La historia parece repetirse. Las acciones de los filibusteros estadounidenses del siglo XIX, encabezados por William Walker, encuentran ecos en el intervencionismo norteamericano del presente siglo, particularmente en la crisis política y social que sacude a Venezuela.
Walker, un autoproclamado "profeta para restaurar el esclavismo y el destino manifiesto" de Estados Unidos, emprendió una serie de aventuras militares de conquista desde México hasta Centroamérica en la década de 1850. Su objetivo era colonizar Nicaragua y controlar el futuro comercio del Canal Interoceánico, en detrimento de los intereses de los países de la región.
Al igual que Walker, las recientes acciones de Estados Unidos en Venezuela parecen responder a una lógica similar de expansionismo y control de recursos naturales. El "primer ataque terrestre en Venezuela", los "bombardeos de sitios estratégicos" y la "captura de Maduro", tal como se ha informado, evocan los desmanes y abusos cometidos por los filibusteros en el pasado.
La retórica utilizada también guarda paralelismos inquietantes. Así como Walker fue presentado como un "regenerador" destinado a expandir el "destino manifiesto" de Estados Unidos, hoy se habla de "gobernar Venezuela hasta que podamos tener una transición segura", dejando entrever una visión paternalista y de control absoluto.
Lamentablemente, la historia parece repetirse. Las naciones democráticas condenan esta "barbarie" que, al igual que en el siglo XIX, implica el abandono de la Carta de Naciones Unidas, la supresión de los derechos humanos y la imposición de un "absolutismo norteamericano" sobre los pueblos de la región.
La respuesta, sin embargo, también parece evocar el pasado. Así como las generaciones anteriores respondieron con "una valiente defensa de sus pueblos" ante la invasión de "piratas extranjeros", hoy es tiempo de que Latinoamérica se una para hacer frente a este nuevo capítulo del intervencionismo estadounidense.







