Una investigación reciente ha revelado que la infección por herpesvirus podría modificar el curso de la enfermedad de Alzheimer (EA), actuando como un factor que acelera el desarrollo de esta patología. El estudio, cuyos resultados fueron publicados en la revista Oxford Academic, profundiza en la relación entre las infecciones y la demencia, sugiriendo que agentes como el citomegalovirus (CMV) desempeñan un papel fundamental en la progresión del daño cerebral.
Los herpesvirus comprenden una familia diversa que incluye desde los agentes causantes del herpes labial hasta el citomegalovirus y los virus responsables de la mononucleosis o diversas infecciones infantiles. Una de las características más críticas de estos virus es su capacidad para permanecer latentes en el organismo tras la infección inicial, pudiendo reactivarse en diferentes etapas de la vida. Esta reactivación no es inocua, ya que desencadena una respuesta inmunitaria sostenida que puede generar efectos perjudiciales a largo plazo en el organismo.
Para analizar este fenómeno, un equipo de científicos ingleses llevó a cabo un trabajo experimental utilizando ratones transgénicos 3xTg-AD. Este modelo animal es ampliamente reconocido en la comunidad científica por portar alteraciones genéticas que los hacen susceptibles a desarrollar las características principales del Alzheimer humano. Los investigadores infectaron a estos animales con el citomegalovirus murino (MCMV), un $\beta$-herpesvirus, para observar cómo una infección persistente influía en la evolución de la enfermedad.
Los resultados obtenidos fueron contundentes. Los científicos demostraron que la infección sistémica con MCMV aceleró el desarrollo del deterioro cognitivo, la tauopatía y la pérdida sináptica en el hipocampo, que es la región del cerebro encargada del aprendizaje y la memoria. El estudio destacó que el avance acelerado de la patología estuvo vinculado a una infiltración sustancial de linfocitos en el cerebro, predominantemente linfocitos T CD8+ de memoria, los cuales reconocen específicamente al virus.
Un punto clave de la investigación es que el daño cerebral no fue provocado únicamente por la acción directa del virus, sino por la reacción prolongada del sistema inmunitario. Al intentar controlar la infección, el sistema inmune termina alterando el tejido cerebral, que ya se encontraba en un estado de vulnerabilidad. El doctor Mathew Clement, de la Universidad de Cardiff, explicó que, aunque se sospechaba desde hace tiempo que los herpesvirus humanos crónicos aumentaban el riesgo de Alzheimer, los mecanismos exactos detrás de esta asociación eran, hasta ahora, desconocidos.
Este fenómeno no se limitó a los modelos animales. Diversos estudios previos han detectado la presencia de células T similares en el cerebro y en el líquido cefalorraquídeo de pacientes humanos con Alzheimer. Los análisis de los receptores de linfocitos T revelaron que estas células, clonalmente diversas y específicas del virus, son reclutadas selectivamente en el cerebro durante el desarrollo de la enfermedad.
La relevancia del hallazgo se confirmó al intervenir la respuesta inmunitaria en los ratones. Aquellos ejemplares tratados con el antiviral valganciclovir, o aquellos sometidos a la depleción de linfocitos T, mostraron una reducción de los infiltrados cerebrales y una mejora notable en las pruebas cognitivas. Esto demuestra que la inflamación provocada por la infección viral y mantenida por el sistema inmunitario acelera activamente el deterioro neurodegenerativo, en lugar de ser un simple acompañante pasivo del proceso.
El profesor Ian Humphreys, codirector del Instituto de Investigación de Inmunidad Sistémica de la Universidad de Cardiff, señaló que comprender cómo la presencia de células T inducidas por virus conduce a la progresión de la enfermedad podría aportar nuevos conocimientos fundamentales sobre el desarrollo del Alzheimer. Este enfoque permite ver la patología no solo como un problema genético o degenerativo, sino como el resultado de una interacción compleja entre factores ambientales, infecciosos e inmunitarios.
La enfermedad de Alzheimer es actualmente la forma más común de demencia, afectando a unos 50 millones de personas en todo el mundo, cifra que podría ascender a 152 millones para el año 2050. Aunque los factores genéticos están bien definidos, la influencia de las infecciones ha sido motivo de debate durante décadas. Esta hipótesis se remonta a más de un siglo, cuando Alois Alzheimer y Fischer observaron similitudes entre la demencia sifilítica y la patología que lleva el nombre de Alzheimer. Con el tiempo, otros microbios como Borrelia, el virus de la influenza y el SARS-CoV-2 se han sumado a la lista de posibles contribuyentes.
En el cerebro de pacientes con Alzheimer se ha identificado ADN de herpes simple, HHV6-A y HHV-7. Asimismo, datos epidemiológicos indican que la vacunación contra el herpes zóster se asocia con un menor riesgo de demencia y que el citomegalovirus humano puede vincularse con un deterioro cognitivo acelerado, incluso en individuos que no presentan inmunodepresión.
La neuropatología de la enfermedad se caracteriza por la acumulación de beta-amiloide y la fosforilación de tau, que generan placas neuríticas y ovillos neurofibrilares, derivando en la pérdida sináptica. La presencia de células T en el cerebro se asocia específicamente con la patología de tau, reforzando la idea de que las respuestas inmunitarias ante infecciones intracelulares aceleran este proceso.
Finalmente, el doctor Clement subrayó que esta investigación resalta la importancia de la prevención de enfermedades infecciosas. El uso de vacunas y tratamientos antivirales para combatir infecciones como el herpes labial podría, a largo plazo, contribuir a reducir el riesgo de demencia en etapas avanzadas de la vida. El estudio sugiere que el control de infecciones crónicas y la modulación inmunitaria podrían integrarse en un abordaje integral y preventivo para retrasar o prevenir el deterioro cognitivo asociado al Alzheimer.


