El actual Secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, ha sido la figura clave detrás de la operación militar 'Resolución absoluta' que culminó con la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores el pasado 3 de enero.
La justificación de la Casa Blanca para esta acción ha sido los cargos que ambos enfrentan por narcoterrorismo y corrupción ante la justicia estadounidense. "Nicolás Maduro fue imputado en Estados Unidos en 2020. No es el presidente legítimo de Venezuela. Es un fugitivo de la justicia estadounidense", señaló Rubio durante la rueda de prensa ofrecida por el presidente Donald Trump.
La estrategia de Rubio para derrocar a Maduro se remonta a más de 15 años atrás y ha ido escalando desde sanciones, bloqueos financieros y presión diplomática, hasta llegar a esta intervención militar. El secretario de Estado ha sido uno de los principales impulsores de la narrativa que presentaba a Venezuela como una "amenaza a la seguridad hemisférica" y una "fuerza desestabilizadora en la región".
Según el relato de la Casa Blanca, la operación no buscaba una guerra, sino ejecutar una orden judicial contra Maduro, lo que eximía al presidente Trump de pedir permiso al Congreso. Sin embargo, la posición de Rubio frente a Venezuela no se explica únicamente en términos judiciales o geopolíticos, sino también por su historia personal como hijo de inmigrantes cubanos que concibe a Venezuela y Cuba como un bloque autoritario interconectado.
La líder opositora venezolana María Corina Machado ha estado estrechamente vinculada a la política exterior estadounidense y al rol de Rubio. El secretario de Estado ha elogiado públicamente a Machado y reconocido su liderazgo, incluso apoyando acciones concretas para proteger a la oposición venezolana. Esta relación estratégica entre Rubio y Machado sugiere que el sueño del secretario de Estado podría ser instalar en Venezuela a un aliado afín a la Casa Blanca y, eventualmente, diseñar una estrategia para derrocar al gobierno de Cuba.


