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El CNIC propone personalizar la vigilancia cardíaca en pacientes con linfoma para evitar protocolos uniformes

Un equipo del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares Carlos III (CNIC) ha liderado un estudio que cuestiona la utilidad de la vigilancia cardiológica intensiva aplicada de forma uniforme en pacientes de linfoma tratados con antraciclinas y apuesta por adoptar un enfoque personalizado según el riesgo de cada persona.

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El CNIC propone personalizar la vigilancia cardíaca en pacientes con linfoma para evitar protocolos uniformes
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Un estudio liderado por el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) cuestiona la eficacia de aplicar una vigilancia cardíaca intensiva y uniforme a todos los pacientes con linfoma tratados con antraciclinas. Los hallazgos revelan que muchas de las alteraciones detectadas son leves y transitorias, sin traducirse en eventos cardiovasculares graves. Ante estos resultados, los investigadores proponen un cambio de paradigma hacia un seguimiento personalizado basado en el riesgo individual de cada paciente. Este enfoque buscaría optimizar los recursos sanitarios y mejorar la precisión clínica, evitando intervenciones innecesarias en personas de bajo riesgo.

Un equipo de investigación del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares Carlos III (CNIC) ha liderado un estudio que pone en duda la eficacia de aplicar una vigilancia cardiológica intensiva de manera uniforme en todos los pacientes con linfoma que son tratados con antraciclinas. A través de sus hallazgos, los investigadores abogan por un cambio de paradigma hacia un enfoque personalizado, donde la intensidad del seguimiento se ajuste al riesgo individual de cada persona.

El uso de antraciclinas sigue siendo una pieza fundamental en el arsenal terapéutico para combatir diversos tipos de cáncer hematológico, especialmente en los casos de linfomas. No obstante, este tratamiento puede conllevar el riesgo de provocar toxicidad cardíaca. Debido a este factor, las guías clínicas vigentes recomiendan que se lleve a cabo una vigilancia cardiovascular exhaustiva tanto durante como después de la administración de la terapia.

A pesar de estas recomendaciones, el CNIC ha señalado en un comunicado que gran parte de estas directrices se fundamentan en el consenso de expertos. Según los investigadores, existe una carencia de datos sólidos que respalden la utilidad real de una vigilancia intensiva en aquellos pacientes que presentan un riesgo cardiovascular bajo o intermedio.

Con el objetivo de esclarecer este punto, el estudio, que ha sido publicado en la revista 'JACC: CardioOncology', se centró en analizar si la monitorización cardiológica intensiva aporta información que sea clínicamente útil en pacientes con bajo riesgo de desarrollar cardiotoxicidad. Para llevar a cabo esta investigación, el equipo contó con la participación de 44 pacientes diagnosticados recientemente con linfoma que iban a iniciar una quimioterapia basada en antraciclinas.

El rigor del seguimiento fue exhaustivo. Todos los participantes fueron sometidos a una evaluación cardiovascular completa que incluyó la realización de resonancias magnéticas cardíacas, ecocardiografías y la determinación de diversos biomarcadores cardíacos. Estas pruebas se realizaron en tres etapas críticas: antes, durante y después del tratamiento oncológico.

Los resultados revelaron datos significativos sobre la aplicación de las normativas actuales. Casi la mitad de los pacientes analizados cumplían los criterios de disfunción cardíaca relacionada con el tratamiento oncológico si se aplicaban estrictamente las definiciones establecidas en las guías europeas. Sin embargo, el estudio observó que esta proporción disminuía de manera notable cuando no se tenían en cuenta determinados biomarcadores sanguíneos en el análisis.

Un punto clave del estudio es que, aunque se detectaron alteraciones en el funcionamiento cardíaco, la gran mayoría de estas fueron leves, transitorias y progresivas. Lo más relevante es que estas alteraciones no se tradujeron en eventos cardiovasculares de importancia durante el seguimiento realizado meses después de finalizar el tratamiento.

Asimismo, el equipo de investigación descubrió que una parte considerable de las elevaciones en los biomarcadores ya estaban presentes antes de que los pacientes comenzaran la quimioterapia. Estas elevaciones tendían a normalizarse con el paso del tiempo, lo que sugiere que podrían ser el reflejo de procesos relacionados con la propia enfermedad oncológica o con el estrés sistémico del organismo, en lugar de representar un daño cardíaco progresivo causado por la medicación.

En consecuencia, el estudio respalda la necesidad de adaptar la intensidad del seguimiento cardiológico basándose en el riesgo individual. Borja Ibáñez, director científico del CNIC, líder del trabajo, cardiólogo en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz y jefe de grupo en el CIBER de enfermedades cardiovasculares (CIBERCV), destacó que un enfoque personalizado podría resultar más eficiente que la aplicación de protocolos de vigilancia intensiva uniformes para todos los pacientes.

Los investigadores recalcan que, si bien la identificación precoz de la cardiotoxicidad debe seguir siendo una prioridad clínica, es fundamental optimizar el equilibrio entre la detección temprana, el beneficio clínico real para el paciente y la utilización eficiente de los recursos sanitarios.

No obstante, los autores han instado a interpretar estos resultados con cautela. Esta prudencia se debe al tamaño relativamente reducido de la cohorte de pacientes y a la duración del seguimiento. A pesar de estas limitaciones, afirman que los datos aportan información valiosa para las futuras actualizaciones de las estrategias de vigilancia cardiovascular en oncología.

Por su parte, Teresa López-Fernández, cardióloga en el Hospital Universitario La Paz de Madrid, directora de la Sección de cardio-oncología de la Sociedad Europea de Cardiología y coautora del trabajo, ha subrayado la importancia de desarrollar estudios más amplios y con seguimientos más prolongados. El objetivo sería determinar con precisión qué hallazgos subclínicos poseen una relevancia pronóstica real y qué perfiles de pacientes se benefician verdaderamente de una vigilancia intensiva.

El estudio prospectivo, denominado 'Matrix', ha contado con la financiación de la Comisión Europea. Además del CNIC, en el proyecto han colaborado profesionales de la Fundación Jiménez Díaz, el área de Enfermedades Cardiovasculares del Centro de Investigación Biomédica en Red (CIBERCV), el Hospital Universitario La Paz y diversos colaboradores internacionales.

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