El sentimiento de los mercados financieros ha experimentado una notable mejoría al inicio de esta semana, impulsado principalmente por la suspensión de las hostilidades entre Estados Unidos e Irán. Esta desescalada ha permitido que los inversores reduzcan la prima de riesgo geopolítica que se había descontado en las últimas semanas, desplazando nuevamente el foco de atención hacia los fundamentos económicos y la agenda de los bancos centrales.
El catalizador fundamental de este cambio de tendencia ha sido la pausa en las operaciones militares entre Washington y Teherán. Responsables estadounidenses han reconocido que la suspensión de los bombardeos tiene como objetivo abrir un espacio para la vía diplomática. Por su parte, el presidente Donald Trump ha confirmado que las conversaciones con Irán continúan, calificando las negociaciones como "positivas", aunque ha mantenido una advertencia clara: Estados Unidos retomará las operaciones militares si no se logra alcanzar un acuerdo satisfactorio.
Desde la perspectiva de Teherán, el discurso presenta matices distintos. El Gobierno iraní ha negado la existencia de negociaciones directas con Washington, aunque ha admitido mantener contactos con Omán, país que está actuando como mediador para establecer mecanismos que garanticen la seguridad del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz. Irán ha asegurado que mantendrá la suspensión de sus represalias siempre y cuando Estados Unidos prolongue la pausa militar. No obstante, la normalización total es aún lejana, ya que el estrecho de Ormuz opera muy por debajo de su capacidad habitual y no se registran avances significativos en las negociaciones sobre el programa nuclear iraní, lo que mantiene latente el riesgo de nuevas interrupciones en el suministro energético.
Esta mejora en la percepción del riesgo se ha traducido en una fuerte corrección de las materias primas energéticas. El petróleo Brent cotiza actualmente en torno a los 88 dólares por barril y el WTI cerca de los 82 dólares, acumulando caídas aproximadas del 15% y 12%, respectivamente, desde los máximos de la semana pasada. En sintonía, el gas natural europeo también ha retrocedido, situándose el contrato de septiembre del TTF alrededor de los 58 €/MWh.
En Europa, la caída del crudo impulsó el apetito por el riesgo, permitiendo que el DAX alemán liderara las subidas con un avance cercano al 1%, mientras que el Ibex 35 ganó aproximadamente un 0,8%. Sin embargo, en Estados Unidos el comportamiento fue desigual. El Dow Jones cerró con ganancias, pero el S&P 500 terminó prácticamente plano y el Nasdaq 100 retrocedió ligeramente, lastrado por una toma de beneficios en el sector de los semiconductores.
Compañías como Nvidia, ASML, Sandisk y Seagate registraron caídas importantes tras las fuertes subidas de semanas previas. Este movimiento respondió, en parte, a la recogida de beneficios antes de la publicación de resultados corporativos, pero también a un informe que señala que China habría comenzado la producción de máquinas de litografía DUV. El mercado interpreta este avance como un paso hacia la creación de una cadena de suministro propia de semiconductores en China. Como resultado de la caída de Nvidia, Apple ha recuperado su posición como la empresa de mayor capitalización bursátil del mundo.
El castigo al sector de los chips se extendió con fuerza a Asia. El índice surcoreano KOSPI se desplomó más de un 10%, afectado por caídas en Samsung (-13,2%) y SK Hynix (-7,5%). En Japón, el Nikkei 225 cedió un 4,3%, penalizado por empresas ligadas a la cadena de suministro de chips y fabricantes de equipos de litografía como Nikon y Canon. En China, el Shanghai Composite retrocedió un 1,3%, mientras que el Hang Seng logró mantenerse ligeramente en positivo.
De cara a los próximos días, la atención se centrará en la política monetaria. La Reserva Federal, el Banco de Inglaterra y el Banco de Japón celebrarán sus reuniones esta semana. Aunque el consenso no prevé cambios en los tipos de interés, se espera un tono prudente que deje abierta la puerta a futuras subidas si la inflación no se modera. Asimismo, se publicarán datos de inflación en Europa y Estados Unidos, destacando el índice PCE, la medida preferida por la Reserva Federal.
En cuanto a otros indicadores, los metales preciosos muestran volatilidad; el oro cotiza cerca de los 4.045 dólares por onza y la plata alrededor de los 57,2 dólares, reflejando una menor demanda de activos refugio. En el plano macroeconómico, Alemania sorprendió positivamente con el índice Ifo de confianza empresarial, sugiriendo una recuperación gradual de su actividad industrial. En Estados Unidos, aunque los pedidos de bienes duraderos crecieron un 0,3% mensual (por debajo de lo previsto), la inversión en inteligencia artificial sigue siendo un motor fuerte, con un aumento del 3,1% en los pedidos de ordenadores y equipos electrónicos.


