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Más allá del puerto: El motor productivo del interior que impulsa la economía argentina

Referentes de compañías nacidas en Casilda, Córdoba y Tucumán contaron cómo lograron expandirse sin perder el vínculo con sus raíces. Innovación, visión de largo plazo y desarrollo de productos con valor agregado fueron algunos de los ejes de sus experiencias.

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Más allá del puerto: El motor productivo del interior que impulsa la economía argentina

El desarrollo económico de la Argentina suele quedar eclipsado por la mirada centralista concentrada en la capital. Sin embargo, el verdadero motor productivo del país late con fuerza en sus provincias. Esta realidad fue el eje central de la Experiencia Endeavor NOA, llevada a cabo en Jujuy, donde tres líderes empresariales expusieron cómo sus compañías lograron crecer y expandirse globalmente sin haber iniciado sus operaciones cerca del puerto ni en el corazón del centro financiero porteño.

Las trayectorias de Andreani, Porta y San Miguel sirven como testimonio del potencial productivo del interior. Estas empresas, nacidas en Santa Fe, Córdoba y Tucumán respectivamente, demuestran que la ubicación geográfica no es un impedimento para la competitividad internacional, sino que puede transformarse en una ventaja estratégica si se acompaña de innovación y visión a largo plazo.

El caso de Grupo Andreani es un ejemplo claro de transformación tecnológica. La compañía nació en la localidad de Casilda, provincia de Santa Fe, con un modelo basado en el reparto de encomiendas puerta a puerta para envíos locales. Con el tiempo, la empresa logró expandir su operación a todo el territorio nacional y a países limítrofes. No obstante, el punto de inflexión más significativo ocurrió hace dos décadas, cuando la firma decidió desarrollar su propia tecnología.

Verónica Andreani, quien se integró a la empresa hace casi 30 años como analista de sistemas junior y actualmente lidera la unidad de última milla HOP y forma parte del directorio, explicó que la decisión surgió al notar que no existía en el mercado un sistema logístico capaz de cubrir las demandas operativas específicas de Argentina. Esta apuesta resultó en una estructura tecnológica de gran escala que hoy cuenta con más de 500 programadores y registra más de 30.000 horas mensuales de desarrollo, implementando herramientas como aplicaciones dinámicas para transportistas y puntos de autogestión mediante códigos QR. Para Andreani, en la actualidad, la tecnología ya no es un elemento accesorio o un lujo, sino una condición necesaria para poder competir en el sector logístico.

Desde Tucumán, la empresa San Miguel ha trazado un camino diferente, transformando una producción regional en un negocio de alcance global. La compañía se ha consolidado como uno de los principales actores internacionales en el procesamiento industrial del limón, implementando un modelo de aprovechamiento integral del fruto para obtener aceite, jugo y cáscara. Estos insumos son destinados a industrias globales de fragancias, alimentos y bebidas.

Agustín Otero Monsegur, accionista y director de San Miguel, señaló que el hecho de exportar más del 95% de su producción obliga a la empresa a mirar permanentemente hacia el mundo para mantenerse relevante ante sus clientes globales. En este sentido, la innovación de la firma tucumana no solo ocurre en sus propios laboratorios, sino también a través de alianzas con grandes compañías internacionales para desarrollar ingredientes naturales, prebióticos y soluciones orientadas a la salud digestiva.

Por su parte, la empresa cordobesa Porta, con 144 años de trayectoria, representa un caso emblemático de reconversión empresarial. Fundada en 1882 como una fábrica de licores, la compañía debió pivotar su modelo de negocio cuando los hábitos de consumo de la población cambiaron y el interés por los licores disminuyó. Bajo la dirección de José Porta, la empresa se volcó hacia la economía circular, procesando maíz y soja para aprovechar el 100% del grano.

Esta transición llevó a Porta a incursionar en los biocombustibles y a desarrollar tecnología propia para el procesamiento de granos en colaboración con universidades. Asimismo, crearon la primera planta del país dedicada a proteínas concentradas e aisladas de arveja, maní y soja. Sus marcas, como Casalta y Bialcohol, hoy están presentes en industrias que van desde la alimenticia hasta la de perfumes. Un punto disruptivo de su visión es la percepción de la distancia geográfica: José Porta sostiene que estar lejos del puerto es una ventaja, ya que permite transformar la materia prima en el origen. Al convertir toneladas de granos en kilos o gramos de producto procesado, el impacto del flete en los costos se reduce drásticamente, pasando de una incidencia del 20% o 25% a tan solo un 4% o 5%.

Más allá de los modelos de negocio, los tres empresarios coincidieron en que el perfil del talento humano está evolucionando. Si bien los títulos académicos mantienen su valor, la capacidad de adaptación, el cuestionamiento de los procesos y la actitud proactiva han ganado terreno. Verónica Andreani destacó la importancia de colaboradores que propongan cambios, implementando un programa que premia anualmente las ideas más innovadoras de sus empleados. José Porta fue tajante al afirmar que "la actitud mata el currículum", subrayando la importancia de aprender a convivir con el fracaso y profundizar en las causas de los problemas. Por su parte, Otero Monsegur enfatizó la necesidad de un aprendizaje permanente y la flexibilidad ante la velocidad de los cambios tecnológicos.

Finalmente, el encuentro abordó las condiciones necesarias para el desarrollo empresarial en el país. Aunque reconocieron la resiliencia del emprendedor argentino, advirtieron que esta no debe ser la estrategia de país, sino que el Estado debe trabajar en brindar reglas claras y previsibles. En un cierre optimista, José Porta manifestó su entusiasmo por el hecho de que Argentina vuelva a generar interés, señalando que cuando existe un sentido de pertenencia y deseo de construir en el lugar donde se está, se generan las condiciones para invertir y proyectar un futuro prometedor.

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