El Senado aprobó por amplia mayoría la reforma política impulsada por el Gobierno, que busca "promover la gobernabilidad", frenar la creación de nuevos partidos y controlar el "discolaje" en el Congreso. La iniciativa, diseñada por el ministro del Interior, Álvaro Elizalde, ya había sido despachada por la Comisión de Gobierno con un respaldo transversal desde la UDI al PC, salvo por la disidencia de algunos legisladores independientes o de partidos emergentes.
La reforma, que ahora pasará a la Cámara de Diputados, eleva a rango legal a los comités parlamentarios y le entrega un mayor poder al jefe de bancada para coordinar y determinar la distribución en las comisiones, entre otras medidas. Además, busca cortar el traspaso de financiamiento público a partidos que "se llevan" parlamentarios de otras tiendas, y elimina la posibilidad de crear partidos regionalistas con solo tres regiones contiguas, elevando el mínimo a ocho.
Sin embargo, la iniciativa gubernamental deberá enfrentar resistencias en la Cámara Baja, donde hay una mayor presencia de independientes y partidos pequeños, a diferencia del Senado. Además, el Ejecutivo mira con distancia una reforma constitucional complementaria, diseñada por un grupo transversal de senadores, que también busca regular el efecto de la renuncia de los parlamentarios a sus partidos.
Varios legisladores, tanto de la oposición como de la coalición de Gobierno, han pedido que ambos proyectos se tramiten de forma conjunta, ante la estrecha ventana de tiempo que queda antes del inicio del nuevo período parlamentario, el 11 de marzo. De lo contrario, advierten, la discusión podría volver a aplazarse indefinidamente.

