Un análisis exhaustivo de más de 6.100 cirugías realizadas entre los años 2017 y 2025 ha revelado una transformación significativa en las prioridades estéticas de los pacientes en Chile. Los datos, proporcionados por la Clínica Terré, indican que el interés por las intervenciones quirúrgicas ya no se rige únicamente por la edad o por modas pasajeras, sino que evoluciona conforme las personas atraviesan distintas etapas de la vida, buscando resolver preocupaciones específicas que surgen en cada ciclo.
El estudio demuestra que existe un rango etario predominante para prácticamente cada procedimiento. Uno de los hallazgos más relevantes es la modificación en el perfil demográfico de quienes acuden al pabellón: en la última década, la edad promedio de los pacientes disminuyó de los 50 a los 46 años. Este descenso en el promedio etario ha sido impulsado principalmente por dos factores: el crecimiento exponencial de los implantes capilares y una participación cada vez más activa y temprana del público masculino.
Fernando Terré, director médico de Clínica Terré, explica que se ha producido un cambio profundo en la concepción de la cirugía estética. Según el especialista, los pacientes ya no buscan transformaciones radicales, sino que optan por soluciones específicas para las inquietudes que emergen en cada etapa vital. Este nuevo enfoque se caracteriza por una planificación mucho más rigurosa y una búsqueda constante de resultados naturales.
En las primeras etapas de consulta, las prioridades suelen centrarse en la imagen corporal. En este periodo, predominan las intervenciones destinadas a corregir características físicas presentes desde hace tiempo o a mejorar el contorno del cuerpo. El estudio destaca que la ginecomastia es el procedimiento con la edad promedio más baja de toda la muestra, registrando pacientes de 37 años. Por su parte, la lipoescultura comienza a ganar fuerza a partir de los 43 años.
Un dato revelador sobre la evolución de las tendencias es la caída estrepitosa de la bichectomía. Este procedimiento, que hace algunos años experimentó un auge impulsado por las redes sociales, ha desaparecido prácticamente del mapa quirúrgico, registrando una caída del 94% en la última década. Este fenómeno refleja un giro hacia resultados más armónicos y naturales, alejándose de los cánones impuestos por tendencias efímeras. Al respecto, Terré señala que los pacientes actuales están mucho más informados y privilegian intervenciones que respeten la anatomía individual y que permitan envejecer correctamente.
La cuarta década de vida marca uno de los cambios más evidentes según el análisis. Con la aparición de los primeros signos de alopecia, el implante capilar se ha consolidado como el procedimiento estrella, con una edad promedio de 45 años. Esta intervención representa cerca de un tercio de todas las cirugías realizadas en la muestra y es solicitada casi en su totalidad por hombres.
En este mismo rango etario también se concentran las cirugías mamarias y la lipoescultura. Sobre esta última, el estudio rompe mitos establecidos al revelar que el 55% de quienes se someten a una lipoescultura son hombres. El director médico subraya que la percepción de la cirugía estética como algo principalmente femenino ha cambiado; hoy los hombres consultan más temprano y con total naturalidad, buscando "verse mejor" sin que sea evidente que han sido operados.
A partir de los 50 años, el enfoque se desplaza desde la modificación corporal hacia el acompañamiento de los cambios propios del envejecimiento. En esta etapa, predominan los procedimientos faciales de menor magnitud, con una edad promedio de 52 años. Asimismo, se incrementa la frecuencia de la lipoabdominoplastia, con un promedio de 54 años, y el uso de hilos tensores, cuyos pacientes tienen una edad media de 57 años. El objetivo principal en esta fase es prevenir un envejecimiento marcado y mantener la naturalidad.
Finalmente, al superar los 60 años, la preocupación principal se traslada definitivamente al rostro. La blefaroplastia alcanza una edad promedio de 60 años, mientras que el lifting facial llega a los 64, posicionándose como el procedimiento asociado a los pacientes de mayor edad. En este grupo, la motivación no es el cambio radical, sino el deseo de verse descansados, recuperar la expresión facial y mantener una apariencia coherente con su estado interno.
En conclusión, el estudio confirma que la cirugía estética en Chile está evolucionando hacia decisiones más planificadas y personalizadas. Se ha transitado desde un modelo basado en tendencias puntuales hacia una relación más preventiva y menos reactiva con la medicina estética, donde cada década de vida define nuevos objetivos y prioridades.


