El desarrollo económico de Argentina suele analizarse desde una perspectiva centralista, donde la actividad parece concentrarse en la capital y sus alrededores. Sin embargo, la realidad productiva del país demuestra que el verdadero motor económico late con fuerza en las provincias. Esta premisa fue el eje central de la Experiencia Endeavor NOA, desarrollada en Jujuy, donde tres referentes empresariales compartieron las trayectorias de sus compañías, las cuales lograron escalar sus operaciones y expandirse internacionalmente sin haber nacido en los centros financieros ni cerca de los puertos.
Las historias de Grupo Andreani, Porta y San Miguel sirven como testimonio del potencial del interior. Cada una de estas empresas enfrentó desafíos geográficos y operativos, transformando sus limitaciones iniciales en ventajas competitivas a través de la innovación y la adaptación.
El caso de Grupo Andreani ejemplifica la transición hacia la autonomía tecnológica. Originaria de Casilda, Santa Fe, la empresa comenzó con un modelo sencillo de reparto de encomiendas puerta a puerta a nivel local. Con el tiempo, expandió su alcance a todo el territorio nacional y a países vecinos. No obstante, el punto de inflexión ocurrió hace veinte años, cuando la compañía decidió desarrollar su propia tecnología.
Verónica Andreani, quien inició su carrera en la firma como analista de sistemas junior y hoy es parte del directorio y líder de la unidad de última milla HOP, explicó que esta decisión fue impulsada por la falta de sistemas logísticos en el mercado que pudieran cubrir las demandas operativas específicas de Argentina. Esta apuesta resultó en una estructura tecnológica masiva que hoy cuenta con más de 500 programadores y registra más de 30.000 horas mensuales de desarrollo, implementando herramientas como aplicaciones dinámicas para transportistas y sistemas de autogestión mediante códigos QR. Para Andreani, la tecnología ha dejado de ser un accesorio para convertirse en una condición necesaria para competir en el sector logístico.
Por otro lado, desde Tucumán, la empresa San Miguel ha logrado posicionarse como un actor global en el procesamiento industrial del limón. Su modelo de negocio se basa en el aprovechamiento integral del fruto, extrayendo aceite, jugo y cáscara para abastecer a las industrias de fragancias, alimentos y bebidas. Agustín Otero Monsegur, accionista y director de la compañía, señaló que, dado que exportan más del 95% de su producción, su competencia es el mercado mundial.
La innovación en San Miguel no ocurre únicamente de forma interna, sino a través de alianzas estratégicas con grandes compañías internacionales. Sus equipos científicos trabajan conjuntamente con estas firmas para desarrollar soluciones vinculadas a la salud digestiva, prebióticos e ingredientes naturales, demostrando que una producción regional puede ser el punto de partida para un negocio de escala global.
La trayectoria de la empresa cordobesa Porta, con 144 años de historia, representa un caso paradigmático de reconversión. Fundada en 1882 como una fábrica de licores, la compañía debió pivotar su modelo de negocios cuando los hábitos de consumo de la población cambiaron. José Porta, presidente de la firma, recordó que su padre impulsó la búsqueda de nuevos negocios, lo que llevó a la empresa hacia la economía circular.
Actualmente, Porta procesa maíz y soja aprovechando la totalidad del grano, incursionando en biocombustibles y creando la primera planta nacional de proteínas concentradas e aisladas de arveja, maní y soja. Sus marcas, como Casalta y Bialcohol, están presentes en industrias que van desde la alimentaria hasta la de perfumes. Un punto clave fue la visión sobre la ubicación geográfica: Porta sostiene que estar lejos del puerto es una ventaja, ya que permite transformar la materia prima en el origen. Al procesar el producto antes de trasladarlo, se reduce el volumen de carga, haciendo que el impacto del flete en los costos baje del 20-25% a un rango del 4-5%.
En cuanto al capital humano, los tres empresarios coincidieron en que el perfil del talento buscado ha evolucionado. Si bien los títulos académicos mantienen su valor, la actitud y la capacidad de aprendizaje continuo son ahora prioritarias. José Porta sintetizó esta visión con la frase "actitud mata currículum", destacando la importancia de saber convivir con el fracaso y cuestionar los procesos. Por su parte, Verónica Andreani resaltó la importancia de premiar la innovación interna, mientras que Agustín Otero Monsegur subrayó la necesidad de una flexibilidad constante para adaptarse a la velocidad de los cambios tecnológicos.
Finalmente, el encuentro abordó las condiciones necesarias para el crecimiento empresarial en Argentina. Aunque reconocieron la resiliencia del emprendedor local, advirtieron que esta capacidad de superación no debe ser la estrategia de país, sino que es fundamental contar con reglas claras y previsibles. Verónica Andreani enfatizó que los gobernantes deben trabajar para "dejar la cancha pareja". A pesar de esto, José Porta cerró con una mirada optimista, manifestando que el actual interés en el país es prometedor para quienes se animan a construir e invertir a largo plazo.






