Las principales compañías de calzado en Argentina están llevando a cabo una transformación profunda en su modelo de negocios. El objetivo central es reducir la dependencia de la fabricación nacional y dejar atrás la etiqueta de "made in Argentina" para ampliar el abastecimiento mediante productos importados. Este giro estratégico no implica el cierre de las empresas en su totalidad, ya que las marcas mantienen sus canales comerciales, sus centros de distribución y sus cadenas de locales minoristas, pero eliminan o reducen drásticamente el eslabón industrial.
Este fenómeno quedó detallado en un reciente informe sobre calzado y cuero difundido por la consultora IES Consultores. El documento sostiene expresamente que las empresas líderes están migrando hacia la importación, mientras que la fabricación local comienza a quedar concentrada exclusivamente en nichos de diseño y la producción de series cortas. Esta reconversión se produce en un contexto de fuerte retroceso del mercado industrial: durante el primer semestre de 2026, la producción nacional cayó un 23,3% interanual, situándose en 34,5 millones de pares.
El impacto es particularmente visible en el segmento deportivo, donde la fabricación alcanzó los 13 millones de pares, lo que representa una disminución del 13,3% en comparación con el mismo periodo del año anterior. En términos generales, el índice de producción industrial del sector acumuló una baja interanual del 23,7%. Ante este escenario, IES proyecta que durante todo el año se fabricarán aproximadamente 80 millones de pares, una caída cercana al 12% respecto al ejercicio previo.
La consultora anticipa que esta "depuración empresaria" se mantendrá mientras persista la brecha de costos entre producir dentro de Argentina y abastecer el mercado desde centros productivos en Brasil o Asia. Se trata de un cambio de paradigma donde compañías que antes integraban la producción, importación, distribución y venta, ahora descartan la fase industrial para concentrarse en las tres últimas actividades.
La contracción industrial ha ido acompañada de una caída en el mercado interno. El consumo aparente —definido como la producción local más las importaciones, menos las exportaciones— alcanzó los 47,6 millones de pares en el primer semestre, una caída del 25,1% frente al primer semestre de 2025. En términos individuales, el consumo por habitante quedó en un equivalente anualizado de 1,99 pares, reflejando una caída interanual del 25,9%.
Curiosamente, las ventas minoristas mostraron una tendencia distinta. Las operaciones de calzado, marroquinería y textiles aumentaron un 1,2% interanual en términos reales durante los primeros cinco meses del año, con un crecimiento del 13,9% solo en mayo. Sin embargo, el informe de IES interpreta que esto no es una señal de recuperación industrial, sino que los comercios vendieron mercadería que ya tenían disponible en stock sin realizar una reposición equivalente de existencias. Por lo tanto, este repunte en las ventas no se ha traducido en nuevos pedidos para las fábricas argentinas.
En cuanto a las importaciones, aunque cayeron un 32,9% en dólares y un 29% en cantidad de pares durante el primer semestre, esto se debe a que en 2025 se habían alcanzado niveles récord. A pesar de esta corrección, el calzado importado representa hoy el 27,7% del consumo interno, cifra significativamente superior al promedio del 22,7% registrado entre 2016 y 2019. IES proyecta que las importaciones se estabilizarán alrededor del 28% del consumo aparente.
El origen de estos productos está altamente concentrado en Asia: Vietnam aportó el 30,5% de los pares importados e Indonesia el 29,8%, sumando más del 60% del volumen ingresado. Pese a la baja interanual, el sector cerró la primera mitad del año con un déficit externo de 293,5 millones de dólares.
Casos concretos ilustran este cambio. El Grupo Dass, vinculado a marcas como Nike, Adidas, Fila, Umbro y Asics, cerró su planta de Coronel Suárez y, posteriormente, en julio pasado, cerró su establecimiento en Eldorado, Misiones, que tenía capacidad para 2,5 millones de pares anuales. La empresa mantuvo su logística y comercio en el país, pero ahora importa los productos fabricados en Paraguay. En una línea similar, la marca John Foos dejó de fabricar en su planta de Beccar, aunque sigue presente en el mercado mediante calzado importado.
Por otro lado, Grimoldi representa una variante híbrida. El mayor fabricante del país conserva su planta en Arroyo Seco, Santa Fe, combinando la producción nacional con la importación y representación de marcas internacionales.
Este proceso afecta no solo a las plantas ensambladoras, sino a toda la cadena de valor, incluyendo fabricantes de suelas, talleres tercerizados y proveedores de cuero y sintéticos. Ante esto, Federico Zerba, jefe sectorial de IES Consultores, afirmó que el sector atraviesa una "depuración estructural" donde la apertura comercial redefine el abastecimiento, haciendo que importar el producto terminado sea más conveniente que sostener la estructura fabril local. Finalmente, el informe destaca que el calzado se abarató relativamente: mientras la inflación general fue del 32,6% en junio, el calzado aumentó solo un 14%, lo que favoreció al consumidor pero presionó la rentabilidad de las fábricas locales.






