El café es una bebida que millones de personas consumen a diario, especialmente al despertar, con la idea de activarse y despejarse. Sin embargo, un reconocido cardiólogo ha explicado por qué este hábito podría ser menos eficaz e incluso contraproducente de lo que se cree.
Según el doctor Aurelio Rojas, nada más abrir los ojos, el organismo pone en marcha de forma natural un mecanismo clave: el llamado "pico de cortisol matutino". Esta hormona, lejos de ser negativa, cumple una función esencial para arrancar el día, aumentando la energía, regulando la tensión arterial y sincronizando el reloj biológico.
El problema surge cuando la cafeína del café se superpone a este proceso natural. "Si tomas café justo al despertar, la cafeína no te da más energía", advierte Rojas. Lejos de potenciar ese empujón natural, el café reduce el efecto estimulante del cortisol, obteniendo menos beneficio del que se buscaba.
Además, esta interferencia puede tener consecuencias a medio plazo, ya que el cuerpo se acostumbra y exige dosis cada vez mayores de café para notar el mismo efecto, reforzando la dependencia desde primera hora de la mañana.
Según el especialista, el momento ideal para tomar el primer café sería esperar alrededor de una hora tras despertarse. "Ese pequeño gesto mejora sus efectos, reduce la sobreestimulación del sistema nervioso, protege el ritmo circadiano y mantiene una respuesta hormonal más saludable y fisiológica", afirma Rojas.
Lejos de demonizar el café, el cardiólogo insiste en que se trata de una bebida con efectos positivos cuando se consume de forma adecuada, asociándose incluso a menor riesgo cardiovascular y mejor función metabólica. El problema no es el café en sí, sino el momento en el que se toma y el contexto fisiológico en el que actúa.
:format(jpg):quality(99):watermark(f.elconfidencial.com/file/a73/f85/d17/a73f85d17f0b2300eddff0d114d4ab10.png,0,275,1)/f.elconfidencial.com/original/5e6/211/e37/5e6211e37a94d8ad2d5bf7656ceba88b.jpg)











