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Tensión global por el petróleo y bloqueo político en España: el desafío de Sánchez y Trump

Washington y Madrid se parecen poco. Una es una ciudad pequeña, pero la capital del mundo, donde un incalificable presidente está jugando con el futuro de todos nosotros. La otra es una gran ciudad, capital de un país medio de Europa, y donde la gran crispación amenaza a los españoles. No es poco.

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Tensión global por el petróleo y bloqueo político en España: el desafío de Sánchez y Trump
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La tensión geopolítica entre Estados Unidos e Irán ha disparado el precio del petróleo por encima de los 100 dólares, amenazando la economía global con una inflación persistente y el aumento de los tipos de interés. Este escenario ha encarecido la deuda soberana en Occidente, afectando especialmente a potencias como Francia y Reino Unido, mientras el mundo observa con incertidumbre la volatilidad de las políticas de Donald Trump. En España, el panorama es contradictorio: aunque el país muestra una mayor resiliencia financiera que sus vecinos europeos, se enfrenta a un bloqueo político crítico. El Gobierno de Pedro Sánchez opera sin presupuestos y depende de pactos frágiles con fuerzas regionales para sobrevivir, en un contexto de inestabilidad interna que podría comprometer la paz social ante un declive económico mundial.

El escenario actual presenta un contraste marcado entre Washington y Madrid. Mientras la primera se define como una ciudad pequeña que actúa como la capital del mundo, donde las decisiones de un presidente cuestionable afectan el futuro global, la segunda se posiciona como una gran ciudad, capital de un país europeo medio, enfrentando una fuerte crispación interna que amenaza la estabilidad de los españoles.

En el ámbito internacional, la situación se ha recrudecido tras los intentos fallidos de negociación entre Estados Unidos e Irán. Donald Trump ha retomado políticas agresivas, implementando tarifas arancelarias que desafían incluso al Supremo de su propio país. Sin embargo, el punto más crítico es la persistencia del cierre del estrecho de Ormuz. A pesar de la intención de Trump de intimidar a Irán, la respuesta de los ayatolás ha sido la escalada de hostilidades. A esto se suma la amenaza de los hutíes, aliados de Teherán, quienes advierten con cerrar el paso al petróleo saudí en la desembocadura del mar Rojo, una ruta que hasta ahora había servido como alternativa al cierre de Ormuz.

Estas tensiones geopolíticas han tenido un impacto directo e inmediato en los mercados energéticos. El precio del petróleo ha superado nuevamente la barrera de los 100 dólares, habiendo bajado previamente a los 70 dólares durante la tregua, tras haber alcanzado un pico de 125 dólares al inicio del conflicto. Este repunte ha ensombrecido las expectativas económicas globales. Si bien la crisis de mayo y junio no alcanzó niveles máximos gracias a la liberación de reservas petroleras y la percepción de un posible acuerdo, el panorama actual es más desalentador. Las reservas no son infinitas y se prevé una posible escasez para el otoño, coincidiendo con un disparo en el precio del gas natural.

La preocupación central reside en la inflación, que se sitúa más cerca del 4% que del objetivo del 2% fijado por los bancos centrales. De no controlarse, esto obligaría a subir los tipos de interés, agravando la situación de una economía europea que ya se encuentra estancada. En Estados Unidos, el precio del galón de gasolina ha vuelto a superar los 4 dólares, un factor que complica tanto el equilibrio emocional de Trump como sus perspectivas para las elecciones de noviembre.

El impacto financiero se extiende a la deuda soberana. El bono americano a diez años ha ascendido del 4% previo a la guerra al 4,70%. En Europa, la tendencia es similar: el bono alemán bordea el 3,20%, su nivel más alto desde 2011. Francia y Gran Bretaña enfrentan situaciones más complicadas, con el bono francés al 4% —una cifra peor que la de Grecia— y el británico al 5%, lo que limita severamente la capacidad de gasto social del nuevo primer ministro del Labour.

En España, la situación económica presenta un matiz distinto. Gracias a un mayor crecimiento, el bono a diez años se mantiene en el 3,65%, significativamente por debajo del 5% británico, a pesar de que ambos países comparten un nivel de deuda sobre el PIB similar, del 102%. No obstante, el país enfrenta un grave bloqueo político. El Gobierno carece de mayoría y recientemente perdió por segunda vez la votación del techo de gasto, fundamental para los presupuestos, en un voto donde coincidieron el PP, Junts y Vox. Esta situación plantea la posibilidad de transcurrir toda una legislatura sin presupuestos, aunque el PP tampoco puede ejecutar una moción de censura debido a la incompatibilidad entre Vox y Junts.

A nivel institucional, el caso Zapatero ha afectado la confianza y el crédito del socialismo. Pese a ello, Pedro Sánchez ha mantenido una agenda intensa y una resistencia política notable. En pocos días, el presidente se ha desplazado desde Nueva York para la copa del mundo hasta Argel, regresando a Madrid para recibir a la Selección y visitando Valencia para la firma de un acuerdo entre Ford y un fabricante chino destinado a revitalizar Almussafes. Simultáneamente, el entorno judicial ha estado marcado por la decisión del juez Peinado de retener el pasaporte de Begoña.

En los últimos días, Sánchez logró sacar adelante dos votaciones clave. Con el apoyo de Junts y la abstención del PP, se aprobó la prórroga de las ayudas ante la crisis. Asimismo, contó con el voto de Junts para la quita de la deuda autonómica por valor de 83.000 millones de euros, beneficiando principalmente a Andalucía, Cataluña, Valencia y Madrid. Este movimiento podría abrir la puerta a un nuevo modelo de financiación autonómica que obligue a Puigdemont a definirse. Sin embargo, el decreto de alquileres sigue siendo un desafío, ya que requeriría un acuerdo improbable entre Junts, el PNV y Podemos.

El futuro a corto plazo es incierto. Sin presupuestos para 2027 y con una economía mundial en declive, España podría ver amenazada su paz social. Tanto Sánchez como Feijóo parecen ignorar la gravedad de la situación, aunque el texto subraya que, afortunadamente, ninguno de los dos leaderships se asemeja al estilo de Trump.

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