Un estudio publicado en la revista Neurology ha identificado una posible relación entre los patrones de sueño irregulares y un mayor riesgo de padecer demencia. La investigación, realizada por un equipo del Centro Médico UT Southwestern en Dallas, Texas, encontró que las personas con ritmos circadianos más débiles y fragmentados, así como aquellas cuya actividad alcanzaba su punto máximo más tarde en el día, presentaban un riesgo casi 2,5 veces superior de desarrollar esta enfermedad neurodegenerativa.
El ritmo circadiano, también conocido como el reloj biológico interno, regula el ciclo de sueño y vigilia de 24 horas, así como otras funciones corporales. Cuando este ritmo se debilita, los mecanismos que controlan el funcionamiento del cuerpo pueden alterarse fácilmente ante cambios de luz o de horario.
La muestra del estudio incluyó a 2.183 personas con una media de edad de 79 años, sin diagnóstico previo de demencia. Después de un seguimiento de aproximadamente tres años, 176 de ellos desarrollaron la enfermedad. Los investigadores analizaron la intensidad de los ritmos circadianos de cada individuo y encontraron que quienes tenían ritmos más débiles presentaban un riesgo casi 2,5 veces superior de padecer demencia, incluso después de ajustar variables como edad, hipertensión y enfermedades cardíacas.
Además, se identificó que las personas cuya actividad alcanzaba su punto máximo a las 14:15 horas o más tarde, en comparación con quienes lo hacían entre las 13:11 y las 14:14, tenían un 45% más de riesgo de desarrollar demencia. Mientras que el 7% de quienes presentaban un pico de actividad temprano desarrollaron la enfermedad, este porcentaje ascendió al 10% entre los del grupo de pico tardío.
Según la autora principal del estudio, Wendy Wang, las alteraciones de los ritmos circadianos pueden afectar procesos corporales como la inflamación e interferir con el sueño, lo que podría aumentar las placas amiloides asociadas con la demencia o reducir la eliminación de amiloide del cerebro.
Los investigadores reconocen que una de las limitaciones del estudio es que no se tuvo en cuenta la posible influencia de trastornos del sueño como la apnea, que podrían haber afectado los resultados. Sin embargo, los hallazgos sugieren que mantener un ritmo circadiano sólido y una actividad diurna regular podrían ser factores clave para prevenir el desarrollo de la demencia.


