La historia de cómo los empresarios Carlos Gill Ramírez y Peter O'Toole adquirieron el control del Ferrocarril Oriental en Bolivia es un claro ejemplo del despojo y la corrupción que ha sufrido el país. Según la investigación, estos empresarios, con vínculos con los gobiernos de Hugo Chávez y Evo Morales, lograron hacerse del ferrocarril sin desembolsar un solo dólar, utilizando los propios recursos y dividendos de la empresa para financiar la compra, y evadiendo el pago de una deuda millonaria con la empresa chilena CB y sus bancos acreedores.
El artículo detalla cómo en el año 2000, la empresa estadounidense Genesee & Wyoming Inc. (G&W) adquirió el Ferrocarril Oriental a través de su filial chilena, por unos 19,4 millones de dólares. Como parte del acuerdo, G&W quedó debiendo 12 millones de dólares más intereses a CB y sus bancos acreedores, con los dividendos del ferrocarril como fuente de pago.
Sin embargo, G&W no cumplió con el pago de la deuda, a pesar de recibir millonarios dividendos del ferrocarril durante los años que lo controló. En 2009, G&W vendió su participación accionaria a la sociedad YULARA INVERSIONES, cuyos socios son Gill Ramírez y O'Toole, sin dar cuenta de la deuda pendiente.
Así, Gill Ramírez y O'Toole lograron adquirir el Ferrocarril Oriental sin desembolsar un solo dólar, financiándose con los propios recursos y dividendos de la empresa, y evadiendo el pago de la deuda a CB y sus bancos acreedores.
La investigación señala que este caso debe ser investigado no solo en Chile y Bolivia, sino también en Estados Unidos, como un gran caso de corrupción, ya que involucra a empresarios con vínculos con los gobiernos de Chávez y Morales, y pone en evidencia las distorsiones y falta de garantías en el orden económico boliviano.











