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Keiko Fujimori asume la presidencia de Perú con promesa de mano dura contra el crimen

La presidenta de Perú, Keiko Fujimori, asumió este martes el mando del país prometiendo mano dura contra la delincuencia. Con la seguridad como uno de los grandes desafíos de su mandato, en su primer discurso anunció que los militares recuperarán el control del orden interno en zonas asediadas por las bandas criminales, el narcotráfico y la minería ilegal.

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Keiko Fujimori asume la presidencia de Perú con promesa de mano dura contra el crimen
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Keiko Fujimori inició su mandato como presidenta de Perú priorizando la seguridad ciudadana mediante una estrategia de mano dura. La mandataria anunció el despliegue de las fuerzas militares en zonas críticas para combatir el narcotráfico, la minería ilegal y el crimen organizado, buscando restablecer la autoridad del Estado. Sin embargo, expertos señalan que el desafío más complejo de su gestión será la lucha contra la corrupción. Según este diagnóstico, la eficacia de las medidas militares dependerá de la capacidad del gobierno para erradicar las prácticas corruptas que facilitan la operatividad de las redes criminales en el país.

La presidenta de Perú, Keiko Fujimori, asumió formalmente el mando del país este martes, marcando el inicio de su gestión con un discurso centrado en la seguridad ciudadana y el combate frontal contra la ilegalidad. Durante su primera intervención oficial como jefa de Estado, la mandataria estableció que su administración se caracterizará por una política de mano dura contra la delincuencia, posicionando la seguridad como uno de los ejes fundamentales y los desafíos más apremiantes de su mandato.

En el marco de su primer discurso, la presidenta Fujimori fue enfática al señalar que la situación de inseguridad requiere medidas drásticas. En este sentido, anunció que una de las acciones inmediatas de su gobierno será la recuperación del control del orden interno por parte de las fuerzas militares. Esta medida está dirigida específicamente a aquellas zonas del territorio nacional que actualmente se encuentran asediadas por la actividad de bandas criminales, el narcotraffico y la minería ilegal.

La decisión de involucrar a los militares en la gestión del orden interno responde a la necesidad de recuperar la autoridad del Estado en regiones donde el crimen organizado ha ganado terreno. Según lo expuesto por la mandataria, la intervención militar será clave para enfrentar la complejidad de las redes criminales que operan en el país, especialmente en aquellos focos donde la minería ilegal y el tráfico de drogas han desestabilizado la paz social y la seguridad de la población.

Paralelamente al anuncio de las medidas operativas, la gestión de Keiko Fujimori se enfrenta a un diagnóstico crítico realizado por especialistas. Según ha señalado una experta en la materia, el gran desafío que deberá encarar la nueva presidenta no se limita únicamente a la lucha contra la delincuencia común o el crimen organizado, sino que abarca la necesidad imperativa de combatir la corrupción. Para la especialista, la lucha contra la corrupción y la criminalidad constituyen el reto más significativo de este periodo gubernamental.

Esta perspectiva subraya que la seguridad del país no depende solo de la capacidad de respuesta táctica o militar, sino también de la capacidad del Estado para limpiar sus instituciones de la corrupción. El desafío planteado por la experta sugiere que el éxito de la estrategia de mano dura contra el crimen podría estar intrínsecamente ligado a la capacidad de la presidenta para erradicar las prácticas corruptas que puedan facilitar la operatividad de las bandas criminales, el narcotraffico y la minería ilegal.

El anuncio sobre la recuperación del control interno por parte de los militares en zonas críticas evidencia la urgencia con la que el nuevo gobierno pretende abordar la crisis de seguridad. La presidenta Fujimori ha dejado claro que no habrá tolerancia ante la delincuencia y que el uso de la fuerza pública, a través del brazo militar, será la herramienta principal para restablecer el orden en las áreas más afectadas por la violencia y la ilegalidad.

En resumen, el inicio del mandato de Keiko Fujimori se define por un enfoque riguroso en materia de seguridad y una hoja de ruta que prioriza la intervención militar en zonas asediadas. Mientras la presidenta se enfoca en la implementación de la mano dura contra el narcotraffico y la minería ilegal, las voces expertas recuerdan que el combate a la corrupción será el factor determinante para superar los desafíos estructurales que enfrenta la nación peruana en este nuevo ciclo político.

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