Hacer ejercicio al aire libre es cada vez más popular, pero las bajas temperaturas del invierno pueden suponer un desafío y un riesgo para la salud. Según expertos, el frío provoca cambios fisiológicos en el organismo que afectan al rendimiento y aumentan las posibilidades de lesión.
La vasoconstricción, es decir, el estrechamiento de los vasos sanguíneos, es uno de los principales efectos del frío sobre el cuerpo. Esto tiene como objetivo conservar el calor corporal, pero a su vez incrementa la frecuencia cardíaca y el consumo de oxígeno, lo que puede reducir el rendimiento físico.
"En situaciones de frío, el organismo trabaja para compensar la pérdida de calor y mantener una temperatura adecuada, por lo que la frecuencia cardíaca aumenta en términos generales", explica Gonzalo Correa, presidente de la Sociedad Española de Medicina del Deporte (Semed-Femede).
Además, el frío provoca que los músculos se contraigan y pierdan elasticidad, lo que aumenta el riesgo de lesiones musculoesqueléticas. "El tendón también se estresa más y puede influir en mayor índice de lesiones", advierte Correa.
Para evitar estos problemas, los expertos recomiendan una adecuada preparación antes de entrenar al aire libre en invierno. Esto incluye un calentamiento previo eficaz para aumentar la movilidad articular y la frecuencia cardíaca, así como una correcta hidratación, ya que la sensación de sed disminuye con el frío.
Asimismo, se debe prestar especial atención a los síntomas como espasmos musculares, dificultad para respirar o mareos, que pueden indicar problemas derivados del frío. Correa advierte que el ejercicio en estas condiciones puede representar un peligro para ciertos grupos, como personas que han sufrido un infarto o padecen asma.
En definitiva, entrenar al aire libre en invierno es posible, pero requiere de una preparación adecuada y precaución para evitar lesiones y problemas de salud. Seguir las recomendaciones de los expertos es clave para disfrutar del ejercicio sin riesgos.











