La Asociación de Bancos Privados de Bolivia (Asoban) ha manifestado su postura respecto a la necesidad de que la apertura financiera en el país avance de manera paralela al nuevo régimen cambiario implementado. Según la entidad gremial, es fundamental que la actividad económica se abra a mayores libertades y que se eliminen diversas restricciones en el ámbito financiero para fomentar la estabilidad y la eficiencia del sistema.
En este contexto, Asoban ha expresado su expectativa de que el reciente acuerdo alcanzado entre el Estado boliviano y el Fondo Monetario Internacional (FMI) siente las bases para una mayor libertad en el sistema financiero. Uno de los puntos centrales de esta solicitud es la posible flexibilización de las tasas de interés, un aspecto que actualmente se encuentra bajo un estricto control gubernamental.
Nelson Villalobos, secretario ejecutivo de Asoban, ha recordado que la actividad bancaria en Bolivia opera bajo un marco de alta regulación. Según explicó el ejecutivo, es competencia directa del Ministerio de Economía y Finanzas Públicas la tarea de establecer los límites para las tasas activas y pasivas. Villalobos subrayó que esta facultad regulatoria no es solo administrativa, sino que tiene un respaldo legal profundo, ya que incluso a partir de la propia Constitución Política del Estado se establece que el Ministerio de Economía y Finanzas debe regular dichas tasas.
Para comprender el impacto de esta medida, es necesario precisar que la regulación vigente define estrictamente cuánto pueden cobrar las entidades financieras por determinados créditos (tasas activas) y cuánto deben pagar a los clientes por sus depósitos (tasas pasivas). Desde la perspectiva de la banca, una eventual flexibilización permitiría que las entidades tengan la libertad de establecer estos valores basándose en criterios técnicos y económicos, tales como el riesgo del cliente, los costos operativos y las condiciones reales del mercado.
El secretario ejecutivo de Asoban vinculó estas aspiraciones con el programa negociado con el FMI, señalando que dicho acuerdo contempla diversas líneas de ajuste. En ese sentido, consideró que entre estas medidas podría incluirse la liberalización de las tasas de interés, lo cual considera vital para el desarrollo del mercado financiero boliviano desde un enfoque económico.
Asimismo, Villalobos relacionó esta necesidad de apertura con el cambio en la política monetaria del país. El ejecutivo destacó que, así como Bolivia ya ha transitado de un régimen cambiario fijo a un régimen flexible, es coherente que la actividad económica general siga ese camino hacia mayores libertades económicas, lo que implicaría la flexibilización de todo tipo de restricciones financieras.
Por otro lado, el sector bancario ha abordado la situación de las divisas. El programa actual permite que los ahorristas recuperen de forma gradual los dólares que mantienen depositados en el sistema financiero. Para hacer esto posible, el Banco Central de Bolivia (BCB) entrega efectivo a las entidades bancarias, permitiéndoles restituir estos recursos a sus propietarios siguiendo un cronograma establecido que se extenderá hasta el año 2028. Asoban destaca que esta devolución gradual de los depósitos en dólares constituye una señal importante para la recuperación de la confianza de los usuarios.
No obstante, Nelson Villalobos fue enfático al aclarar que la devolución de depósitos no debe confundirse con la normalización de la venta de dólares al público. Existen dos operaciones distintas: por un lado, la restitución de divisas que ya pertenecían al cliente y estaban depositadas en su cuenta; y por otro, la venta de dólares a personas que buscan comprarlos. Para este segundo caso, los bancos requieren de una oferta adicional de divisas que, hasta la fecha, no se ha normalizado.
En relación a los 35 millones de dólares ofertados recientemente por el BCB, Villalobos aclaró que este monto no modifica la situación de las ventanillas bancarias. Explicó que estos recursos fueron adjudicados parcialmente al sistema financiero mediante cuentas en el exterior y que su destino principal son las importaciones, las operaciones empresariales y las transferencias internacionales. Por lo tanto, estos fondos no representan dólares en efectivo que se entreguen a los bancos para su venta al público.
En conclusión, la situación actual presenta un escenario dual: mientras que los ahorristas pueden recuperar sus depósitos dentro de los límites y plazos fijados, las personas que desean comprar dólares siguen sin encontrar una oferta regular en las ventanillas de las entidades bancarias. La devolución de los recursos avanza, pero la venta al público general continúa sin normalizarse.





