ramírez.
La autocompasión no hace que seamos menos exigentes, sino más humanos. "La autocompasión no te hace menos exigente, te hace más humano", destaca el especialista, llamando a incorporar este enfoque en la vida cotidiana como una herramienta útil para enfrentar los desafíos, ayudando a cultivar una relación más equilibrada con los propios límites y capacidades.







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